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V. Completa. Técnicas para mejorar la comunicación y tu bienestar. David JP Phillips

AprendemosJuntos1:16:21

Transcription

[Música]

Hola, como decís vosotros, es un placer estar aquí y me alegra que vosotros estéis aquí. Gracias por preocuparos por las cosas que más importan en la vida. Hablo de la comunicación, el tema del que hablaremos.

Me llamo David JP Philips, soy orador, coach y escritor. Mi trayectoria empezó cuando me formé en comunicación hace 25 años, pero no fue hasta hace 12 años que un torrente de energía despertó en mí. Mi primera charla Ted está entre las más vistas del mundo. ¿Por qué la creé? ¿Por qué creé "Cómo evitar la muerte por PowerPoint"? Estaba en la escuela de mi hijo, él tenía unos 10 años, teníamos reunión de padres y maestros. Estábamos allí sentados cuando llegó la maestra y nos puso un PowerPoint. Era terrible, horroroso, tenía un montón de texto. Apagó la luz de la sala, sacó un puntero láser, se colocó a un lado y empezó a hablar monótonamente. Así estuvo 27 minutos delante de 20 padres. Mis órganos querían salirse de mi cuerpo. Fue horrible, horrible. ¿Y sabéis qué? Daba pena, pero la maestra de mi hijo creía que aquello era comunicarse bien. Horrible. Salí del aula, me fui a casa y me pasé tres meses creando mi charla Ted, "Cómo evitar la muerte por PowerPoint". Luego subiría al escenario a darla. Esa charla ahora tiene 5,2 millones de visitas y se usa en Yale, Harvard y Oxford para enseñar al profesorado a mejorar los PowerPoints. De ahí surgió esa energía.

Con el tiempo, me di cuenta de que PowerPoint no lo era todo. PowerPoint no era la respuesta a todas las preguntas. No tenía que haber algo más. Desarrollé un gran interés por contar historias. Descubrí que las historias controlan la narrativa de nuestra vida. Las historias en las que creéis se convierten en vuestra realidad. Y tú crees en una historia distinta de la tuya, y las historias en las que tú crees son distintas de las tuyas. Algunas son solo producto de vuestra mente, ni siquiera son ciertas, pero definen todo vuestro futuro. En el mundo de las ventas y el marketing, todo se basa en las historias, en sembrar ideas en la mente. Mira, haz esto, compra ese coche, deberías tener un Lamborghini, cómprate ese reloj. Nos meten historias en la cabeza. Cada uno las ve de una forma, pero define nuestro futuro. Así que creé mi segunda charla Ted, "La mágica ciencia de contar historias", que se convirtió en la más conocida del mundo sobre storytelling, también con más de 5,3 millones.

Y entonces descubrí otra cosa: el fascinante mundo del lenguaje corporal. Si me fijo en ti, veo que tienes la cabeza un poco ladeada hacia la izquierda. Me pregunto por qué ladeas la cabeza hacia la izquierda. ¿Ahora hacia la derecha? ¿Por qué algunos ladeáis la cabeza hacia la izquierda y la derecha? La pregunta es, ¿por qué? Y lo que es más interesante, ¿me afecta a mí? La respuesta es sí. Si se muriera tu hámster o tu conejillo de indias, yo automáticamente diría: "Oh, mostraría empatía". Como tú, que estás ahí sentada y también está sintiendo. Se llaman asentimientos afirmativos. Algunos también lo hacéis, sentís afirmativamente mientras hablo. Eso me afecta, por supuesto. Yo estoy aquí sentado, soy muchísimos. Lo hacéis inconscientemente, pero hacéis que me sienta mejor. Cuando asentís y ladeáis la cabeza, me dais ganas de hablar con vosotros porque mostráis interés. Estas habilidades me parecen fascinantes: ladear la cabeza a ambos lados y asentir. Y se las enseñé a personas que se preocupaban por su entorno, pero no lo mostraban. Se interesaban por otras personas, pero no lo mostraban. Les di esas dos habilidades. A las dos o tres semanas volvieron y me dijeron: "Qué fuerte, David, la gente ha conectado más conmigo estas semanas. La gente se ha abierto más conmigo que nunca. Me siento más unido a los demás que nunca". Y no es de extrañar. Si te quedas mirando a alguien así, esperando que hablen y conecten contigo, no va a pasar.

Así que pensé: tenemos dos habilidades. ¿Habrá más? Voy a mirar a vosotros. ¿Habéis visto las series y las pelis de Sherlock Holmes? Sherlock Holmes, cuando mira gente, ¿hace? Los analiza así. Funciona mi cerebro. Cuando os miro, me fijo en quién tiene las piernas cruzadas, quién las tiene abiertas, quién sonríe, ladea la cabeza, cruza los brazos, cierra las manos, etcétera. Así que me pregunté: ¿cuántas habilidades hay? Entré en internet y busqué: "¿Cuáles son todas las habilidades del lenguaje corporal y verbal humano?". Miré algunos libros, eran bastante exhaustivos, pero no me quedé satisfecho. Decidí pasarme 7 años estudiando a 5.000 oradores hasta encontrar todas las habilidades posibles. 7 años después, dejé de encontrar nuevas. ¿Y cuántas encontré? Encontré 200 habilidades. Logré reducirlas a 110 habilidades básicas. Y esa es mi tercera charla Ted, "Los 110 pasos para una comunicación excelente". Y sabéis qué es lo más aterrador: ¿cuántas creéis que usa una persona media al comunicarse? ¿Cuántas habilidades pensáis? Decid un número. ¿Cuántas podrían ser? Intentadlo. Pero tiene que ser en inglés.

"20", por ahí. ¿Alguien más? "10". Tened en cuenta que incluso muertos, ya tenemos siete habilidades. Tienen que ser 10 como mínimo. El número es 25. La cantidad media de habilidades en una persona es 25 de entre 110. Y luego nos preguntamos por qué hay malentendidos o por qué nos aburre la comunicación. Decimos: "¿Por qué tengo que repetirlo una y otra vez?". Porque has usado muy pocas habilidades. Una de esas habilidades son las expresiones faciales. ¿Sabías que solo uno de cada 20 tiene un repertorio completo de expresiones faciales? Uno de cada 20. Eso significa que tres o cuatro de vosotros tenéis una excelente expresión facial. Si estáis convencidos, lo veo. Si estáis preocupados, lo veo. Si estáis nerviosos, lo veo. Pero otros tenéis un menor nivel de expresión facial y no os pillo. No sé si estáis nerviosos o contentos. Alguien así puede ser malinterpretado a menudo en una relación. Y lo peor de todo es que estudios recientes demuestran que cada vez se nos da peor la expresión facial. ¿Por qué? Han llegado a la conclusión de que muchos padres y madres miran menos a sus bebés a la cara que antes. ¿Y entonces qué miran? Sus móviles. Los bebés no perciben tantos ejemplos de expresión facial como antes. La cosa no está mejorando, todo lo contrario.

Esas fueron mis tres charlas Ted. Y estoy a punto de sacar otra. Creo que esta será la última frontera. Hablará de la mentalidad. ¿Afecta nuestra mentalidad a la comunicación? ¿Afecta? Tienes una presentación, por ejemplo, y subes a la tarima, entras al aula. Repites mentalmente: "Quiero hacerlo, sacadme de aquí, odio esto, ojalá no me hagan preguntas, voy a hacer el ridículo". Esa actitud influirá en tu presentación y tu comunicación, por supuesto. La ciencia dice que si en lugar de eso nos decimos: "Estoy emocionado", y lo repetimos durante la presentación: "Estoy emocionado", presentamos mejor, cantamos mejor, hasta cantamos mejor objetivamente en el karaoke, solo por decir "estoy emocionado". Eso es un cambio de mentalidad. De eso tratará mi próxima charla Ted. Y de eso trata mi libro. Aunque, por desgracia, lo descubrí de la forma dura.

Hace unos 8 años, me preguntaba por qué no quiero a mis hijos. Me preguntaba por qué no quiero a mi mujer. Me preguntaba por qué deseo acabar con mi vida todos los días. Me preguntaba por qué mi vida no tiene sentido. Me di cuenta de que algo no iba bien. No sabía el qué, pero pensé: "Meditación". He leído sobre el tema, puedo intentarlo. Intenté meditar 20 minutos al día durante seis semanas. Y un día, en Suecia, de donde soy, cruzando el puente que hay frente a mi casa con mi mujer, algo que no había sentido nunca. ¿Os ha pasado últimamente una emoción totalmente nueva? Es poco frecuente. Me detuve y mi mujer me miró diciendo: "¿Qué ocurre?". Intenté explicarle la emoción. Me caían las lágrimas. Ella me miró y dijo: "Eso suena a felicidad". Y entonces me di cuenta de que no recordaba la última vez que había sentido aquello. Poco después, descubrí que llevaba deprimido 17 años. 17 años de vida que había perdido. 17 años de no querer ni a mis hijos, ni a mi mujer, ni a mí mismo, de no disfrutar de vivir la vida. Había caído tan lentamente en aquella depresión que me había olvidado, o más, no había dado cuenta. Horrible. Pero bueno, aquellos 5 minutos en el puente me motivaron más que nada, porque me di cuenta de que había algo más, algo llamado felicidad. Volví, hice todo lo que sabía que hace que un humano se sienta mejor: optimizar dopamina, oxitocina y serotonina. Un par de semanas después, alcancé unos 10 minutos de felicidad y luego se fue. Más tarde, alcancé 30 minutos de felicidad y se fue. Un año después, algo cambió y conseguí igualar la cantidad de minutos oscuros a la de minutos de luz. Fue el mejor año de mi vida, el mejor. No he vivido nada igual. Por muchos hijos que tenga, no habrá nada comparable con pasar de la depresión a la felicidad. Aquel año iba por ahí oliendo cosas: flores, insectos, piedras, la hierba, a la gente. Saboreé. Abracé a mis hijos más que nunca. Pero de eso hace 7 años, como he dicho. Todo tuvo que ver con mi mentalidad errónea y me sumí en lo que acabaría convirtiéndose en mi último libro, "Las seis hormonas que van a revolucionar tu vida", traducido ya a 32 idiomas y que también está en español.

Me alegro mucho de que estéis aquí. Me alegra que os preocupéis por las cosas que importan en la vida. Como he dicho antes, gracias por venir. Por favor, compartid este conocimiento con todo el mundo, porque la vida vale la pena. Y ese es un resumen de quién soy. Por favor, disparad todas las preguntas que tengáis.

Hola, me llamo Elena. Eres uno de los oradores mejores del mundo. Me gustaría saber cuáles son tus trucos. ¿Nos podrías dar algunos consejos para hacer que nuestras comunicaciones sean más eficaces?

Cuando yo pienso en la comunicación, pienso en tres perspectivas: M, C y H. Mentalidad y habilidades comunicativas. Si dominas las tres, llenarás el escenario, entrarás en cualquier sitio, rebosarás confianza, captarás la atención de casi todo el mundo, no de todo el mundo, pero de casi todo. M, C, H. Empecemos por la M, mentalidad. Tenéis una hormona llamada testosterona. La tienen hombres y mujeres. Se ha demostrado que la gente que aumenta sus niveles de testosterona antes de una presentación, la hace mejor. Se ha demostrado que la gente que aumenta su nivel de testosterona antes de una negociación, llegará a un acuerdo mejor. Así que todos podéis aprender a aumentar vuestro nivel de testosterona. Y lo tercero que demostró es que la gente que aumenta su nivel de testosterona antes de una entrevista de trabajo, tiene más posibilidades de conseguir el puesto. Genial. La testosterona está conectada con la seguridad, por supuesto. Si hay dos personas en una entrevista y una parece más segura que la otra, pero tienen las mismas habilidades, seguramente escogerás a la segura, a menos que se confíe demasiado. ¿Cómo podéis aumentar vuestra testosterona antes de una entrevista, una presentación o una negociación? Haced esto: antes de entrar en la entrevista o la presentación, poneos unos cascos, escuchad la música más fuerte y cañera que tengáis, que despierte vuestra agresividad, vuestra hambre, que os convierta en guerreros. ¿Sabes a lo que me refiero? Os la ponéis y la escucháis. Luego intentad pensar en vuestra victoria, en conquistar, en arrasar, como si ya hubierais superado la entrevista, ya lo tenéis. Esas ideas os ayudarán a aumentar la testosterona. Yo hago eso cuando tengo presentaciones y charlas. Hablo ante 10.000 personas. Me escondo tras la cortina y me paseo como si fuera el rey del mundo. Camino así. Nadie me ve hacerlo. Escucho música, pienso lo que os he dicho y camino así. Y entonces empiezo a respirar de forma enérgica, algo así. Al pasearme así, escuchando música, elevo mis niveles de testosterona y hablo diferente, camino diferente, miro diferente. Pero la gente que no sabe esto, entra en la misma entrevista y quizás por no conocer ese truco, pierde el trabajo. La actitud es precisamente esto. Ese es un ejemplo de actitud: aumentar la testosterona. Pueden hacerlo hombres y mujeres.

Pasemos al contenido. El mayor error de contenido que se comete en presentaciones, en una cita o hablando en público, es hablar de lo que nos interesa a nosotros. Ese es el problema. Si quieres captar la atención, habla de lo que quiere escuchar el otro. Para las presentaciones, deberías preguntarte en todas las hojas del PowerPoint: "¿Por qué le interesa a la gente a la que hablo?". Si no sabes la respuesta, desecha esa diapositiva. Si tienes una cita que dura 2 horas y te la pasas hablando de lo que te interesa a ti, no durará mucho más la relación, no seguirá. Debe haber un equilibrio, ambas partes deben mostrar interés. ¿Por qué debes sentir interés? Porque en cuanto lo haces, aumenta la dopamina y la dopamina nos deja sedientos de más. Dame más. Para que nos entendamos, si estáis en clase, en una reunión o en el trabajo, viendo una presentación penosa, el ponente no está generando dopamina en su público. No es lo bastante relevante. Eso es el contenido. Yo lo llamo ser instintivamente interesante.

Ya tenéis la mentalidad, la testosterona, como en el ejemplo de antes. El contenido, preguntarse por qué interesa al otro. La tercera son las habilidades comunicativas. Ya os he dado dos, ¿verdad? Ladear la cabeza y asentir para mostrar interés y empatía. Muy bien. Imaginaos la tabla periódica. Ese es el aspecto de las 110 habilidades de la excelencia. Así es mi charla de Ted. Son 110 habilidades. Ya tenéis dos. Os daré otra, la 45. Esa es buena, es una de las mejores de entre las 110. Vale, ahora veré si habláis y dejáis las manos así. No creáis ningún vínculo, no despertéis pasión, no despertéis interés. Pero si os animáis a usar las manos para hablar y decir: "Estas son la primera, la segunda y la tercera parte", todo cobra vida. La habilidad 45. A los españoles se os da bien hablar con las manos. Decir que algo es mejor o peor. Quiero enfatizar esto. Hablaremos de cinco cosas: la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y finalmente la quinta. Puede aumentar, pero también puede mermar. Me gusta tu bufanda, me gusta tu blusa, bonito color, me gusta tu conjunto, bonito color. Estoy haciendo gestos, interactúo con la gente. Así que la pregunta es: ¿es tan poderoso? ¿Por qué es la mejor habilidad de las 110? Os explico. No sé cómo quedará esto traducido, pero voy a decir una cosa y a mostrar otra. Pensad con qué conecta vuestro cerebro. Porque algunos dicen que el lenguaje corporal es importante, otros que no, otros que es lo más importante, otros que es igual que las palabras. Fijaos en esto. Todos deberíais aprender sobre comunicación. Si aprendéis sobre comunicación, lo haréis mejor. La gente os escuchará encantada, escucharán vuestras palabras, mirarán vuestros PowerPoints, a vosotros, les encantará todo lo que digáis. Por favor, aprended más sobre estas habilidades. Seréis impresionantes. Por favor, aprended habilidades comunicativas. Os lo digo a vosotros que sois lo más. Decidme, ¿qué os ha calado más? Todo lo que he dicho era positivo, todas mis expresiones faciales eran positivas, pero mis manos decían lo contrario. Yo creo que han ganado las manos. Cuando la gente se comunica en presentaciones, como he dicho, en citas, en reuniones, no hace muchos gestos funcionales. La habilidad 45. Pero como he dicho, a los latinos, esto se os da muy bien. Usáis gestos funcionales. Yo soy de Suecia, nosotros no somos así. Sin embargo, en España, y diría que en Francia e Italia, tendéis más a lo que llamo centrifugar. ¿Qué es centrifugar? La gente que hace esto cuando habla: "Luego iremos calle abajo y cuando lleguemos giraremos a la derecha, y cuando giremos a la derecha, pasaremos ante un bus", y siguen así. Esto es irritante, solo crea ruido. ¿Os gustaría que me quedara así toda la presentación? No es horrible. Así que, fíjate en cómo te comunicas. ¿Eres una lavadora o usas las manos para añadir, restar o enfatizar el valor? Por eso es tan potente la habilidad 45. Quiero daros un par de habilidades más, porque esto me encanta. Hagamos juntos un ejercicio. Cuando la gente hace gestos funcionales, suele ser demasiado tímida o rápida. A veces nos gustaría ser más seguros usando los gestos de forma correcta. Os sentiréis más seguros. Intentémoslo juntos. Poned la mano así. Quiero que digáis: "Enero, febrero, marzo, abril". Vuestro gesto es tímido, torpe y un poco rápido. Así que empezaremos por volverlo más claro: "Enero, febrero, marzo, abril". Sigue siendo tímido. Vamos a buscar seguridad ganando espacio. Empecemos desde aquí: "Enero, febrero, marzo, abril". La gente segura suele ir lenta, no se acelera. Pero si os ponéis nerviosos en una cita, una entrevista de trabajo o una presentación, os [Música] lento. Controlas la narrativa. Si ves a cualquier hombre o mujer con esa seguridad en una serie o una película, como la mujer o el hombre maravilla, James Bond, todos hablan y se mueven despacio. Denota que estoy aquí y que tengo el control. Así que cuando tengáis una presentación, una entrevista de trabajo o lo que sea, moveos lentamente, con gestos amplios y claros, ¿vale? Una habilidad más, la número 25. Esa es buena. La 25 puede cambiar la vida. Cuando la gente usa la 25, parece insegura, quizás hasta poco fiable. ¿Cuál es la habilidad 25? La duda. En vez de una pausa, hacemos... Lo más interesante es que si yo tuviera que pasarme una semana escuchándoos, ¿sabéis cuándo haríais más de vuestra "debitación"? ¿Cuándo hacéis el mayor número de vacilaciones? Cuando estáis nerviosos, preocupados, asustados, estresados, cuando os quedáis en blanco, cuando pensáis y cuando mentís. Hay siete razones negativas para estar dubitativos y solo una positiva. La gente que os escucha no sabe por qué dudáis. Os habréis perdido o estaréis mintiendo, estaréis pensando o inventando. Retirar las "debitaciones" es... nos vuelve más seguros. Y eso se nota. Digas lo que digas, la gente te creerá. Tendrás el control. Os pongo un ejemplo. Primero, lo diré sin pausas. Es una pregunta retórica. A ver qué tal. "Sabíais que todas las decisiones que habéis tomado en la vida y que tomaréis el resto de vuestra vida se basan en una sola cosa: las emociones". Pausas. "A-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a

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Hola, como decís vosotros, es un placer estar aquí y me alegra que vosotros estéis aquí. Gracias por preocuparos por las cosas que más importan en la vida. Hablo de la comunicación, el tema del que hablaremos.

Me llamo David JP Philips, soy orador, coach y escritor. Mi trayectoria empezó cuando me formé en comunicación hace 25 años, pero no fue hasta hace 12 años que un torrente de energía despertó en mí. Mi primera charla Ted está entre las más vistas del mundo. ¿Por qué la creé? ¿Por qué creé "Cómo evitar la muerte por PowerPoint"? Estaba en la escuela de mi hijo, él tenía unos 10 años, teníamos reunión de padres y maestros. Estábamos allí sentados cuando llegó la maestra y nos puso un PowerPoint. Era terrible, horroroso, tenía un montón de texto. Apagó la luz de la sala, sacó un puntero láser, se colocó a un lado y empezó a hablar monótonamente. Así estuvo 27 minutos delante de 20 padres. Mis órganos querían salirse de mi cuerpo. Fue horrible, horrible. ¿Y sabéis qué? Daba pena, pero la maestra de mi hijo creía que aquello era comunicarse bien. Horrible. Salí del aula, me fui a casa y me pasé tres meses creando mi charla Ted, "Cómo evitar la muerte por PowerPoint". Luego subiría al escenario a darla. Esa charla ahora tiene 5,2 millones de visitas y se usa en Yale, Harvard y Oxford para enseñar al profesorado a mejorar los PowerPoints. De ahí surgió esa energía.

Con el tiempo, me di cuenta de que PowerPoint no lo era todo. PowerPoint no era la respuesta a todas las preguntas. No tenía que haber algo más. Desarrollé un gran interés por contar historias. Descubrí que las historias controlan la narrativa de nuestra vida. Las historias en las que creéis se convierten en vuestra realidad. Y tú crees en una historia distinta de la tuya, y las historias en las que tú crees son distintas de las tuyas. Algunas son solo producto de vuestra mente, ni siquiera son ciertas, pero definen todo vuestro futuro. En el mundo de las ventas y el marketing, todo se basa en las historias, en sembrar ideas en la mente. Mira, haz esto, compra ese coche, deberías tener un Lamborghini, cómprate ese reloj. Nos meten historias en la cabeza. Cada uno las ve de una forma, pero define nuestro futuro. Así que creé mi segunda charla Ted, "La mágica ciencia de contar historias", que se convirtió en la más conocida del mundo sobre storytelling, también con más de 5,3 millones.

Y entonces descubrí otra cosa: el fascinante mundo del lenguaje corporal. Si me fijo en ti, veo que tienes la cabeza un poco ladeada hacia la izquierda. Me pregunto por qué ladeas la cabeza hacia la izquierda. ¿Ahora hacia la derecha? ¿Por qué algunos ladeáis la cabeza hacia la izquierda y la derecha? La pregunta es, ¿por qué? Y lo que es más interesante, ¿me afecta a mí? La respuesta es sí. Si se muriera tu hámster o tu conejillo de indias, yo automáticamente diría: "Oh, mostraría empatía". Como tú, que estás ahí sentada y también está sintiendo. Se llaman asentimientos afirmativos. Algunos también lo hacéis, sentís afirmativamente mientras hablo. Eso me afecta, por supuesto. Yo estoy aquí sentado, soy muchísimos. Lo hacéis inconscientemente, pero hacéis que me sienta mejor. Cuando asentís y ladeáis la cabeza, me dais ganas de hablar con vosotros porque mostráis interés. Estas habilidades me parecen fascinantes: ladear la cabeza a ambos lados y asentir. Y se las enseñé a personas que se preocupaban por su entorno, pero no lo mostraban. Se interesaban por otras personas, pero no lo mostraban. Les di esas dos habilidades. A las dos o tres semanas volvieron y me dijeron: "Qué fuerte, David, la gente ha conectado más conmigo estas semanas. La gente se ha abierto más conmigo que nunca. Me siento más unido a los demás que nunca". Y no es de extrañar. Si te quedas mirando a alguien así, esperando que hablen y conecten contigo, no va a pasar.

Así que pensé: tenemos dos habilidades. ¿Habrá más? Voy a mirar a vosotros. ¿Habéis visto las series y las pelis de Sherlock Holmes? Sherlock Holmes, cuando mira gente, ¿hace? Los analiza así. Funciona mi cerebro. Cuando os miro, me fijo en quién tiene las piernas cruzadas, quién las tiene abiertas, quién sonríe, ladea la cabeza, cruza los brazos, cierra las manos, etcétera. Así que me pregunté: ¿cuántas habilidades hay? Entré en internet y busqué: "¿Cuáles son todas las habilidades del lenguaje corporal y verbal humano?". Miré algunos libros, eran bastante exhaustivos, pero no me quedé satisfecho. Decidí pasarme 7 años estudiando a 5.000 oradores hasta encontrar todas las habilidades posibles. 7 años después, dejé de encontrar nuevas. ¿Y cuántas encontré? Encontré 200 habilidades. Logré reducirlas a 110 habilidades básicas. Y esa es mi tercera charla Ted, "Los 110 pasos para una comunicación excelente". Y sabéis qué es lo más aterrador: ¿cuántas creéis que usa una persona media al comunicarse? ¿Cuántas habilidades pensáis? Decid un número. ¿Cuántas podrían ser? Intentadlo. Pero tiene que ser en inglés.

"20", por ahí. ¿Alguien más? "10". Tened en cuenta que incluso muertos, ya tenemos siete habilidades. Tienen que ser 10 como mínimo. El número es 25. La cantidad media de habilidades en una persona es 25 de entre 110. Y luego nos preguntamos por qué hay malentendidos o por qué nos aburre la comunicación. Decimos: "¿Por qué tengo que repetirlo una y otra vez?". Porque has usado muy pocas habilidades. Una de esas habilidades son las expresiones faciales. ¿Sabías que solo uno de cada 20 tiene un repertorio completo de expresiones faciales? Uno de cada 20. Eso significa que tres o cuatro de vosotros tenéis una excelente expresión facial. Si estáis convencidos, lo veo. Si estáis preocupados, lo veo. Si estáis nerviosos, lo veo. Pero otros tenéis un menor nivel de expresión facial y no os pillo. No sé si estáis nerviosos o contentos. Alguien así puede ser malinterpretado a menudo en una relación. Y lo peor de todo es que estudios recientes demuestran que cada vez se nos da peor la expresión facial. ¿Por qué? Han llegado a la conclusión de que muchos padres y madres miran menos a sus bebés a la cara que antes. ¿Y entonces qué miran? Sus móviles. Los bebés no perciben tantos ejemplos de expresión facial como antes. La cosa no está mejorando, todo lo contrario.

Esas fueron mis tres charlas Ted. Y estoy a punto de sacar otra. Creo que esta será la última frontera. Hablará de la mentalidad. ¿Afecta nuestra mentalidad a la comunicación? ¿Afecta? Tienes una presentación, por ejemplo, y subes a la tarima, entras al aula. Repites mentalmente: "Quiero hacerlo, sacadme de aquí, odio esto, ojalá no me hagan preguntas, voy a hacer el ridículo". Esa actitud influirá en tu presentación y tu comunicación, por supuesto. La ciencia dice que si en lugar de eso nos decimos: "Estoy emocionado", y lo repetimos durante la presentación: "Estoy emocionado", presentamos mejor, cantamos mejor, hasta cantamos mejor objetivamente en el karaoke, solo por decir "estoy emocionado". Eso es un cambio de mentalidad. De eso tratará mi próxima charla Ted. Y de eso trata mi libro. Aunque, por desgracia, lo descubrí de la forma dura.

Hace unos 8 años, me preguntaba por qué no quiero a mis hijos. Me preguntaba por qué no quiero a mi mujer. Me preguntaba por qué deseo acabar con mi vida todos los días. Me preguntaba por qué mi vida no tiene sentido. Me di cuenta de que algo no iba bien. No sabía el qué, pero pensé: "Meditación". He leído sobre el tema, puedo intentarlo. Intenté meditar 20 minutos al día durante seis semanas. Y un día, en Suecia, de donde soy, cruzando el puente que hay frente a mi casa con mi mujer, algo que no había sentido nunca. ¿Os ha pasado últimamente una emoción totalmente nueva? Es poco frecuente. Me detuve y mi mujer me miró diciendo: "¿Qué ocurre?". Intenté explicarle la emoción. Me caían las lágrimas. Ella me miró y dijo: "Eso suena a felicidad". Y entonces me di cuenta de que no recordaba la última vez que había sentido aquello. Poco después, descubrí que llevaba deprimido 17 años. 17 años de vida que había perdido. 17 años de no querer ni a mis hijos, ni a mi mujer, ni a mí mismo, de no disfrutar de vivir la vida. Había caído tan lentamente en aquella depresión que me había olvidado, o más, no había dado cuenta. Horrible. Pero bueno, aquellos 5 minutos en el puente me motivaron más que nada, porque me di cuenta de que había algo más, algo llamado felicidad. Volví, hice todo lo que sabía que hace que un humano se sienta mejor: optimizar dopamina, oxitocina y serotonina. Un par de semanas después, alcancé unos 10 minutos de felicidad y luego se fue. Más tarde, alcancé 30 minutos de felicidad y se fue. Un año después, algo cambió y conseguí igualar la cantidad de minutos oscuros a la de minutos de luz. Fue el mejor año de mi vida, el mejor. No he vivido nada igual. Por muchos hijos que tenga, no habrá nada comparable con pasar de la depresión a la felicidad. Aquel año iba por ahí oliendo cosas: flores, insectos, piedras, la hierba, a la gente. Saboreé. Abracé a mis hijos más que nunca. Pero de eso hace 7 años, como he dicho. Todo tuvo que ver con mi mentalidad errónea y me sumí en lo que acabaría convirtiéndose en mi último libro, "Las seis hormonas que van a revolucionar tu vida", traducido ya a 32 idiomas y que también está en español.

Me alegro mucho de que estéis aquí. Me alegra que os preocupéis por las cosas que importan en la vida. Como he dicho antes, gracias por venir. Por favor, compartid este conocimiento con todo el mundo, porque la vida vale la pena. Y ese es un resumen de quién soy. Por favor, disparad todas las preguntas que tengáis.

Hola, me llamo Elena. Eres uno de los oradores mejores del mundo. Me gustaría saber cuáles son tus trucos. ¿Nos podrías dar algunos consejos para hacer que nuestras comunicaciones sean más eficaces?

Cuando yo pienso en la comunicación, pienso en tres perspectivas: M, C y H. Mentalidad y habilidades comunicativas. Si dominas las tres, llenarás el escenario, entrarás en cualquier sitio, rebosarás confianza, captarás la atención de casi todo el mundo, no de todo el mundo, pero de casi todo. M, C, H. Empecemos por la M, mentalidad. Tenéis una hormona llamada testosterona. La tienen hombres y mujeres. Se ha demostrado que la gente que aumenta sus niveles de testosterona antes de una presentación, la hace mejor. Se ha demostrado que la gente que aumenta su nivel de testosterona antes de una negociación, llegará a un acuerdo mejor. Así que todos podéis aprender a aumentar vuestro nivel de testosterona. Y lo tercero que demostró es que la gente que aumenta su nivel de testosterona antes de una entrevista de trabajo, tiene más posibilidades de conseguir el puesto. Genial. La testosterona está conectada con la seguridad, por supuesto. Si hay dos personas en una entrevista y una parece más segura que la otra, pero tienen las mismas habilidades, seguramente escogerás a la segura, a menos que se confíe demasiado. ¿Cómo podéis aumentar vuestra testosterona antes de una entrevista, una presentación o una negociación? Haced esto: antes de entrar en la entrevista o la presentación, poneos unos cascos, escuchad la música más fuerte y cañera que tengáis, que despierte vuestra agresividad, vuestra hambre, que os convierta en guerreros. ¿Sabes a lo que me refiero? Os la ponéis y la escucháis. Luego intentad pensar en vuestra victoria, en conquistar, en arrasar, como si ya hubierais superado la entrevista, ya lo tenéis. Esas ideas os ayudarán a aumentar la testosterona. Yo hago eso cuando tengo presentaciones y charlas. Hablo ante 10.000 personas. Me escondo tras la cortina y me paseo como si fuera el rey del mundo. Camino así. Nadie me ve hacerlo. Escucho música, pienso lo que os he dicho y camino así. Y entonces empiezo a respirar de forma enérgica, algo así. Al pasearme así, escuchando música, elevo mis niveles de testosterona y hablo diferente, camino diferente, miro diferente. Pero la gente que no sabe esto, entra en la misma entrevista y quizás por no conocer ese truco, pierde el trabajo. La actitud es precisamente esto. Ese es un ejemplo de actitud: aumentar la testosterona. Pueden hacerlo hombres y mujeres.

Pasemos al contenido. El mayor error de contenido que se comete en presentaciones, en una cita o hablando en público, es hablar de lo que nos interesa a nosotros. Ese es el problema. Si quieres captar la atención, habla de lo que quiere escuchar el otro. Para las presentaciones, deberías preguntarte en todas las hojas del PowerPoint: "¿Por qué le interesa a la gente a la que hablo?". Si no sabes la respuesta, desecha esa diapositiva. Si tienes una cita que dura 2 horas y te la pasas hablando de lo que te interesa a ti, no durará mucho más la relación, no seguirá. Debe haber un equilibrio, ambas partes deben mostrar interés. ¿Por qué debes sentir interés? Porque en cuanto lo haces, aumenta la dopamina y la dopamina nos deja sedientos de más. Dame más. Para que nos entendamos, si estáis en clase, en una reunión o en el trabajo, viendo una presentación penosa, el ponente no está generando dopamina en su público. No es lo bastante relevante. Eso es el contenido. Yo lo llamo ser instintivamente interesante.

Ya tenéis la mentalidad, la testosterona, como en el ejemplo de antes. El contenido, preguntarse por qué interesa al otro. La tercera son las habilidades comunicativas. Ya os he dado dos, ¿verdad? Ladear la cabeza y asentir para mostrar interés y empatía. Muy bien. Imaginaos la tabla periódica. Ese es el aspecto de las 110 habilidades de la excelencia. Así es mi charla de Ted. Son 110 habilidades. Ya tenéis dos. Os daré otra, la 45. Esa es buena, es una de las mejores de entre las 110. Vale, ahora veré si habláis y dejáis las manos así. No creáis ningún vínculo, no despertéis pasión, no despertéis interés. Pero si os animáis a usar las manos para hablar y decir: "Estas son la primera, la segunda y la tercera parte", todo cobra vida. La habilidad 45. A los españoles se os da bien hablar con las manos. Decir que algo es mejor o peor. Quiero enfatizar esto. Hablaremos de cinco cosas: la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y finalmente la quinta. Puede aumentar, pero también puede mermar. Me gusta tu bufanda, me gusta tu blusa, bonito color, me gusta tu conjunto, bonito color. Estoy haciendo gestos, interactúo con la gente. Así que la pregunta es: ¿es tan poderoso? ¿Por qué es la mejor habilidad de las 110? Os explico. No sé cómo quedará esto traducido, pero voy a decir una cosa y a mostrar otra. Pensad con qué conecta vuestro cerebro. Porque algunos dicen que el lenguaje corporal es importante, otros que no, otros que es lo más importante, otros que es igual que las palabras. Fijaos en esto. Todos deberíais aprender sobre comunicación. Si aprendéis sobre comunicación, lo haréis mejor. La gente os escuchará encantada, escucharán vuestras palabras, mirarán vuestros PowerPoints, a vosotros, les encantará todo lo que digáis. Por favor, aprended más sobre estas habilidades. Seréis impresionantes. Por favor, aprended habilidades comunicativas. Os lo digo a vosotros que sois lo más. Decidme, ¿qué os ha calado más? Todo lo que he dicho era positivo, todas mis expresiones faciales eran positivas, pero mis manos decían lo contrario. Yo creo que han ganado las manos. Cuando la gente se comunica en presentaciones, como he dicho, en citas, en reuniones, no hace muchos gestos funcionales. La habilidad 45. Pero como he dicho, a los latinos, esto se os da muy bien. Usáis gestos funcionales. Yo soy de Suecia, nosotros no somos así. Sin embargo, en España, y diría que en Francia e Italia, tendéis más a lo que llamo centrifugar. ¿Qué es centrifugar? La gente que hace esto cuando habla: "Luego iremos calle abajo y cuando lleguemos giraremos a la derecha, y cuando giremos a la derecha, pasaremos ante un bus", y siguen así. Esto es irritante, solo crea ruido. ¿Os gustaría que me quedara así toda la presentación? No es horrible. Así que, fíjate en cómo te comunicas. ¿Eres una lavadora o usas las manos para añadir, restar o enfatizar el valor? Por eso es tan potente la habilidad 45. Quiero daros un par de habilidades más, porque esto me encanta. Hagamos juntos un ejercicio. Cuando la gente hace gestos funcionales, suele ser demasiado tímida o rápida. A veces nos gustaría ser más seguros usando los gestos de forma correcta. Os sentiréis más seguros. Intentémoslo juntos. Poned la mano así. Quiero que digáis: "Enero, febrero, marzo, abril". Vuestro gesto es tímido, torpe y un poco rápido. Así que empezaremos por volverlo más claro: "Enero, febrero, marzo, abril". Sigue siendo tímido. Vamos a buscar seguridad ganando espacio. Empecemos desde aquí: "Enero, febrero, marzo, abril". La gente segura suele ir lenta, no se acelera. Pero si os ponéis nerviosos en una cita, una entrevista de trabajo o una presentación, os [Música] lento. Controlas la narrativa. Si ves a cualquier hombre o mujer con esa seguridad en una serie o una película, como la mujer o el hombre maravilla, James Bond, todos hablan y se mueven despacio. Denota que estoy aquí y que tengo el control. Así que cuando tengáis una presentación, una entrevista de trabajo o lo que sea, moveos lentamente, con gestos amplios y claros, ¿vale? Una habilidad más, la número 25. Esa es buena. La 25 puede cambiar la vida. Cuando la gente usa la 25, parece insegura, quizás hasta poco fiable. ¿Cuál es la habilidad 25? La duda. En vez de una pausa, hacemos... Lo más interesante es que si yo tuviera que pasarme una semana escuchándoos, ¿sabéis cuándo haríais más de vuestra "debitación"? ¿Cuándo hacéis el mayor número de vacilaciones? Cuando estáis nerviosos, preocupados, asustados, estresados, cuando os quedáis en blanco, cuando pensáis y cuando mentís. Hay siete razones negativas para estar dubitativos y solo una positiva. La gente que os escucha no sabe por qué dudáis. Os habréis perdido o estaréis mintiendo, estaréis pensando o inventando. Retirar las "debitaciones" es... nos vuelve más seguros. Y eso se nota. Digas lo que digas, la gente te creerá. Tendrás el control. Os pongo un ejemplo. Primero, lo diré sin pausas. Es una pregunta retórica. A ver qué tal. "Sabíais que todas las decisiones que habéis tomado en la vida y que tomaréis el resto de vuestra vida se basan en una sola cosa: las emociones". Pausas. "A-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a-a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A la cita seréis esa versión vuestra, atenta, serena y presente. Escucharé más atentamente a la otra persona. Creo que lo peor que podéis hacer es estar esperando a vuestra cita, el móvil, entrar en TikTok, en Snapchat, en YouTube, estar así que de repente entre y os quedéis: "Hola". Os habréis enganchado a la dopamina y la conversación parecerá más lenta que si no hubierais hecho eso. Cuando empiece a pareceros lenta, comenzaré a mirar a todas partes y pareceré impaciente. Parecerá que os da igual. Dudo que esa sea la versión que queréis. Quedaos con eso.

Hay muchas versiones de vosotros. Creo que mucha gente es igual en todas partes, no escogen quiénes son. Pero cuando escogemos, podemos convertirnos en la mejor versión para cada situación. Quizás eso salve la cita y te consiga otra y otra. Durante esas citas, podrás mostrar tus otras versiones: la de la dopamina y la del cortisol, o la triste. Pero si empiezas por la triste, puede que ella no quiera más citas. Vale, sois quienes escogéis ser.

Gracias, David. Ha sido un placer escucharte hoy. Has hablado sobre ciencia, has hablado sobre storytelling, y lo que nos gustaría saber es: ¿cuál es la ciencia del storytelling? Vosotros contáis historias, ¿sí? Bien, intentaré poneros en contexto. ¿Cuántos habéis contado más de 10 historias hoy? Levantad la mano. Bien. Me temo que estáis todos equivocados. ¿A qué me refiero? No he preguntado cuántas historias habéis contado al resto. ¿Cuántas habéis contado? ¿Cuántas historias habéis contado aquí? ¿Cuántos momentos habéis revivido del pasado? ¿Qué pasó la última vez que visteis a esa persona? ¿Y la última vez que estuvisteis allí? ¿Cuántos habéis simulado el futuro con historias? "Cuando llegue a ese sitio, me iré a las 9, haré eso, aquello". ¿Cuántos? Más de 10 veces, seguro. Más de 100, claro. Seguramente hacéis miles de simulaciones al día. Os contáis miles de historias al día. Miles. Revivís el pasado y simuláis el futuro para entender el presente. No hay otra forma de comunicarse con el cerebro. No os comunicáis con diapositivas de PowerPoint. No, no hay un PowerPoint proyectándose en vuestra mente. No habláis a vuestra mente desde una perspectiva narrativa.

Todo este mundo se basa en las historias. Cuando habláis con la gente y usáis PowerPoint, tienen que traducirlo a una historia. Dais un rodeo tremendo. Contadles una historia. Cualquier momento de vuestra vida es una historia. Pero lo más importante en el storytelling es la dopamina. La dopamina es la clave del storytelling, porque la dopamina os hace pensar: "Dame más". Cuando acaba una serie, son las 11:30 de la noche y estáis viendo un episodio de una interesante serie de Netflix, ¿qué probabilidad hay de que digáis: "Uno más, solo uno más"? ¿Verdad? Porque os dejan en vilo y eso os hace pensar: "Dame más". Cualquier serie y cualquier película que os deje con ganas de más tiene dopamina.

Hagamos un experimento. Voy a contaros una historia, pero de dos formas distintas. Dura 25 segundos. La primera versión no tiene dopamina. La segunda tiene dopamina. ¿Cómo lo hago? Juzgad vosotros mismos. Ahí va la primera versión: "Por la mañana, miró a su derecha, se puso las zapatillas y caminó hasta la puerta que estaba abierta. Vio pisadas de agua en el suelo, cruzó el pasillo y salió al balcón. Se acercó a la barandilla y se asomó a la piscina". Fin. Es una historia, pero no contiene dopamina. Añadamos dopamina. Ahora, ver lo que no os he dicho es que es una historia real. Le ocurrió a un amigo mío. Una mañana se levantó, miró a su derecha y vio que la cama estaba vacía. ¿Dónde estaba su hijo? El pulso se le aceleró. Se puso las zapatillas y corrió hacia la puerta. Estaba abierta. Él había cerrado. Salió al pasillo y gritó para sus adentros cuando vio las pisadas mojadas que iban del baño hacia la piscina. Corrió por el pasillo como nadie lo ha hecho nunca, gritando por dentro. Salió al balcón, se acercó a la barandilla, se asomó a la piscina y entonces me llamó desde el hospital. Me dijo: 'Fin'".

La segunda versión es la misma historia, pero queréis oír el final. A diferencia de la primera, aquí es fascinante. En el storytelling, la clave es generar dopamina, y eso se hace, recordad, cuando os vayáis dejando incógnitas. Así se hace. Ahora mismo tenéis muchas incógnitas. ¿Por qué se le aceleró el pulso? ¿Quién estaba en la piscina? ¿Qué edad tenía el hijo? ¿Por qué llamó desde el hospital? Habéis pasado incógnitas que vuestro cerebro quiere responder. Eso es el storytelling: crear esa sensación de "dame más". Y esa es la ciencia del storytelling. La dopamina es un neurotransmisor que podemos crear en los demás generando intriga. ¿No es genial? Y podría seguir con este ejemplo, añadiendo oxitocina, serotonina. Puedo añadir otras sustancias en historia, puliéndola, cambiándola. Y eso es lo bonito del storytelling, porque es la vida. Si hay una habilidad comunicativa que deberíais dominar es la de contar historias. Después de cenar, contad una historia. Si se os da bien, os escuchará todo el mundo. Si sois profesores y contáis bien una historia, la clase se quedará en silencio. Si sois los encargados de una gran empresa e intentáis motivar a los empleados con una buena historia, triunfaréis. No hay nada mejor que el storytelling, porque es como vemos el mundo.

Creo que es importante no fustigarnos, fustigarnos por no estar en nuestro mejor momento con nuestro alrededor. Es importante recordar que nunca en toda la historia lo ha tenido tan difícil el cerebro. Nunca en toda la historia ha sido tan difícil vivir para el cerebro. Nuestros ancestros hace 5.000 años lo tenían fácil, hace 10.000, más fácil aún, hace 20.000, pan comido. Lo vuestro, lo más duro de toda la evolución. ¿Por qué? Porque os bombardean con estímulos constantemente. Os persiguen osos a todas horas. Cuando vais a hacer la compra, el 70% de la comida no es saludable. No coméis bien. No podemos acostarnos a nuestra hora por la luz artificial, los ritmos circadianos se nos desregulan. Entramos en apps de ligar y cuando la gente nos ignora, es como una puñalada. El cerebro humano nunca lo había tenido tan difícil. Fustigaos si no estáis al 100% todos los días.

Pero dicho esto, es vuestro derecho y vuestro deber aprovechar al máximo. Si aprendéis a controlar estas sustancias, aprenderéis a ser felices en este mundo, porque nuestro mundo es maravilloso. Tenemos coches increíbles, aves que nos llevan donde nuestros ancestros solo podían soñar. Podemos aprender lo que sea, podemos ser lo que sea. Nuestro mundo es mejor que nunca, pero es más difícil para nuestro cerebro. Depende de vosotros aprender a sobrellevarlo. La clave es el autoliderazgo.

[Música]

Dominando. A mí me salvó.

[Aplausos]

[Música]

Gracias.

[Música]