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Al ser humano no le gusta el dolor. Siempre ha intentado librarse de él, pero ni las medicinas ni la anestesia que conocemos han existido siempre. Entonces, ¿te imaginas pasar por una operación quirúrgica sin anestesia? Impensable en la actualidad. Lo normal en prácticamente toda la historia de la humanidad. Y es que la anestesiología es bastante reciente. Pero aún así, hacían trepanaciones, cortaban miembros e incluso practicaban la cirugía estética. ¿Cómo se las arreglarían para evitar el dolor? Eso es lo que te contaré en este nuevo vídeo de Historias Contadas. Yo soy Marta, ¡y empezamos ya!
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Todo empezó en la prehistoria. Y aunque no existan testimonios de operaciones, sí que se han encontrado en yacimientos arqueológicos restos de cráneos con trepanaciones o huesos con traumatismos. Y eso debió de doler bastante. Para evitar el dolor, tuvieron dos opciones: rezar con el chamán o a los dioses para que saliesen los demonios, algo que servía de poco, o drogar a la persona, que fue mucho más eficiente. Y lo hicieron empleando el herbolario, su conocimiento de las plantas. El uso de la adormidera, de la belladona o de la coca, según zonas, ayudaron a evitar algo el dolor. De la supervivencia posterior, mejor no hablamos.
Y ese empleo de las plantas como narcóticos fue el único recurso que la humanidad se empleó durante milenios. Los sumerios en este se hablaban con la planta de la alegría. En Mesopotamia continuaron con lo mismo y añadieron las hojas de mirto para los dolores de después. Consideraban el dolor como castigo divino, pero no era plan de sufrir por sufrir. Y los tratamientos médico-quirúrgicos quedaron recogidos en el Código de Hammurabi. En China fueron más originales con el uso de la acupuntura. Y en el Antiguo Egipto, además del opio, introdujeron la mandrágora para anestesiar. Igual que en Grecia, donde Discurides practicó amputaciones y curó heridas adormeciendo a los pacientes con brebajes de mandrágora o dándoles vino como su ruta. En la India, está claro que o te emborrachaban o te drogaban para anestesiarte. Y si no, como muestra lo que hicieron las civilizaciones antiguas americanas, que con la hoja de coca, la chicha o la natura consiguieron la anestesia completa o parcial. Hasta se les puede considerar como los iniciantes de la anestesia local con su cohoba, que colocaban en las heridas quirúrgicas con cal o ceniza y saliva del cirujano.
Plantas y más plantas. Si bien en el año 300 antes de Cristo, a los asirios y egipcios se les ocurrió algo bastante peligroso: practicar la hipoxia cerebral, que consiste en comprimir las carótidas del cuello hasta producir el desmayo. Así practicaban y también las operaciones de cataratas. ¿Cuántos se acabarían en el cementerio por apretar demasiado? Seguro que más de uno.
Como los que a partir del siglo XIII cayeron en un plazo de adormecimiento con la esponja soporífera. Oops, no es de esta esponja. Más bien son estas setas. En la Universidad de Bolonia, el fraile teórico Luca se hizo famoso quirúrgicamente por el uso de estas esponjas empapadas en mandrágora, opio, cicuta y vélez. Se colocaban bajo la nariz del paciente y éste, con los vapores, entraba en un profundo sopor. Para despertarlo después, hacían respirar vinagre empapado en otra esponja y, ya de paso, le daban un par de tortas para que recuperasen la consciencia. Una técnica útil que se empleó unos tres siglos más. Aunque al parecer, en España, la Inquisición la prohibió durante una larga temporada por considerarla una práctica diabólica. Pobres incultos.
Y que por suerte desaparecieron y que mala suerte para la medicina. La escasez de conocidos del médico Paracelso. En un momento de su vida se le ocurrió poner en la comida de las gallinas un aceite llamado "vicio lo dulce", descubierto tiempo atrás, y vio cómo estos animales caían en un profundo sueño. Pero no supo emplear el descubrimiento en la medicina y sus conclusiones acabaron perdiéndose, retrasándose así la aparición de la anestesia moderna. Una auténtica pena, porque hubo que esperar al siglo XVIII para que se produjesen nuevos avances anestésicos con la inhalación de gases.
En 1774 se descubrió el óxido nitroso, pero en esos momentos se consideró como un gas venenoso y no se empleó en las cirugías. Aunque curiosamente, 20 años después, un atrevido aprendiz de farmacia y ayudante de cirugía lo probó consigo mismo para quitarse el dolor de muelas. Lo inhaló y descubrió dos cosas: una, que ya no le dolía, y otra, que no podía parar de reír. En seguida defendió su uso como anestesiante, pero la idea fracasó por algo muy mundano. El nuevo gas, llamado "gas de la risa", se empezó a utilizar a modo de diversión en ciertas fiestas. Perdió credibilidad y no lo quisieron emplear en la medicina.
Por suerte, en esas fiestas no les dio por congelarse. Un método anestésico que durante la invasión napoleónica de Rusia fue muy útil. Los 19 grados bajo cero que llegaron a soportar permitieron a los médicos napoleónicos hacer amputaciones en el campo de batalla con mucho menos dolor para el herido. Y es que el frío también adormece, pero no es muy útil en condiciones más favorables. Y eso lo supo muy bien un joven cirujano británico que no soportaba los gritos de sus pacientes durante las intervenciones. Por eso hizo pruebas operando y anestesiando animales con CO2, pero luego no le dejaron probarlo con humanos. Y los gritos de horror continuaron sonando en las mesas de operación.
Es una pena que este joven cirujano falleciese pronto, porque no llegó a ver cómo en 1827 se empezó a comercializar la morfina, ni como en 1846 se produjo la primera operación con anestesia empleando éter. Un hecho curioso por sí mismo y digno de tener un futuro vídeo para él solito. Así que ya sabes, suscríbete al canal para no perderte lo.
A partir de esa operación sin nada de dolor es cuando surgió el término anestesia y se hicieron muchas otras empleando el mismo método. En el siglo XIX se extendió el uso del éter, también el del cloroformo. Y las mujeres descubrieron que para ellas, según los hombres, era mejor sufrir. ¿Dónde? En el parto.
En 1847 se inició una discusión sobre el empleo de la anestesia en los partos. El clero y muchos otros doctores, todos hombres, afirmaban que como el parto era un proceso natural, había que parir cuando para ellos era un mandato celestial. Pero no contaron con el parto de la reina Victoria de Inglaterra. El 7 de abril de 1853, para esta reina era su octavo embarazo y, junto a su médico, decidió no sufrir. Por lo que se le administraron pequeñas dosis de cloroformo con un pañuelo plegado sobre su nariz. Todo en el parto se desarrolló de maravilla y se acabó la discusión médica de si parir con dolor o sin él.
La anestesia a los nacimientos se puso de moda en las clases pudientes. También, tristemente, el empleo de la morfina, que se empezó a inyectar y volvió adictos a muchas personas. Lo mismo pasó con el opio y con una nueva sustancia extraída de la coca a la que llamaron cocaína. Las sustancias que en un principio aparecieron para aliviar los dolores quirúrgicos se terminaron convirtiendo en una diversión y adicción.
A partir de aquí, durante el resto del siglo XIX y en el XX, la anestesia, gracias a los nuevos conocimientos del organismo, se fue perfeccionando y haciendo más segura, hasta el punto de aparecer una nueva especialidad médica: la anestesiología, que nos permite hoy en día operaciones seguras y sin dolor. Toda una suerte.
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