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Yo cuando iba por la calle giraba la cara para que no me vieran, porque en realidad sabía que no lo estaba haciendo bien. Sabía que dirían, "Hostia, mira este cómo está."
No, cuando estás consumiendo drogas, la gente que te conoce no dice, "Hostia, Luis, pobrecito, tiene una enfermedad, vamos a ayudarle." La gente dice, "Luis, está acabado." Sentía que yo cansaba a la sociedad. Es muy difícil que alguien que no ha pasado por esto lo pueda comprender, ¿no? Por esto yo no juzgo. Creo que en la cárcel hay más adictos que delincuentes. El castigo no es una solución para ayudar a los adictos. Yo siempre soy partidario de no poner la responsabilidad en el otro, ni en la sociedad, ni en el que vende las sustancias. Y yo si no me hubiera enganchado a la cocaína, me hubiera enganchado al sexo o al juego o a las compras. Conozco a miles de adictos en recuperación y en abstinencia. Y todos y cada uno de nosotros tenemos tan solo una cosa en común que hemos vivido antes de llegar a este programa terapéutico. ¿Sabes cuál es?
Bienvenidos, comunidad de adicciones al descubierto a este capítulo de hoy, donde vamos a hablar del estigma social y de cómo los medios de comunicación y la sociedad puede ver al adicto que aún está consumiendo y también a veces incluso al adicto que está en recuperación, quizás como alguien que no va a ser capaz de poderse recuperar. Mi frase en terapia de grupo el día que acepté que era un adicto y politoxicómano comenzaba de la siguiente manera. Me llamo Luis y soy un adicto. Empecemos.
[Música]
Luis, empecemos desde la parte más personal. ¿Cómo te trataba la sociedad cuando eras un adicto en activo?
Buenos días, Sabina. ¿Cómo me trataba la sociedad cuando era un adicto en activo? Cuando iba al médico, lo que yo veía en la cara del médico es que se sentía incapaz de poderme ayudar y que el propio médico pensaba que el hecho de ayudarme era inútil, porque al día siguiente o a la semana siguiente volvería a estar allí. Yo veía en la cara de los médicos cuando iba porque tenía ataques de pánico, cuando iba porque tenía el corazón a 1000 por hora y necesitaba que me pincharan siolíticos. Iba al médico y veía en su cara reflejada la imagen de alguien que no sabe cómo ayudarte. Incluso a veces me llegué a sentir despreciado en el en el sentido de que enfermeros o médicos me miraban de una manera como diciendo, "Oye, no vengas más porque cada vez que vienes te decimos que no te vuelvas a drogar, que te vas a morir, que te va a pasar algo y al día siguiente te vuelves a drogar y vuelves a estar aquí pidiéndonos medicación, que te pinchemos ansiolíticos con ataques de pánico."
Entonces, de alguna manera, yo lo que sentía era que yo cansaba a la sociedad porque no sabían cómo ayudarme, no podían ayudarme. Está mal cómo lo hacen. No lo creo, sinceramente, pero no lo creo de la misma manera que no podemos entender cómo ve la vida un invidente, porque la adicción es una enfermedad rara, es una enfermedad que creo que es muy difícil de comprender y seguramente si yo no hubiera estado en esa posición sería el primero de no comprenderla y de juzgar al que la está sufriendo. Esto es como cuando en la televisión vemos que ha habido un accidente de tráfico y ha muerto un señor conduciendo. En un momento dices, "Hostia, pobrecito." Pero no te afecta tu vida. Tú a la media hora sales al trabajo y sigues con tu vida sin que eso te afecte. Pues yo creo que la adicción sucede lo mismo. La adicción nadie cree que le va a afectar. Todos hemos creído en algún momento que eso es cosa de gente que no está integrada en la sociedad, que es gente de otro poder adquisitivo, que es gente de otro estatus social y que eso a nosotros no nos va a pasar y que siempre le va a pasar al vecino y que por lo tanto nosotros estamos protegidos de alguna manera y que no vamos a tener esta situación, ¿no? Entonces, no desarrollas la sensibilidad o el conocimiento de la enfermedad hasta que la tienes o hasta que tienes un familiar que está sufriéndola y que lo estás viendo de cerca. Entonces, ves la magnitud de este problema y es cuando te interesas. Pero nadie cree que esto le va a pasar. Eh, nadie cree que se va a convertir en un drogadicto o en un adicto también, un adicto a las pantallas, un adicto al sexo, un adicto a las compras, un adicto al juego. Entonces, es muy difícil que alguien que no ha pasado por esto lo pueda comprender, ¿no? Por esto yo no juzgo a esas personas que me trataban quizás de una manera que no podían hacerlo de otra manera, sino que creo que es el adicto el que va a tener que comprender que no le comprendan o que no le hayan comprendido como a él le gustaría o como él hubiera necesitado, porque es una enfermedad que quien no la ha pasado, quien no la ha vivido, no la comprende, porque el que te está diciendo lo que tienes que hacer, pero no ha estado en tu posición, no sabe cómo te sientes, no sabe lo que te cuesta.
El sentimiento más difícil de gestionar que yo tuve en ese momento no fue la vergüenza o la culpa de enfrentarme al estigma de que la gente supiera, sino la impotencia. La impotencia fue lo más frustrante para mí. esa impotencia de saber que me pasa algo, de por las noches irme a dormir prometiéndome que es la última vez que no voy a volver a drogarme, que me prometo que hoy es el último día, que mañana ya no me voy a drogar y mañana volver a hacerlo. Esa incoherencia, esa impotencia de decidir por la noche, hoy es el último día y mañana volver a drogarme es lo más doloroso que he vivido. Porque yo me prometía que quería dejar de drogarme. Quería dejar de drogarme. Sabía que no podía seguir así. Yo me iba a dormir por las noches con unas taquicardias que pensaba, "Es que cualquier día no me voy a despertar por la mañana, me van a encontrar aquí muerto." Y prometiéndome que iba a dejar de consumir y que iba a ser la última vez y al día siguiente volver a hacerlo. Esa incoherencia era algo tan frustrante y tan doloroso. Y esto el que no lo ha vivido no lo ha experimentado, no lo conoce. Entonces entiendo que el que no ha vivido esta enfermedad no pueda entenderlo. Aún así, ahora hablaremos de cosas que se podrían hacer y de sensibilización y de ir rompiendo el estigma y de prevención, pero creo que nadie cree que esto le va a pasar y es preocupante porque un 20% de los que nacen tienen vulnerabilidad genética desarrollar adicción. Primero era la heroína, después era el alcoholismo, después la cocaína y el cannabis, ahora son el juego y las pantallas, las sustancias o las conductas adictivas y la problemática va cambiando, pero el eje principal que sostiene la adicción, que no son las sustancias ni las conductas, sino la personalidad, sigue estando.
Claro, me veo muy reflejada en esto que dices, Luis, porque antes de conocerte, antes de trabajar en este proyecto, yo pensaba lo mismo, ¿no? Pensaba que los adictos eran sobre todo y y eso es lo que te iba a preguntar también, que cuál crees que es el mayor estigma que hay en la adicción, ¿no? Pero creo y y corrígeme si me equivoco, que es pensar que el adicto es una persona sin voluntad, que no se esfuerza por salir de la situación que tiene. y me he encontrado con profesionales que trabajan en centros de salud mental públicos que también creen eso. La diferencia entre el que está enfermo de adicción y el que no está enfermo es la capacidad de poner en práctica eso que decide. La voluntad es para los que no han desarrollado la enfermedad. Alguien dice, "Voy a dejar de consumir", deja de consumir. Alguien dice, "Mañana por la mañana voy a hacer deporte, puede salir a hacer deporte." Alguien se compromete el domingo a ir a una comida y llega a la hora a esa comida. Sin embargo, el adicto, el que ha desarrollado la enfermedad, es ese que se compromete, ese que también tiene la voluntad, ese que también se esfuerza, pero no puede. Hay una diferencia entre el que ha desarrollado adicción, el que es adicto, el que está enfermo. La Organización Mundial de la Salud lo define. La adicción es una enfermedad. Y el que no está enfermo, el que no está enfermo puede poner en práctica la voluntad. Tengo un deseo, tengo una voluntad y voy a hacer unas acciones para que eso se cumpla. El adicto tiene un deseo, tiene una voluntad y en el momento de hacer esas acciones no puede, hace otra cosa. Hay una incoherencia entre lo que decide y lo que hace. Por eso el adicto no es alguien que no quiera, el adicto es alguien que no puede. Y de ahí ese gancho que se llama ayuda para que pueda salir de ese pozo. Por eso necesita ayuda. Cuando tú no puedes hacer algo, tú pides ayuda. No solamente en adicciones. Cuando tú estás estudiando y hay algo que no entiendes, le pides ayuda a un compañero. Cuando estás en el trabajo y hay algo que que te supera, le pides ayuda a un compañero, le pides ayuda a tu jefe. Pues en adicciones, el que ha desarrollado adicción como lo que define a un adicto de una persona que no es adicta el hecho de poder, cuando uno no puede necesita ayuda.
¿Y cómo es posible que en el sector de la sanidad aún haya este desconocimiento? Y con esto no me estoy refiriendo que el problema sea de los profesionales individuales, ¿no?, sino del sistema en sí. ¿Cómo puede ser que este conocimiento sobre las adicciones que existe, que se divulga, que hay investigaciones científicas, aún no les haya llegado?
Vivimos en una sociedad savina que creemos que hay que saberlo todo y que el ser humano tiene el control de todo. Creemos que entre los científicos, los ingenieros, al final entre todos vamos a controlar el mundo y vamos a poder decidir cómo queremos que sean las cosas. Vamos a poder decidir si estamos enfermos, si no le estamos, cómo se supera una enfermedad y hay cosas que van bastante más allá. ¿Y por qué te digo esto? Pues porque conozco a más de 1000 adictos, Sabina. Conozco a más de 1000 adictos en recuperación a lo largo de toda la trayectoria que llevo en esto. Miles de adictos en recuperación y en abstinencia. Y todos y cada uno de nosotros tenemos tan solo una cosa en común que hemos vivido antes de llegar a este programa terapéutico. ¿Sabes cuál es? Todos los adictos en recuperación hemos ido al médico a pedir ayuda. Todos los adictos en recuperación hemos acudido a la psiquiatría a pedir ayuda. Todos los adictos en recuperación hemos acudido a la psicología a pedir ayuda. Y todos estos adictos en recuperación que vivimos abstinentes, en ninguna de esa estrés pudo mantener su abstinencia ni su recuperación. Sin embargo, todos compartiendo un mismo programa y siguiendo unos pasos y unos principios, siguiendo ese programa, hemos conseguido mantenernos abstinentes. Algunos llevan más de 40 años de abstinencia y todos seguimos los mismos principios, entendemos la enfermedad de la misma manera y seguimos las mismas pautas. ni en la psiquiatría, ni en la medicina, ni en la psicología de manera aislada, un adicto va a encontrar la respuesta. Un adicto va a encontrar la principal manera y herramientas de mantenerse abstinente en la terapia de grupo, en el contacto con otros adictos en recuperación, un grupo de recuperación profesionalizado y acompañado de un equipo de profesionales donde además de la terapia de grupo y de la comunidad que se crea de ayuda mutua, van a haber sesiones individuales de psiquiatría para los que necesitan medicación. Van a haber sesiones individuales de psicología para los que tienen una situación traumática, una experiencia vivida a la que no han podido ponerle palabras. Personas adictos que les cueste más expresar sus emociones, sus sentimientos, que tengan una mayor represión emocional. Van a tener la terapia individual. Otros van a tener las sesiones de quinoterapia, la terapia con caballos, porque es un espacio donde no se van a sentir juzgados. Otros van a tener las sesiones de mindfulness porque les van a ayudar a encontrar la calma. Otros van a hacer talleres de yoga. Todo eso van a ser complementos al tratamiento que le van a acompañar, lo van a hacer más enriquecedor y quizás también más llevadero. Pero en la terapia de grupo, en el contacto con otro adicto en recuperación es donde voy a encontrar el sentido. es donde por primera vez en una sociedad en la que nadie cree que yo me pueda recuperar, porque los médicos ya lo dijeron claro hace más de 40 años, el adicto es un caso perdido. Y esto lo vemos en la carta del médico que escribió Alcohólicos Anónimos hace más de 40 años, cuando los médicos daban por perdido a a los adictos y se dieron cuenta que por primera vez en grupos de ayuda mutua habían adictos que el hecho de que unos pudieran aprender de la experiencia de otros hacía que pudieran mantenerse en abstinencia. Y esto es ha sido el ensayo error durante muchos años, el hecho de que un adicto recaiga y otro se dé cuenta de cómo ha recaído y diga, "Hostia, pues yo donde ha caído esa persona ya no voy a caer." Pero quizás esa persona caiga en otro lado, pero otro diga, "Hostia, donde han caído estos dos, yo ya no voy a caer." Y esto se ha ido profesionalizando y el hecho de que durante muchos años muchos adictos en recuperación hayamos entrado en este programa ha hecho que a día de hoy, después de tantos años que lleva funcionando este las bases de este programa, porque el programa ha ido cambiando aquí en la clínica, por ejemplo, lo hemos modificado, creemos que a mejor han habido pues añadidos que se han ido incorporando herramientas terapéuticas como es la quinoterapia o el yoga o la meditación o el minfulness, pero las bases del tratamiento son las mismas, ¿no? Entonces, después de tantos años ya se sabe cuáles son esos hábitos, cuáles son esas conductas y cuáles son esas situaciones, esos enredos emocionales que hacen que un adicto recaiga. Por eso es tan difícil que alguien vaya a terapia, contrate un psicólogo y entre en una sesión de uno a uno y este pueda recuperarse, porque en esa terapia seguramente el psicólogo va a aprender más del adicto que el adicto del psicólogo. Entonces, en un grupo de terapia donde tú entras y no te sientes juzgado y donde encuentras adictos en recuperación que uno te dice que lleva un año de abstinencia, otro lleva 2 años, otro lleva tres, otro lleva cinco, otro lleva 10 años, otro lleva 30 años. Yo, claro, por primera vez pensé, [ __ ] yo no soy capaz ni de estar dos meses sin consumir. Llevo no sé cuántos años de terapia, he visitado no sé cuántos psiquiatras y a no sé cuántos médicos y ahora vengo aquí y por primera vez veo gente que lleva 10 años de abstinencia. Señores, decirme cómo lo hacéis, porque yo llevo 2 tr años entrando y saliendo de terapia y cada vez consumo más. Es que ya no se reduce el consumo, es que el adicto va a terapia, va al médico o va al psicólogo y consume más. Yo iba a terapia y consumía más. Pero, ¿cómo puede ser que después de un año de terapia consuma más? Y es porque seguramente en esa terapia, como el que la está dando no conoce la enfermedad porque no la ha vivido, se están tratando temas que no son el eje de la enfermedad, no son el caso principal que hay que atender. Y esto está haciendo un efecto contraproducente porque se están trabajando temas seguramente para los que el adicto no está preparado y esto como el adicto está emocionalmente inestable y no tiene herramientas para afrontar esos supuestos problemas que está trabajando en terapia, cuando sale de terapia consume más porque hay un eje principal que sostiene la enfermedad y sobre ese eje a partir de ahí es de donde va a salir las diferentes ramas del tratamiento, cada una en su tiempo. No todos los adictos, en todos los momentos están preparados para abordar depende qué situaciones de su vida. Eh, yo yo he conocido adictos que han venido aquí y me han dicho, "Luis, llevo un año de terapia trabajando esto, esto y esto y cada vez consumo más." Y digo, "Explícame qué estabas trabajando en terapia." Me dice, "Mira, estaba trabajando el abandono de mi padre, estaba trabajando el bullying que me hicieron en la escuela, estaba trabajando la ruptura de pareja que tuve. Y la enfermedad y la adicción, ¿quién la está tratando? Estás empezando la casa por el tejado. El tratamiento tiene sus fases y sus momentos. Y no es lo mismo alguien que lleva una semana de abstinencia que alguien que lleva 3 años de abstinencia. Alguien que lleva 3 años de abstinencia tiene unas bases, tiene una estructura, tiene unos pilares, sabe sabe y ha aprendido a mantenerse fuerte. aunque vengan situaciones de crisis y está preparado para enfrentar algunos temas más personales de su vida. Alguien que está emocionalmente débil, alguien que no tiene herramientas, que no sabe gestionar las emociones intensas, se va a ir a consumir.
Hemos hablado sobre todo de la parte de tu experiencia personal y y este estigma en relación a los profesionales, ¿no? Pero me imagino que el estigma también viene de la sociedad en general en este sentido. ¿Cómo sientes que te trataba la sociedad cuando eras un adicto?
Yo en aquel momento no sentía nada. Yo en aquel momento solo podía drogarme, no tenía sentimientos, no sentía emociones, entonces no me sentía de ninguna manera porque yo solo pensaba en consumir. Pero hoy sí que lo veo. Hoy veo algunas cosas y es que, por ejemplo, en la propia familia, cuando alguien tiene un adicto en casa, normalmente no lo cuenta a sus amigos, no va diciendo por ahí en en las quedadas con amigos, en una cena o en una comida. Oye, tengo a mi hijo en una clínica de desintoxicación porque consume cocaína dos veces por semana. Normalmente los familiares, a ver, algunos se avergüenzan, algunos sienten culpa, otros simplemente lo han aceptado y y no lo comparten y otros lo comparten, pero muchos no. Yo a veces les hago una reflexión en terapia a los pacientes y les digo, "Vosotros cuando presentáis un currículum decís, "Oye, me llamo tal y consumo cocaína dos veces por semana." Dicen, "No." Digo, "¿Qué pasaría si tú fueras a pedir trabajo y al jefe le dijeras que consumes cocaína dos veces por semana?" Y la mayoría de veces me dicen, "No me contratarían."
Entender la adicción como una enfermedad en esta sociedad es bastante más complicado que si en vez de una enfermedad te da un infarto o tienes un cáncer. Porque cuando tú tienes un infarto, por ejemplo, y te ingresan en la UBI, tú no le dices al médico, "Oye, quítame los aparatos estos, toma la medicación que yo me levanto y me voy, porque sabes que te vas a morir." En la adicción sucede lo contrario. El último en enterarse que está enfermo es el adicto. Entonces, por mucho que a veces la familia le diga, por mucho que a veces los amigos le digan, por mucho que el médico le diga, el adicto sigue consumiendo. El adicto sigue con su vida porque la parte que queda afectada del cerebro es esa que se encarga de valorar lo que está bien y lo que está mal y de decidir. Entonces entiendo que en un momento dado la sociedad diga, "Hostia, que se apañe, no puedo más con este tío." Porque por más que se le intente ayudar, no pueden muchas veces ni la familia, ni los amigos, ni ni la sociedad en sí, ni ni los gobiernos, ni ni el estado no pueden. Entonces es complicado porque en qué ser racional entra que alguien que está enfermo no se quiera curar, pero como el adicto la parte que tiene afectada es la de es la del cerebro, que es la que se encarga de valorar que está bien y que está mal, el adicto muchas veces va a seguir consumiendo a pesar de las graves consecuencias y va a pasar por encima de lo más sagrado, va a pasar por encima de sus hijos, va a pasar por encima de su familia, va a pasar por encima de su trabajo, va a pasar por encima de sus principios hasta muchas veces llegar a a ingresar en un hospital psiquiátrico, a tener problemas de salud, llegar a la cárcel o o morirse de una sobredosis.
Muchas veces también creo que el estigma de la adicción B viene por los adictos a los que vemos. Es decir, la mayoría de gente los adictos que ve son personas que viven en situación de calle. Entonces, a nivel general, ¿no? Cuando la sociedad piensa piensa en un adicto, la imagen que les aparece es esta, ¿no? También en tu caso, tú ya cuando tu adicción estaba muy avanzada, te drogabas en las puertas del hospital del mar de Barcelona, eh, y consumías en la calle, ¿cómo sentías que si es que lo sentías que te miraba la gente al pasar?
No, porque muchas veces es las miradas aquellas incómodas de no sé hacia dónde mirar, de no pasar por tu lado, sino desviarse. No sé si tú también lo viviste. Bueno, realmente yo lo vivía con con tal vergüenza y con tal sufrimiento que me escondía. Yo cuando iba por la calle giraba la cara para que no me vieran. intentaba esconderme, intentaba consumir encerrado en una habitación, solo salía para ir al médico cuando no podía parar ya de consumir. Pensaba que me iba a pasar algo o para comprar droga y yo consumía encerrado. Yo no consumía de fiesta. consumía de fiesta cuando empecé a consumir, pero cuando ya había desarrollado adicción, ya estaba consumiendo solo. Entonces, lo que hacía era aislarme, ocultarme, esconderme, que no me vieran la cara. Muchas veces si había estado por la noche consumiendo, por la mañana no iba a trabajar para que no vieran el estado en el que estaba. O si alguna vez iba a trabajar sin haber dormido y habiendo consum y habiendo consumido, intentaba que no me viera la gente o iba con gafas, me ponía gafas de sol o gafas de vista para que no se me notara tanto, porque en realidad sabía que no lo estaba haciendo bien. En realidad sabía que dirían, "Hostia, mira este cómo está." No, cuando estás mal, cuando estás consumiendo drogas, tus amigos y la gente que te conoce no dice, "Hostia, Luis, pobrecito, tiene una enfermedad, vamos a ayudarle." La gente dice, "Luis, está acabado." Tú no dices, "Tengo un amigo que está enfermito." Tú dices, "Tengo un amigo que está acabado." Porque vivimos una sociedad en la que consumir es casi normal. Consumir alcohol está muy normalizado y consumir drogas está bastante normalizado también. Entonces, se entiende como persona acabada aquel que no puede controlar el consumo. Aquel que no puede controlar el consumo es un desecho, pero el que puede controlar el consumo este no tiene ningún problema. Lo que hay que entender es que todos esos a los que a veces por inconsciencia y por desconocimiento hemos llamado deshechos o hemos dicho que están acabados, muchos de estos van a ser los que ahora controlan el consumo. Los que ahora se fuman un porrito en fin de semana dentro de dos, de cuatro, de 5 años van a ser esos que una mañana te los encuentras pidiendo 2 € en el metro para comprar un botellín. estos que han acabado robando en en una tienda de electrónicas para para vender un teléfono móvil y poder comprar un gramito de cocaína. Estos que le han pegado un tirón de bolsa a una mujer y le han robado para poder comprar droga. estos que han robado en el súper, que no crees nunca que va a ser tu hijo, pero es tu hijo y el día que te enteras pues es tarde porque se ha normalizado tanto el hecho de que alguien fume marihuana, el hecho de que alguien consuma alcohol o de que tome cocaína o de que juegue se ha normalizado de tal manera que hasta que no hay un problema que estalla, el problema ya está, lo que pasa que no se ve. pues se normaliza. Es la sociedad del consumismo, es la sociedad de la insatisfacción. Estamos en la sociedad del querer más, del no suficiente y esto a veces puede jugar en contra.
Claro, hay como una línea muy fina entre la concepción que tiene la sociedad del adicto en un momento o en otro y viene referido a esto que comentabas, ¿no? Primero, el adicto que se mete unas rayas cuando sale de fiesta o bebe alcohol y qué gracioso está Pepito o Menganito cuando bebe alcohol y hasta ahí hace gracia y hasta ahí y y está aceptado y no te diría que se incentiva, pero sí que como no hay una visión negativa de eso porque como tú bien decías está muy normalizado en la sociedad el consumo, pero sí que de repente se cruzan algunas líneas y ya se acaba la gracia y ya no se va a esa persona que muchas veces es como el ánima del grupo, ¿no? El enrollado del grupo y de repente ese enrollado del grupo al que todos quieren estar a su alrededor porque es superdivtido y es el alma de la fiesta, pasa a ser el que nadie quiere estar con él porque ya tiene un problema y en cierto modo se se lo abandona, ¿no? lo que tú decías de eh ya está perdido.
Claro, porque el que no lo ha vivido no sabe que esto es una enfermedad. Para mucha gente de la sociedad, el alcohol es una herramienta para divertirse y las drogas pues también lo usan, se desinhiben, lo pasan bien, no les causa ningún problema y cuando deciden parar pueden parar, pero hay un porcentaje que no, que cuando decide parar no puede. Y se da cuenta cuando decide parar, no se da cuenta antes porque como esta es una enfermedad del cerebro, es la enfermedad de las emociones, es la enfermedad del autoengaño, uno cree que cuando quiera poder parar va a poder. Yo recuerdo la primera vez que me cuestioné si tenía que parar de consumir. Hubo una vez que la recuerdo como si fuera ayer, que pensé, "Hostia, Luis, no estás consumiendo demasiado. Muchos años antes de que yo pidiera ayuda. Pasaron un montón de años este que pedí ayuda y me dije, "Esto algún día voy a tener que dejarlo porque no puede ser que esté todos los días consumiendo. Algún día voy a tener que dejarlo." Y aquel mismo día pensé, "Bueno, ya lo dejaré. Ya habrá un día que decidiré dejarlo y lo dejaré." Que va. El día que decide dejarlo, yo acabé en la cama de un hospital. Hay gente que termina sin familia, que termina solo, que termina arruinado, que termina sin trabajo. Cada uno tiene sus consecuencias. Las mías fueron de salud. Hay otros que las tienen familiares, hay otros que las tienen económicas, hay otros que tienen consecuencias judiciales. Cada uno tiene sus consecuencias por las que en un momento va a decidir ponerse en tratamiento y dejar de consumir. Pero es una enfermedad tan silenciosa en cuanto a que uno cree que va a poder dejarlo y por lo tanto no cree que es una enfermedad, que cuando uno se da cuenta es tarde. Y normalmente uno se da cuenta que tiene un problema, por desgracia, cuando sucede alguna situación trágica.
Y en relación a dejar el consumo, ¿hasta qué punto influencia también el decir, voy a pedir ayuda o voy a ponerme en tratamiento? el estigma social relacionado con los adictos, ¿no? El admitir, bueno, pues está más mal visto ponerse en tratamiento que estar drogándose. Y esto es algo que yo siempre he pensado en los grupos en los que yo me movía. Cuidado, porque es que la gente y la sociedad en la que tú te mueves cuando estás consumiendo y en la que tú te mueves cuando dejas de consumir también es distinta. Por lo tanto, la manera en la que se percibe la enfermedad también lo es. En el grupo de amigos en el que yo iba cuando me drogaba estaba más mal visto ponerse en tratamiento que consumir cocaína. En el grupo de amigos que yo tengo ahora, ponerse en tratamiento y haber dejado de consumir drogas es un acto de valentía, de coraje, de fortaleza y de querer prosperar. Siempre también es el contexto en el que estás, que esto es muy importante, estar rodeado de las personas adecuadas. Normalmente cuando uno está consumiendo está rodeado de personas como él.
¿Qué crees que fomenta la creación de este estigma? Es decir, a nivel social, a nivel cultural, todos en general tenemos esta visión estigmatizada del adicto. En esto seguro que los medios de comunicación, las series, el modo en que en esos eh recursos culturales se trata el adicto tiene mucho que ver con la concepción general que tenemos de él, ¿no? ¿Cómo crees, por ejemplo, que las series ayudan o fomentan la estigmatización del adicto o también los medios de comunicación, ¿no?, en diarios, programas de comentarios sociales. ¿Cómo creo que tratan los medios de comunicación a los adictos?
Pues bueno, cada vez hay menos estigma y cada vez hay más gente hablando y esto hace que se normalice más el tema de que alguien se ponga en tratamiento, pero de una forma muy superficial y sensacionalista, cuando realmente lo que hay detrás de un adicto es una persona que está sufriendo y alguien que está expresando a través de conductas adictivas algo que no puede expresar, algo a lo que no puede poner. ponerle palabras y creo que esta mirada es clave para que la sociedad pueda cambiar la manera en la que vea al adicto. El adicto ya no es alguien con una falta de voluntad o con una debilidad moral, sino alguien que no tiene herramientas para poder expresar un dolor y que ese dolor lo está expresando a través de comportamientos adictivos. Yo hoy con las herramientas que tengo después de haberme recuperado, sé que cuando me pasa algo y no hablo, me va a doler la espalda o me voy a enganchar del cuello y sé que mi cuerpo va a expresar todo aquello a lo que no le ponga palabras, pero yo no sabía cuando estaba consumiendo que yo lo que estaba haciendo era pedir ayuda a gritos. Yo no sabía que el hecho de que yo fuera alguien que se aislaba, alguien que no sabía compartir sus sentimientos ni sus emociones significar a alguien que realmente está reprimido y que esa represión va a salir de manera explosiva con conductas adictivas y con trastornos de conducta. Que el adicto y el que tiene un trastorno de conducta está expresando a través de esos comportamientos eso a lo que no puede ponerle palabras. Y creo que esa mirada es muy importante para poder entender al adicto.
¿Y qué crees que le falta al sistema de salud pública para tratar adecuadamente las adicciones?
¿Qué le falta al sistema de salud pública para poder tratar adecuadamente las adicciones? En primer lugar, empatía, que es muy difícil porque el que no lo ha vivido no comprende la enfermedad. En segundo lugar, enfoque terapéutico, porque los enfoques terapéuticos que realmente funcionan son esos enfoques terapéuticos en los que algunos de los profesionales que complementan el equipo son adictos que han recuperado su vida y que se han visto en las mismas situaciones que esos que ahora están sufriendo. Y en tercer lugar, visión. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un adicto después de haberse rehabilitado? Esta es una pregunta que yo me hago muchas veces. Si alguien es capaz de salir de la droga, ¿qué más es capaz de hacer esa persona con su vida? Porque salir de la droga no es nada fácil. En Estados Unidos, los adictos que se han recuperado en muchas empresas tienen un plus porque valoran el hecho de que alguien haya podido salir de esa situación.
Hablemos sobre políticas alrededor de sobre todo las sustancias. ¿Qué opinas de las políticas punitivas contra sustancias? ¿Funcionan o empeoran la situación?
Creo que en la cárcel hay más adictos que delincuentes. Creo que el castigo no es una solución para ayudar a los adictos. Creo que ahí hay que volver a cambiar la mirada y no ver al adicto como a un delincuente, sino verlo como alguien que está sufriendo, alguien que tiene un dolor, alguien que no puede expresar algo que le pasa y en vez de castigarle, darle herramientas para poder empezar a hablar, para poder empezar a expresarse y para poder empezar a sanarse y a curarse. Eh, y que como consecuencia de verse rehabilitado y de vivir en recuperación, ese ya no tenga que delinquir más. Pero creo que [ __ ] a un adicto que roba, meterlo en la cárcel 4 años y volver a sacar al adicto a la calle de la misma manera que ha entrado en la cárcel, creo que eso lo único que va a hacer es que haya más delincuencia y que el adicto vuelva a repetir los mismos patrones y que se convierta en un adicto pues de puertas giratorias. Entonces, creo que una respuesta podría ser intentar por lo menos abordar el problema desde la raíz, entendiendo la adicción como una enfermedad.
Y en relación a las políticas que prohíben o permiten sustancias, ¿no? Por ejemplo, los últimos años se ha hablado de si sería positivo o no legalizar la marihuana, pero por otro lado también el alcohol está legalizado el tabaco, aunque se aplican restricciones y cada vez no resulta como más difícil fumar en sitios y demás, eh, sigues estando permitido, pero por otro lado, al final no son solo las sustancias, sino también son los comportamientos adictivos. ¿Qué hacemos con eso?
Esto lo podemos esto lo podemos ver desde dos puntos de vista. Lo podemos ver desde un punto de vista que digamos, bueno, los adictos también se enganchan a las compras, también se enganchan al sexo, también se enganchan a las pantallas, también se enganchan al juego, no solo a las drogas y al alcohol. Por lo tanto, el que tiene una personalidad adictiva, si no se engancha a una sustancia, seguramente se va a enganchar a otra. Pero también podemos verlo desde el punto de vista de que cuanto más ampliemos el abanico de posibilidades de consumo y que cuanto más normalizado esté el consumo y que cuanta menos restricción haya, más probabilidades hay de que los jóvenes adolescentes vean las sustancias como algo positivo y como algo normal y que por lo tanto estén más expuestos a probarlas. Entonces, bueno, son dos puntos de vista diferentes. Yo siempre soy partidario de no poner la responsabilidad en el otro, ni en la sociedad, ni en el que vende las sustancias. Yo no estoy en contra de que haya alcohol, ni en contra de las drogas, ni en contra, no. Yo creo que soy responsable de mi recuperación, de mi salud y si a mí me sientan mal y yo no puedo tomarlas, yo tengo que reeducarme y tengo que aprender a vivir sin drogas y tengo que recuperarme y entender por qué y para qué las necesito. Pero en cambio hay gente que no, que hay gente que cree que prohibir las drogas sería la solución y también es respetable. Yo no lo creo porque yo, hablando de mi personalidad y de como yo lo viví, si no me hubiera enganchado a a la cocaína, me hubiera enganchado al sexo o al juego o a las compras. Además, para mí no eran las drogas, mi problema era que yo no sabía vivir. Yo no yo no sabía ser yo mismo. Yo no tenía herramientas para enfrentarme a la vida, ni tenía herramientas para gestionar mis emociones, ni para relacionarme, ni tenía herramientas de habilidades sociales. Entonces, para mí es mucho más importante la manera de ser de un adicto que la sustancia que consume. Porque hay adictos que dicen, "Dejo de consumir." Y no consumen por [ __ ] y son capaces de estar un año o dos o más sin consumir, pero siguen comportándose de la misma manera, siguen siendo la misma persona de siempre y están irritables, siempre están enfadados, se pelean con la gente, eh tienen estados de ánimo bastante intensos, hoy están eufóricos y mañana están con depresión, eh, se aíslan en sí mismos. Los ves que no disfrutan de la vida, ¿no? Yo no me recuperé para seguir sufriendo como cuando consumía. yo me recuperé para vivir y para ser feliz y para disfrutar de esta maravillosa vida.
Y también creo que hay más estigma a algunas adicciones que a otras. Eh, no me equivoco si digo que hay más estigma al que consume heroína que al que consume cocaína.
Bueno, lo que pasa es que hay sustancias que están más normalizadas que otras por la época en la que estamos. Hubo unos años en los que la heroína estaba más normalizada que ahora y con los años se ha ido normalizando más la cocaína y la marihuana. Ahora, por ejemplo, tenemos las pantallas, creemos que son inofensivas, no hay una regulación, no hay una normativa, por lo tanto, no tenemos aún consecuencias tampoco de cómo afecta esto a los jóvenes, pero cuando ya empecemos a ver mucha gente que tiene consecuencias, entonces diremos que que hay una epidemia de esto. Yo creo que ya la hay. Pero lo que quiero decir es que, por ejemplo, el tabaco hace 50 años no era malo y ahora todo el mundo sabe que el tabaco mata. Pues esto ocurre lo mismo, ¿no? Sale una sustancia, la gente empieza a consumirla, se divierte, la usa de manera recreativa para divertirse, para socializar y con el tiempo se da cuenta que es dañina y esa sustancia deja de ocupar un terreno para que entre otra sustancia que empiece a ocupar un nuevo lugar.
Y ya para acabar, Luis, a nivel general, a nivel social, ¿qué se te ocurre que se podría hacer para que el conjunto de la sociedad entienda mejor las adicciones?
Entender, en primer lugar que el adicto no es alguien con falta de voluntad y que ni que sea un delincuente, sino es alguien que está sufriendo y que expresa a través de conductas adictivas aquello a lo que no puede ponerle palabras. En segundo lugar, que es una enfermedad que no ha elegido, que no es culpable de tenerla, únicamente es responsable de buscar una solución. Y en tercer lugar, prevenir y educar y concienciar. Cada vez hay más prevención, cada vez hay más educación, cada vez hay más talleres también de desarrollo de la inteligencia emocional. Y creo que todo esto son herramientas útiles que pueden favorecer el desarrollo de los niños y de los adolescentes y que el día de mañana puedan decir que no.
Pues bueno, Luis, con eso nos quedamos. Eh, como siempre, muchas gracias por por abrirte y por aportarnos este conocimiento hoy sobre un tema que es tan evidente que es el estigma que tienen los adictos. Muchas gracias por acompañarnos a todos vosotros. unidad de adicciones al descubierto. Deciros como siempre que si tenéis algún tema del que queréis que hablemos en los próximos capítulos, me lo anotéis aquí que lo tendré en cuenta. Gracias. Yeah.