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La Santa Misa de Hoy | Fiesta de Santiago Apóstol (25-07-2026) | Pbro. Javier Martín, FM

Misa de Hoy34:30

Transcription

[música] En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. Con tu espíritu.

Bienvenidos, queridos amigos, a esta Eucaristía en este día en el que celebramos la solemnidad de Santiago Apóstol, patrono de España. Es un día para dar gracias a Dios porque él fue uno de los primeros que trajo la fe aquí a nuestro país, que sembró esa fe en el corazón de los que aquí vivían. Una fe que ha marcado no solo España, sino también a toda Europa.

Pidamos por ellos para que no abandone Europa sus raíces cristianas, aquellas que le han hecho ser lo que es, promover además el bien común y la justicia, la defensa de la dignidad de la persona. No hemos de avergonzarnos de nada. Hemos cometido errores como sociedad, por supuesto, pero haber llevado la evangelización, por ejemplo, a América, a Filipinas y a tantos otros lugares es algo de lo que nos tenemos que sentir satisfechos.

Pues damos gracias al Señor porque aquí vino el apóstol Santiago a sembrar esa fe y pedimos al Señor que perdone nuestras faltas y de esa manera preparamos bien nuestro corazón para celebrar la Eucaristía.

Tú que llamaste a Santiago para que dejara las redes y alentara a los que peregrinan hacia ti. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Tú que elegiste a Santiago para estar contigo en el Tabor y en Getsemaní. Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Tú que enviaste a los apóstoles con la fuerza del Espíritu para que nos anunciasen el perdón de los pecados. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos. Te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso, Señor Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas. Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque solo tú eres santo, solo tú, Señor, solo tú, altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de tus apóstoles con la sangre de Santiago, haz que tu Iglesia, reconfortada constantemente por su patrocinio sea fortalecida por su testimonio y que los pueblos de España se mantengan fieles a Cristo hasta el final de los tiempos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó. "No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese; en cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre." Pedro y los apóstoles replicaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen." Esta respuesta los exasperó y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga. Ilumine su rostro sobre nosotros. Conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto. Nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga, que le teman hasta los confines del orbe. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios.

Hermanos, el tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan. Estamos apurados, pero no desesperados, acosados, pero no abandonados. Nos derriban, pero no nos rematan. En toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así la muerte está actuando en nosotros y la vida en vosotros. Teniendo el mismo Espíritu de fe, según lo que está escrito: "Creí, por eso hablé." También nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuanto más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento para gloria de Dios.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que esos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "¿No sabéis lo que pedís? ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberéis, pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo. Es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre." Los otros diez que lo habían oído se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos les dijo: "¿Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen? No será así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor. Y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre, no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos."

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Siempre que rezamos el credo niceno constantinopolitano, en el largo, decimos que hay cuatro notas esenciales de la Iglesia: la Iglesia es una, es santa, es católica y es apostólica. Que la Iglesia sea apostólica significa que está basada en la roca de los apóstoles. Es decir, que el Señor eligió de entre sus discípulos a doce de ellos, a los que envió para que fueran sus testigos en medio del mundo, y les dio el poder de perdonar pecados. Les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos." Esa nota esencial de la Iglesia, la apostolicidad, nos recuerda, por tanto, la misión de la misma. La Iglesia tiene como finalidad ser testigos de una experiencia. Dios nos ama. El Dios todopoderoso envía a su Hijo al mundo para salvarnos. No solo nos creó a su imagen y semejanza, sino que en el colmo del amor, cuando nosotros hicimos un mal uso de nuestra libertad, apartándonos de Dios, rebelándonos contra él, porque por soberbia queríamos ser como Dios, Dios Padre envía a su Hijo al mundo para que él nos reconciliara con Dios. Y por lo tanto, la Iglesia entiende que esa misión y tarea que el Señor le ha encomendado, ser luz en medio del mundo, es algo que tenemos que hacer todos los cristianos, también los que no sois sacerdotes ministeriales, ni sois obispos, ni el Papa. Todos nosotros, cada uno en función de su estado de vida, recibe por el bautismo la llamada a ser testigo de Cristo, luz en medio del mundo, es decir, apóstol. Así como el mártir es testigo entregando la vida, el apóstol es testigo, en algunos casos entregando la vida, en los demás de los casos siendo luz en el mundo por la forma de vivir.

Yo creo que hay tres maneras que hoy en día el Señor nos pide a nosotros para ser apóstoles en esta sociedad en la que vivimos y en esta España en la que estamos.

Primero, todo apóstol tiene que ser testigo de una experiencia y esa experiencia tiene lugar cuando nos encontramos con Dios. Si no rezas, si vas a misa solo cuando es obligatorio y a regañadientes y te saltas en cuanto puedes la Eucaristía. Si no te confiesas con frecuencia, si no tienes con Dios una relación personal habitual, frecuente, solo vienes cuando tienes que pedir. Y si no tienes nada que pedir, porque te parece que no tienes nada que pedir materialmente hablando, pues puedes vivir sin Dios. Entonces, ¿qué testimonio vas a dar ante el mundo? Será un testimonio, pero no de luz, sino de interés. ¿Por qué? Porque te sirves de Dios. Porque solo vienes cuando tú crees que estás necesitado. No vienes a corresponder, no vienes a amar. Dios es tu Padre y tú como hijo tienes derechos, pero también deberes. Y por lo tanto, ¿qué testimonio voy a dar yo ante el mundo como apóstol de Cristo si no tengo relación con él más que para pedirle cuando yo creo que le necesito? Pues no daré el testimonio de amor que la sociedad necesita y que Cristo pide. Daré el testimonio de ser una persona interesada, que se sirve de Dios, pero que no ama, no corresponde a Dios. ¿Cómo es tu relación personal con Dios? En función de cómo sea esa relación personal, así serás un tipo de apóstol u otro: apóstol del amor, testigo del amor, o apóstol del interés, testigo que solo se mueve por lo que necesita, materialmente hablando.

Segundo aspecto en el que tenemos que ser apóstoles: en la familia. La familia es la iglesia doméstica y por lo tanto tenemos que aprender a vivir en la familia siendo fieles a lo que el Señor nos pide. Los esposos, ¿sois conscientes de lo que es el matrimonio como sacramento? Sacramento es una palabra latina que significa signo sensible de la gracia invisible. ¿Sois signo sensible del amor de Dios? ¿O estáis siempre a la greña, peleándoos, buscando el interés personal y no el interés común? ¿Qué apóstol? ¿Qué testimonio estamos dando en el mundo de que nuestra familia es iglesia doméstica? Y los hijos, ¿cómo tratáis a los padres? ¿Les tratáis solo como los paganos que me sirven para comprar esto o lo otro? Pero no les amo porque no obedezco, porque no valoro lo bien que se está en casa. Qué suerte tener unos padres que me quieren, que sí, que me educan, que me intentan ayudar a distinguir el bien del mal. Qué suerte y qué fortuna. No ser un ciego moral, no. Qué pesadez. Qué pesadez tener conciencia. Qué pesadez saber que tengo que hacer el bien, evitar el mal. Somos iglesia doméstica. Somos, es decir, testimonio en el mundo de que el Señor se sirve del matrimonio y de la familia para extender su amor y su misericordia a los demás. Porque cuando un matrimonio vive como sacramento, como cuando un matrimonio tiene a Cristo presente en su vida conyugal, eso se nota no solo en la relación familiar, sino también en la relación con los demás. Somos apóstoles en la iglesia doméstica, que es el matrimonio y la familia.

Tercer aspecto, tercer lugar, donde tenemos que ser apóstoles: en tu trabajo y en tu vida como ciudadano. ¿Te estás comportando como una persona que tiene principios? Vivimos, no sé si siempre ha sido así, pero estamos en un momento, al menos en España, horroroso en cuanto al respeto a las normas y el cumplimiento de nuestras obligaciones. ¿Cómo la corrupción sobresale constantemente por un momento y en otro, en un lugar y en el otro? Expresidentes que están siendo este están en juicio, otros que son presidentes y que su esposa también está en juicio, otros partidos políticos que también tuvieron la misma suerte y corrieron la misma suerte. Y nosotros somos personas corruptas. El Papa Francisco distinguía entre pecador y corrupto y decía él: "La diferencia está en que el pecador, siendo consciente de su pecado, quiere cambiar. Mientras que la persona que vive instalada en la corrupción, como mucho, asemeja que quiere cambiar, finge que quiere cambiar, pero no lo quiere hacer. Vive instalada en la corrupción." Y yo en mi trabajo soy apóstol de la justicia, de la verdad, del cumplimiento de mis deberes, o por el contrario, mi testimonio no es el testimonio de un cristiano que intenta ser fiel a Cristo, a la verdad y a la justicia. Y en mis relaciones sociales con las personas que se cruzan conmigo, con mis amigos, ¿soy una persona honesta o soy una persona que se sirve de ellos, que se aprovecha de ellos, que se acerca a ellos para sacar, pero que no les ama?

Hemos de ser apóstoles como lo fue el apóstol Santiago. Apóstoles por la relación personal que tenemos con Cristo y que eso ilumine nuestra vida. Apóstoles en la Iglesia doméstica, que es la familia. Apóstoles en la vida civil, social, luchando por ser personas íntegras que vivimos en función de nuestros virtudes y valores, de la manera mediante la cual Cristo ha iluminado nuestra vida gracias al evangelio.

Os pidamos al Señor por España y por todos aquellos pueblos que gracias a España recibieron el Evangelio para que no abandonen sus raíces cristianas y para que el evangelio siga siendo luz en medio del mundo. Que el Señor nos ayude.

Nos ponemos en pie.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Oremos a Dios nuestro Padre, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Pedimos por toda la Iglesia para que, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, anuncie a Jesucristo como salvador del mundo. Roguemos al Señor. Te rogamos, Señor.

Pedimos también por nuestros gobernantes para que sean verdaderos servidores de todos y favorezcan la justicia, el bien común y la verdad. Roguemos al Señor.

Señor, pedimos por España para que se mantenga unida y no abandone sus raíces cristianas, para que todos seamos iguales ante la ley. Roguemos al Señor. Te rogamos, Señor.

Pedimos por la paz en el mundo para que cesen las guerras y el terrorismo. Pedimos especialmente por la Iglesia perseguida, por aquellos hermanos nuestros que no pueden profesar libremente su fe. Roguemos al Señor. Te rogamos, Señor.

Pedimos también por las vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida consagrada. Roguemos al Señor. Te rogamos, Señor.

Pedimos para que cesen los fuegos, incendios que asolan nuestro país. Roguemos al Señor. Te rogamos.

Escucha, Padre, las súplicas de tus hijos que nos dirigimos a ti, confiando en tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

[música] [música] [música] [música]

Orad, hermanos, para que este sacrificio nuestro y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza de su gloria, para nuestro bien y de toda su santa Iglesia.

Purifícanos, Señor, con el bautismo salvador de la muerte de tu Hijo, para que en la solemnidad de Santiago, el primer apóstol que participó en el cáliz redentor de Cristo, podamos ofrecerte un sacrificio agradable. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso, pastor eterno. Porque Santiago, testigo predilecto, anunció el reino que viene por la muerte y resurrección de tu Hijo, y el primero entre los apóstoles bebió el cáliz del Señor. Con su guía y patrocinio se conserva la fe en España y en los pueblos hermanos, y se dilata por toda la tierra, mientras tu apóstol alienta a los que peregrinan para que lleguen finalmente a ti por Cristo, Señor nuestro. Por eso, con los ángeles y los santos te alabamos, diciendo sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad. Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, nuestro Señor, el cual, cuando iba a ser entregado a su pasión voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros." Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo: "Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía."

Este es el sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección. Amén. Señor Jesús.

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra con el Papa León, con nuestro obispo José y todos los pastores que cuidan de tu pueblo. Llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección. Acuérdate, Señor, de tus hijos Enrique, Cristina, Francisco, José Luis, Nancy, los difuntos de la familia Alquilar Alcántara y de todos los que han muerto en tu misericordia, admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros y así con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles, Santiago y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos por tu Hijo Jesucristo compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Nos quejamos de que hay casos de corrupción en los gobiernos, entre los gobernantes. Nos quejamos de que a veces las cosas no funcionan y nosotros somos apóstoles de Cristo, camino, verdad y vida. O por el contrario, nuestro testimonio es un testimonio descafeinado. Es un testimonio que no ilumina. Pidamos al Señor que, como el apóstol Santiago derramó su sangre para ser testigo de Cristo, nosotros seamos luz en el mundo por la integridad de nuestras costumbres, por el amor a Dios.

Rezamos juntos la oración que Jesús nos enseñó.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy." No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros. Y con tu espíritu.

En el nombre del Señor resucitado, daos fraternalmente la paz.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los llamados a la cena del Señor.

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

[suspiro] Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma, pero como ahora no puedo comulgar, ven al menos espiritualmente a mi corazón y, como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a ti, Señor. No permitas que me aparte de ti. Amén.

Oremos.

Al darte gracias, Señor, por los dones santos que hemos recibido en la solemnidad del apóstol Santiago, patrono de España, te pedimos que sigas protegiéndonos siempre con su poderosa intercesión. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén.

Espero que paséis un feliz día, que celebréis bien la fiesta de nuestro Santo patrono, no solo dando gracias a Dios, sino también imitándole en su apostolado. Podéis ir en paz. Demos gracias a Dios.

Vamos a pedir a la Virgen María que proteja a esta tierra que es su tierra. España es tierra de la Virgen María, como decía San Juan Pablo II.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce y siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

[música] [música]