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43 Juan 09:26-11:2 - a Traves de la Biblia

Ken Zenk1:01:00

Transcription

Continuamos hoy estudiando el capítulo 9 del Evangelio según San Juan. Y en nuestro programa anterior estábamos considerando la reacción de los padres del hombre que había sido ciego ante el milagro de Jesús. Y dejamos a este hombre que había sido sanado en la corte respondiendo al segundo interrogatorio que le hacían los judíos. Y la última respuesta que vimos en el versículo 25 que había dado este hombre que había sido sanado fue, "Una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo." Y dijimos que este es el testimonio de cualquier pecador que ha sido salvado. Habiendo yo sido ciego, ahora veo. Encontrándome yo en las tinieblas espirituales, ahora estoy disfrutando de la luz espiritual. Cuando antes andaba sin conocer a Cristo, ahora le conozco como mi salvador personal. Y amigo oyente, esta es la clase de testimonio que deseamos escuchar, porque el nudo o punto clave de cualquier testimonio es simplemente este. Habiendo sido yo ciego, ahora veo.

Continuamos hoy leyendo los versículos 26 al 29 de este capítulo 9 del Evangelio según San Juan. Le volvieron a decir, "¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él respondió, "Ya os lo he dicho y no habéis querido oír. ¿Por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?" Y le injurieron y dijeron, "Tú eres su discípulo, pero nosotros, discípulos de Moisés, somos." Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés, pero respecto a ese no sabemos de dónde sea.

Ahora vemos que los fariseos realmente se hallan en un apuro. Hacen los mejores esfuerzos por hallar, aunque sea un pequeño defecto del cual puedan aprovecharse para explicar el milagro que acaba de hacer Jesús. A ellos no les era posible explicarlo todo tan fácilmente como presumen hacerlo los teólogos y profesores incrédulos de hoy en día. Este hombre está allí mismo y él puede ver lo que hacen. Creemos que el hombre empieza a ver lo que hacen y se pone un poquito sarcástico. Claro que ellos no quieren ser los discípulos de Jesús, le odian. Y el hombre comprende esto, pero pregunta con sarcasmo si es que a ellos les gustaría ser sus discípulos. hace otra observación interesante. Ahora, los fariseos no solo son tan ciegos que no pueden ver la luz del mundo, sino que también son sordos y por tanto tampoco pueden oír.

Continuemos con los versículos 30 al 34. Respondió el hombre y les dijo, "Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a ese oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si este no viniera de Dios, nada podría ser." Respondieron y le dijeron, "Tú naciste del todo en pecado y nos enseñas a nosotros." Y le expulsaron. Las autoridades religiosas le injuriaron. Y usted puede notar una vez más que cuando los hombres no tienen una respuesta, empiezan a usar la burla y la mofa. En realidad, ellos mismos eran los responsables de que el ciego que fue sanado siguiera un razonamiento lógico y llegase a la conclusión de que solo un hombre de Dios podría hacer tal milagro. En este hombre no había ninguna duda de que había sido sanado y por tanto está más y más convencido de que este hombre, Cristo Jesús, es de Dios. Ahora, recuerde usted que él todavía no había visto a Jesús. Estos líderes religiosos no tienen pues una respuesta. No pueden satisfacer el argumento ni dar una explicación satisfactoria. Los hechos les confunden y les contradicen. ¿Qué hacen entonces? Pues optan por expulsar al hombre. Estas autoridades religiosas debían haberle aceptado, pero en lugar de eso se enojaron y le expulsaron, es decir, le excomulgaron. Ahora, eso era una cosa terrible en aquel día. Esta excomunión le excluía del templo y también le excluía de poder participar en la vida comercial. Francamente hacía de él un parya. Era como si fuese un leproso porque quedaba excluido de todo lo religioso y social.

Pero note usted lo que ocurre ahora. El Señor Jesús aparece en escena. Leamos los versículos 35 al 38. Oyó Jesús que le habían expulsado y hallándole le dijo, "¿Crees tú en el Hijo de Dios?" Respondió él y dijo, "¿Quién es, Señor, para que crea en él?" Le dijo Jesús, "Pues si has visto y el que habla contigo, él es." Y él dijo, "Creo, Señor." Y le adoró.

Tenemos aquí la escena en que este hombre que ha sido sanado tiene su encuentro con Jesús. Este hombre había defendido al Señor Jesús y había ganado en argumento, pero las autoridades religiosas le habían expulsado del templo. Y es cosa maravillosa que precisamente ahora el Señor Jesús se le acerca. Y amigo oyente, Jesús es quien siempre busca al hombre. El Señor ha preparado a este hombre por todo el camino. Ahora es necesario poner su fe en el Hijo de Dios. Y el Señor llega entonces donde él con esta pregunta crucial. ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Es que el hombre ha pasado por experiencias que le han fortalecido, han aclarado su modo de pensar. El Señor sabe que él está listo para dar este paso final. Este hombre es tan amplio, tan honesto y sincero. Pregunta, ¿quién es el hijo de Dios para que crea? Se puede ver la ansiedad espiritual de este hombre. Quiere seguir más adelante. Quiere llegar a conocer a Jesús, el Cristo, o sea, el Mesías prometido. Jesús le aseguró que podía ver al Hijo de Dios y que era el mismo hijo de Dios que le estaba hablando. El hombre entonces creyó y le adoró. Este es uno de los casos más bellos de la fe que tenemos en toda la palabra de Dios. Nuestro Señor Jesucristo llevó a este ciego paso a paso y le trajo a sus pies a fin de que pudiera decir, "Creo, Señor." Y le adoró. Así son los pasos que todo pecador debe dar. En el principio todos somos ciegos. Somos pecadores perdidos y ni aún vemos nuestra condición perdida. Luego llegamos a Cristo. Él se revela a nosotros y nuestros ojos son entonces abiertos y vemos quién es y lo que él ha hecho por nosotros. Luego la pregunta es, ¿cree usted la respuesta de este hombre también puede ser la respuesta suya, amigo oyente, si es que usted quiere ser salvo. Creo, Señor, y usted entonces se postrará delante de él para adorarle.

Leamos ahora el versículo 39 de este capítulo 9 de Juan. Dijo Jesús, "Para juicio he venido yo a este mundo, para que los que no ven vean y los que ven sean cegados." Esta declaración parece extraña. El Señor dice que hay quienes tienen ojos pero que no ven. Tienen los ojos físicos y ven las cosas solo desde el punto de vista físico, pero son ciegos espiritualmente. Si un hombre confiesa que es ciego y viene a Jesús como ciego, Jesús le da discernimiento espiritual. El apóstol Pablo escribe en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. Amigo oyente, si usted ha entrado en la presencia del Señor Jesús, si ha entrado en la presencia de la luz del mundo, pero todavía dice, ¿qué es la verdad? o simplemente no veo que él sea mi salvador o simplemente no comprendo de lo que se trata, entonces usted no ve todavía es ciego espiritualmente. Los fariseos tenían ojos, creían que veían. Eran hombres religiosos y celosos, pero continuaban siendo ciegos. Los paganos están perdidos, están en las tinieblas. Sin embargo, el Señor lleva a cada hombre por una serie de pasos. Si hay cualquier hombre que quiera saber de Jesús y que viva en una tierra pagana, estamos seguros que el Señor le alcanzará con el evangelio. El hombre que se sienta en un banco de la iglesia y oye predicar la palabra de Dios y la proclamación del evangelio está en la presencia de la luz. Esa luz revela su ceguera. Jesús dijo allá en Mateo 6:23, "Así que si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?" Si usted sabe las verdades en cuanto a Jesucristo, la luz del mundo, pero no las cree, amigo oyente, es ciego y absolutamente no hay nada más que ofrecerle. Si usted ha estado en la presencia del Salvador del mundo y le ha rechazado, no hay entonces otro salvador que ofrecerle.

Continuamos leyendo ahora los versículos 40 y 41 de este capítulo 9 del Evangelio según San Juan. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él al oír esto le dijeron, "¿Acaso nosotros somos también ciegos?" Jesús les respondió, "Si fuerais ciegos, no tendríais pecado. Mas ahora, porque decís vemos, vuestro pecado permanece." Comenzamos con un ciego que fue sanado a fin de que viera tanto física como espiritualmente. Y terminamos con las autoridades religiosas que estaban trágica y completamente enseguecidas, pero que creían que podían ver. En la misma presencia de Cristo, en la presencia de la luz, en la presencia de la revelación de Dios, dijeron que no tenían ningún pecado. Son ciegos y sin embargo dicen que ven. ¿Sabe usted que algunas de las personas más dogmáticas en sus creencias hoy en día son los ateos y aquellos que muestran más devoción a un culto? Dicen que ven, pero son ciegos. rechazan al Señor Jesucristo y por eso su pecado continúa. Amigo oyente, si usted previamente ha rechazado a Jesucristo o si nunca antes le ha aceptado, abra su corazón y su mente para recibirle ahora mismo. Acompañe al que había sido ciego y diga, "Una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Creo, Señor, y entonces adore como él adoró a Jesús."

Y bien, así concluimos nuestro estudio del capítulo 9 del Evangelio según San Juan. Entramos ahora al capítulo 10. Este capítulo es uno de los puntos culminantes de un libro en el cual cada capítulo es sumamente interesante. Creemos que este capítulo 10 del Evangelio según San Juan es uno de los más importantes en toda la Biblia. Este es el capítulo que tiene que ver con el buen pastor y con el hecho de que él, Jesús, es la puerta del redil. Sin más, entonces, comencemos nuestro estudio leyendo los primeros dos versículos de este capítulo 10. De cierto, de cierto os digo, el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

Los antiguos rediles de aquel entonces todavía existen en muchos pueblos en aquella tierra. Había un redil público y por la noche todos los pastores que vivían en aquel pueblo traían sus ovejas al redil para pasar la noche allí. Su costumbre era entregar las ovejas al portero del redil, quien las cuidaba, y entonces se iban a sus hogares para pasar la noche. A la mañana siguiente, el portero dejaba entrar a los pastores y ellos entonces llamaban a sus ovejas. Cada pastor llamaba a sus propias ovejas y luego salía por la puerta del redilando todas sus ovejas.

Ahora, creemos que es conveniente aquí recordar que Jesús pronunció estas palabras inmediatamente después de lo ocurrido en el capítulo anterior. Allí las autoridades religiosas comienzan a rechazar públicamente a Jesucristo como su Mesías. Excomulgan del templo al ciego sanado por Jesús por su fe en él. Y por último preguntan si Jesús les está acusando de ser ciegos. Jesús establece sin lugar a dudas el hecho de que son ciegos en cuanto a lo espiritual. Y ahora con este discurso sobre la puerta del redil, presenta sus credenciales que lo identifican como el Mesías, el Hijo de Dios. El redil aquí representa la nación de Israel. Jesús les está diciendo que él entró por la puerta. Sigue diciendo que cualquiera que no entre por la puerta, sino que suba por otra parte, es un ladrón y salteador. Y esta es una alegación grande que Jesús hace aquí en cuanto a sí mismo. Él dijo que había entrado por la puerta, que había entrado legalmente, que entró en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, entró según lo establecido por la ley, como lo dice el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo 4, versículo 4, donde dice, "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley." Jesús entró por el linaje de David conforme a la profecía. Nació en Belén conforme a la profecía. No solo era del linaje de David, sino que también fue nacido de una virgen, conforme a la profecía de Isaías, en el capítulo 7, versículo 14. En el tiempo que nació era una vara del tronco de Isaí, conforme lo encontramos en Isaías 11:1. Ahora, esto es interesante. En aquellos tiempos, el linaje real de David había bajado al mismo nivel del campesino. No había más majestad real. Isaí también había sido un campesino en Belén. El hecho es que criaba ovejas. Su hijo David fue ungido y por tanto ese linaje llegó a ser el linaje real. Pero cuando nació el Señor Jesús era simplemente una vara del tronco de Isaí. Era simplemente un carpintero y hasta llevó la ropa de carpintero. Con cuánta precisión se cumplieron todas las profecías, amigo oyente. Y luego vino conforme a la ley mosaica. Le llevaron al templo cuando tenía 8 días. Vez tras vez, Jesucristo aclaró que no había venido para destruir la ley, sino para cumplirla. Él era el Mesías y así había entrado por la puerta. Ningún otro podía tener las credenciales que él tenía. Cualquier otro habría sido ladrón y salteador y habría tenido que subir por otra parte y no hubiera podido presentar credencial alguna. Y es precisamente en esta área que los líderes religiosos lo acusaban. Ellos no creían que él tenía las credenciales como para ser el Mesías. Por eso Jesús les dice en el versículo 25 de este capítulo 10, "Os lo he dicho y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí."

Continuamos ahora leyendo el versículo 3 de este capítulo 10 de Juan. A este abre el portero y las ovejas oyen su voz y a sus ovejas llama por nombre y las saca. El portero aquí es el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios vino sobre él. Y todo lo que hacía lo hacía mediante el poder del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo sabía que él tenía las credenciales que eran necesarias y por eso le dejó entrar en la nación de Israel para llamar a las ovejas del redil. Y las ovejas oyen su voz. Sus ovejas han respondido. Esto se relaciona con el capítulo anterior. Esos líderes religiosos eran ciegos espiritual y físicamente, y además eran sordos. Ni siquiera oyen su voz. Pero él llama a los suyos por nombre y los saca. El ciego, por ejemplo, le oyó llamar. Simón oyó llamar su nombre y Jesús le cambió el nombre por el de Pedro, que quiere decir piedra. Llamó a Santiago, a Juan, a Natanael y a Felipe. Se paró bajo un árbol siicómoro allá en Jericó y llamó a Saqueo. Llamó pues a sus ovejas por nombre. Y quisiéramos insertar aquí que nosotros creemos que cuando el Señor llame a los suyos del mundo durante el arrebatamiento o rapto de su iglesia, los muertos en Cristo serán levantados y nosotros que vivimos seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire. Creemos que entonces llamará por nombre a cada creyente. Creo que le oiré decir personalmente mi propio nombre y eso será maravilloso, amigo oyente, porque él conoce mi nombre. y me llamará en aquel entonces. Y si usted, amigo oyente, cree en él, también a usted le llamará y usted le oirá decir su propio nombre. Jesús, pues, saca las ovejas del redil de la nación de Israel, del judaísmo. Aquí los líderes religiosos ya habían expulsado al ciego del templo y Jesús va a sacar entonces esta oveja del judaísmo.

Leamos el versículo 4 de este capítulo 10 de Juan. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas. Y las ovejas le siguen porque conocen su voz. No solamente llama a sus ovejas por nombre, sino que también la saca. Ahora, en ese tiempo no marcaban a las ovejas con hierro candente. El pastor llamaba a las ovejas y las ovejas conocían su voz. El pastor la sacaba y ellas la seguían. Asimismo, sus ovejas le seguirán porque conocen su voz. Es una cosa maravillosa saber hoy en día que cuando se predica la palabra de Dios, Jesús está llamando a sus ovejas. El Espíritu de Dios es el portero que abre los corazones y las ovejas oyen. Por eso mismo nos gusta la transmisión por radio, porque las ovejas están esparcidas por muchas partes, pero oyen. Recibimos muchas cartas informándonos de lo siguiente. Oí y creí. Amigo oyente, él sacará a sus ovejas de algún sistema legal o quizá hasta de una iglesia y ellas le seguirán. Permítanos decir que no es posible engañar permanentemente a las ovejas de Dios. Es verdad que la oveja por un tiempo puede meterse en alguna secta falsa o en algún ismo, pero la oveja conocerá la voz del pastor. Desafortunadamente, hay demasiados predicadores hoy en día que tienen miedo, sí, señor, miedo de declararse a favor de la verdad. Sin embargo, donde quiera que la palabra de Dios sea fielmente predicada y enseñada, las ovejas la oirán. Podemos confiar en eso, porque nuestro Señor dijo allá en el versículo 27 de este mismo capítulo 10, "Mis ovejas oyen mi voz."

Continuamos ahora leyendo los versículos 5 y 6 de este capítulo 10 de Juan. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Creemos que es posible engañar al pueblo de Dios algunas veces, pero no creemos que es posible engañarlo todo el tiempo. Por un tiempo, las ovejas de Dios pueden creer que le oyen, pero con el tiempo descubren que no han estado oyéndole y entonces se vuelven a la enseñanza de la palabra de Dios porque conocen a su pastor. Es asombroso, amigo oyente. Ahora, el motivo por el cual algunas ovejas no oyen su voz es porque no son sus ovejas. Pero en donde quiera que hallemos a los que escuchan la palabra de Dios, podemos saber que son sus ovejas y da gusto saber que somos los hijos de Dios. Ahora, ha de notar que en algunas versiones de la Biblia encontramos la palabra parábola. Aquí en el versículo 6, la palabra griega para parábola es parabole y la palabra en este versículo es paroimia, que realmente significa alegoría. Y aquí quisiéramos señalar que el evangelio de Juan no registra ninguna de las parábolas de nuestro Señor Jesucristo. Registra las metáforas y las alegorías tales como yo soy la luz del mundo y yo soy el pan de vida. Estas no son parábolas, sino realidades. Son figuras para dejarnos saber algo acerca de Dios. Tienen por objeto darnos luz sobre la materia para que veamos y veremos a menos que seamos ciegos como eran estos líderes religiosos. Por tanto, debe leerse así aquí, esta alegoría, les dijo Jesús, así como la versión de Reina Valera la traduce. Pero vemos aquí que aún así los líderes religiosos no comprendieron lo que él les decía. Y aquí, amigo oyente, vamos a detenernos porque nuestro tiempo ha llegado a su fin por el día de hoy.

Continuamos hoy estudiando el capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Y en nuestro programa anterior estábamos hablando de la alegoría que hizo el Señor Jesús al redil contenida en los primeros seis versículos de este capítulo 10 de Juan. Y terminamos diciendo que en algunas versiones de la Biblia encontramos la palabra parábola aquí en el versículo 6. La palabra griega para parábola es parábole. Y la palabra en este versículo es paroimía, que realmente significa alegoría. Señalamos también que el evangelio de Juan no registra ninguna de las parábolas de nuestro Señor. Registra las metáforas y las alegorías tales como yo soy la luz del mundo y yo soy el pan de vida. Y dijimos que estas no son parábolas, sino realidades. Son figuras para dejarnos saber algo acerca de Dios y tienen por objeto darnos luz sobre la materia para que veamos y veremos a menos que seamos ciegos como eran estos líderes religiosos. Por tanto, debe leerse así aquí. Esta alegoría les dijo Jesús, así como la versión Reina Valera la traduce. Pero vemos aquí que aún así los líderes religiosos no comprendieron lo que Jesús les decía. Allá en el capítulo 13 del Evangelio según San Mateo, versículo 9, el Señor Jesucristo dijo, "El que tiene oídos para oír, oiga." Es posible tener oídos y sin embargo no oír a mi oyente. Ellos le oyen, estoy seguro, pero no le oyen como palabra de Dios. Esto es lo importante. Amigo oyente, ¿cómo le oye usted? Es de esta misma diferencia en el oír a la cual nuestro Señor se refirió cuando citó del profeta Isaías allá en el capítulo 13 de Mateo, versículo 14, diciendo, "De oído iréis y no entenderéis, y viendo veréis y no percibiréis."

Hasta aquí, pues, hemos hablado de la puerta del redil. Hablemos ahora de la puerta de las ovejas. Leamos los versículos 7 y de este capítulo 10 de San Juan. Volvió pues Jesús a decirles, "De cierto, de cierto os digo, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores, pero no los oyeron las ovejas."

Aquí Jesús da otra alegoría. Ha hablado en cuanto a la puerta del redil, pero ahora da otro paso y dice que él es la puerta de las ovejas. El Señor Jesús es la puerta para los que salen de Israel. Acaban de expulsar de la sinagoga al ciego. Fue echado fuera del redil. Inmediatamente el Señor Jesús vino a este hombre y se reveló a él. Cuando el Señor Jesús se reveló a este hombre, se constituyó en la puerta para él. Este hombre ha sido traído del redil al Señor Jesucristo para seguirle. Esta es la segunda gran verdad que nuestro Señor declara en este capítulo 10 de Juan. Hay un buen ejemplo de esta verdad allá en el libro de Éxodo, capítulo 33. versículos 7 al 11. De costumbre, el tabernáculo permanecía en el centro del campamento de Israel, pero después del pecado de los israelitas, Moisés decidió dejarlo alejado del campamento. Ahora, Moisés les dice que si quieren llegar a Dios, tienen que salir del campamento. Cualquiera que quisiera ser identificado con Dios tenía que apartarse del pecado de la nación de Israel. Nuestro Señor declarará este mismo principio allá en el capítulo 15 de este evangelio de Juan cuando dice, "Yo soy la vid verdadera, vosotros los pámpanos." La viduestamento era un cuadro de la nation de Israel. Jesús está diciendo que ya no es la relación con la nation de Israel, sino la relación con él, lo que significa la unión de los pámpanos con la vid. deben salir del judaísmo, de la ley, del ritualismo y deben venir a él. Está diciendo que él es la puerta por la cual tienen que entrar. Ahora, recuerde usted que está hablando con las autoridades religiosas y con el ciego. A propósito, algunos de estos mismos hombres acudieron a Jesús después de su resurrección. ¿Qué consuelo es para nosotros el hecho de que Jesús repite que las ovejas no seguirán a los ladrones y salteadores? Es posible que el nuevo creyente por un tiempo se meta en una secta falsa o o en un ismo, pero si es una verdadera oveja, seguirá al pastor.

Bien, y hablemos ahora de la puerta. Leamos los versículos 9 y 10 de este capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Yo soy la puerta. El que por mí entrare será salvo y entrará y saldrá y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. Jesucristo es el camino. Él es el único camino. Usted, amigo oyente, entra y sale por él. ha venido para traernos una vida abundante. Es por eso que el apóstol Pedro predicó que en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. El ladrón viene para hurtar, para matar y para destruir. Y creemos que esta es una buena prueba que se puede aplicar a una iglesia organización o programa radial que se diga ser evangélico. ¿Se está enriqueciendo alguien de esto? Jesús, amigo oyente, vino a salvar a los pecadores. Vino para darnos vida, una vida abundante.

Hagamos ahora un breve repaso de este pasaje. En el versículo 1 encontramos la puerta del redil. El redil es la nación de Israel. Jesús saca a sus ovejas del judaísmo, del dominio de la ley. En el versículo 7 tenemos la puerta de las ovejas. Jesús es la puerta para los que salen del judaísmo. Por ejemplo, el ciego no tuvo a dónde ir después de la excomunión. En el capítulo 2 de los Hechos, versículo 40, leemos, "Sed salvos de esta perversa generación." Ahora, en el versículo 9 aquí en Juan capítulo 14, tenemos la puerta misma. Él es la puerta de la salvación, tanto para el judío como para el gentil. En el capítulo 14 de este evangelio de Juan, versículo 6, Jesús dice, "Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí." Él es el camino hacia adentro. Él es el camino hacia el Padre. Él es la puerta de la salvación. Y llegamos ahora al cuarto punto de este mensaje de Jesús, el buen pastor. Leamos los versículos 11 hasta el 13 de este capítulo 10 de Juan. Yo soy el buen pastor. El buen pastor su vida da por las ovejas. Má se las haviado y que no es el pastor de quien no son propias las ovejas. Ve venir al lobo y deja las ovejas y huye. Y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye porque es asalariado y no le importan las ovejas.

Ahora, ¿cómo es posible que Jesús sea la puerta y el pastor al mismo tiempo? Bueno, no había puertas como las que tenemos en las casas hoy en día, ni tenían candado para guardar el redil. El hombre que lo guardaba dormía atravesado en la puerta, de modo que él mismo era la puerta. Jesús no es solamente la puerta, sino que también es el que se queda allí mismo en la entrada. Él es la puerta que conduce a la vida eterna y también es el que protege a los suyos. Jesús también es llamado el cordero de Dios. Ahora, ¿cómo puede ser el cordero de Dios y al mismo tiempo el buen pastor? Bueno, esto puede parecer una metáfora mixta, pero es una de las verdades más gloriosas en las Escrituras. Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, conforme lo vimos en el capítulo 1 de este evangelio, versículo 29. Bajó de la gloria y se identificó con nosotros los que somos las ovejas. El hecho de que llegó a ser un cordero acentúa la humanidad de Jesucristo. Al mismo tiempo, él es el buen pastor. Solo él es digno y poderoso para salvarnos. Y para poder hacer esto, no dejó de ser Dios. Esto, pues, acentúa la deidad de Jesucristo. Él es el buen pastor y como buen pastor da su vida por las ovejas. Esto corresponde al salmo 22 y lo cumple. Describe además su obra pasada. también es el gran pastor y esto corresponde al salmo 23, como dice el escritor a los hebreos en el capítulo 13 de su carta, versículos 20 y 21. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra, para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él. por Jesucristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Su obra hoy es vigilar o cuidar a sus ovejas. Ahora también él es el príncipe de los pastores y esto corresponde al salmo 24. El apóstol Pedro escribiendo en su primera carta, capítulo 5, versículo 4, dice, "Y cuando aparezca el príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria." Cuando él venga otra vez, amigo oyente, cuando aparezca el príncipe de los pastores, usted recibirá una corona de gloria. El asalariado no se preocupa por cuidar las ovejas. Los fundadores de las otras religiones del mundo hicieron muy poco por sus seguidores. Los líderes de sectas religiosas modernas realmente se están enriqueciendo a costa de sus seguidores. Pero el pastor, el verdadero pastor da su vida por las ovejas y las protege.

Leamos ahora los versículos 14 y 15 de este capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Dice el Señor, "Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y las mías me conocen, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre y pongo mi vida por las ovejas." Tenemos aquí una maravillosa relación. El apóstol Pablo escribió las siguientes palabras en su carta a los filipenses, capítulo 3 y versículo 10. A fin de conocerle y el poder de su resurrección. Conocerle, amigo oyente, es amarle. Y él conoce las ovejas. Uno debe leer lo que Dios dice en cuanto a los pastores por medio del mensaje de Ezequiel allá en el capítulo 34 de su profecía. Ahora, fíjese usted que esta es la tercera vez que Jesús dice que sus ovejas le conocen. Conocer a Jesucristo, amigo oyente, es lo de mayor importancia. Todo lo demás llega a ser cosa secundaria. Por eso mismo hemos dejado de disputar en cuanto a pequeños detalles. Vamos a dejar de disputar en cuanto a la religión y en cuanto a los detalles. Lo importante, amigo oyente, lo verdaderamente importante es conocer a Jesucristo. ¿Le conoce? ¿Usted conoce su voz y oye al pastor? No hay ningún pastor como este. David arriesgó su vida para salvar a sus ovejas de un oso y de un león. Pero el hijo de David muere por sus ovejas. Fue a la cruz por sus ovejas y después las trae a la cruz para que sean salvas.

Continuemos ahora con el versículo 16. También tengo otras ovejas que no son de este redil. Aquellas también debo traer y oirán mi voz y habrá un rebaño y un pastor. Hay otras ovejas las cuales no son de este redil, dice el Señor. Aquel redil era Israel. Pero estas otras también oirán su voz y habrá entonces un solo rebaño y un solo pastor. Ha habido el redil de Israel, pero ahora habrá un solo rebaño que incluirá al judío, al gentil, al rico, al pobre, al siervo y libre, al varón y la hembra, al negro y al blanco. Es decir, gente de todas las naciones y de todas las lenguas y tribus.

Continuemos ahora leyendo los versículos 17 y 18 de este capítulo 10. de San Juan. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. Dice que todo eso es la voluntad del Padre. El Padre le ama porque murió por nosotros. Nosotros también, pues, debemos amarle porque él murió por nosotros. ofreció su alma en ofrenda por el pecado. Durante estas 3 horas de tinieblas, Dios el Padre puso sobre él el pecado del mundo y sufrió el castigo por usted y por mí, amigo oyente. El buen pastor dio su vida por las ovejas. El Señor Jesús declara aquí en el versículo 18 con toda claridad que él da su vida voluntariamente. Jesucristo mantuvo el completo control de cada aspecto de su propio juicio. Él fijó la hora de su muerte. Los judíos dijeron que no debía ser prendido ni muerto en un día de fiesta, porque podría desencadenar un alboroto del pueblo. Pero es un hecho que fue crucificado en un día de fiesta. Nunca fue más majestuoso que cuando fue a la cruz. Y si uno lee con cuidado los evangelios, amigo oyente, se da cuenta de que entonces, en verdad el gobierno romano fue juzgado, la nación de Israel fue juzgada y usted y yo, amigo oyente, fuimos juzgados. Él no tuvo que morir, sino que murió voluntariamente por los pecados de todo el mundo. El escritor a los Hebreos dice en el capítulo 12 de su carta, versículo 2, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz menospreciando el oprobio. Ningún hombre pudo tocarle sin su permiso. Alegó tener poder para poner su vida y volverla a tomar.

Continuemos ahora con los versículos 19 al 21. Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras. Muchos de ellos decían, "Demonio tiene y está fuera de sí. ¿Por qué le oís?" Decían otros, "Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el endemoniado abrir los ojos de los ciegos? Hay una división. ¿Por qué? Porque algunos son ovejas y otros no lo son. Las ovejas oirán y los otros no oirán. La cuestión todavía es la misma hoy en día, como lo fue en aquel entonces. O el Señor Jesucristo era un loco o es el Salvador del mundo. O tiene demonio o es el hijo de Dios. Siempre ha habido esa división. Cuando el apóstol Pablo predicó allá en Atenas, algunos creyeron y otros no creyeron. Cuando nosotros predicamos, algunos creen y otros no creen. No podemos esperar que sea de otro modo. Creemos que los teólogos que se autoidentifican como liberales son los hombres más inconsecuentes e ilógicos que hay. Jesucristo no puede ser un buen maestro y un gran ejemplo sin ser el hijo de Dios. O es un fraude o es el hijo de Dios. Uno no puede ser liberal y todavía ser consecuente. Jesús o es un loco o es el Dios y salvador suyo y mío. Amigo oyente.

Veamos ahora cómo Jesús afirma su deidad. Leamos el versículo 22 de este capítulo 10 de Juan. Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. era invierno. La fiesta de los tabernáculos se celebraba en la última parte del mes de octubre y la fiesta de dedicación en los últimos días de diciembre. Y por tanto hay un intervalo aquí de dos meses. En esta fiesta se recordaba el tiempo cuando Judas Macabeo libertó el templo de Antío Epífanes, el sirio, quien lo había contaminado. Esto ocurrió en el año 167 antes de Cristo y todavía se celebraba en el tiempo de nuestro Señor. La expresión era invierno es simbólica del hecho de que Jesús no tiene más que ver ahora con la nación de Israel. De aquí en adelante, en el Evangelio según San Juan, Jesucristo solo habla a los suyos. No habrá otro llamamiento público. Ahora es demasiado tarde para la siega. El cordero de Dios se recluye en preparación para ir a la cruz y para morir por los pecados del mundo. Amigo y hermano que nos escucha, permítanos recordarle que es posible divertirse por demasiado tiempo. Es invierno para usted y vendrá el día cuando no le será posible testificar más. Si usted va a testificar, mejor es que lo haga ahora. Por otra parte, si usted nunca ha aceptado a Jesucristo como su salvador personal, permítanos recordarle que el invierno puede venir también en cuanto a esto. Sí, amigo oyente, llegará el tiempo cuando ya será demasiado tarde, demasiado tarde para ser salvo. Uno puede persistir en rechazar al Señor Jesucristo tantas veces que al final ya no podrá aceptarle. El profeta Jeremías dice en el capítulo 8 de su profecía, versículo 20, "Pasó la siega, terminó el verano y nosotros no hemos sido salvos."

Volviendo ahora al capítulo 10 del Evangelio según San Juan, leamos los versículos 23 y 24. Y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón y le rodearon los judíos y le dijeron, "¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente." Había allí un gran pórtico que era para los gentiles, es decir, para los que no eran judíos. Nuestro Señor ya no entra, es infierno y anda por el pórtico de Salomón. Jesús había puesto su identidad de manifiesto con suma claridad y aquellos que le aceptaron comprendieron que él era el Mesías, el Cristo. Recuerde usted que Andrés le había dicho a su hermano que había encontrado al Mesías. Natanael le reconoció como el hijo de Dios, el rey de Israel. La mujer samaritana, por su parte, comprendió quién era y también el ciego aquí. Pero estos líderes religiosos, con sus preguntas sutiles, realmente tratan de culpar a Jesús. Hacen creer que Jesús es culpable de no dar suficiente información cuando la verdad es que la culpa es de ellos por no querer creer lo que Dios les había revelado. Pues bien, él ha revelado que él es el Mesías y ahora lo declara una vez más.

Leamos los versículos 25 y 26 de este capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Jesús les respondió, "Os lo he dicho y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho." Jesús le dice que él tiene las evidencias de que es el Mesías. Sus obras dan testimonio de ello. Había nacido en el linaje de David conforme a la profecía. fue presentado por Juan el Bautista. Ningún hombre jamás enseñó como él enseñó. Ningún hombre había podido redarguirle de pecado. Cuando Juan el Bautista envió a sus discípulos a que indagaran si Jesús era el Mesías o si debían buscar a otro, Jesús les mandó que fueran y contaran a Juan el Bautista las obras que él hacía. Y así Juan el Bautista sabría si él tenía las credenciales del Mesías o no. es que su enseñanza, su vida y sus milagros demostraron que él era el Mesías. El problema no radicaba en la falta de credenciales por parte de Jesús. El problema estaba en el corazón que no cree. No creyeron y el hecho de que no creyeron demostraba que no eran sus ovejas.

Y bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí porque se nos agotó el tiempo. Continuaremos en nuestro próximo programa.

Continuamos hoy estudiando el capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Y en nuestro programa anterior dejamos a Jesús rodeado por los judíos, quienes le dijeron que si él era el Cristo, que lo dijera abiertamente. A lo cual Jesús respondió que ya él lo había dicho, pero que ellos no querían creer. Las obras que él hacía en nombre de su padre, ellas daban testimonio de él. En otras palabras, Jesús les dice que él tiene las evidencias de ser el Mesías. Sus obras dan testimonio de ello. O sea, que su enseñanza, su vida y sus milagros demostraban que él era el Mesías. El problema, pues, no radicaba en su falta de credenciales. El problema estaba en el corazón que no creía. No querían creer y el hecho de que no querían creer demostraba que no eran sus ovejas. Ese es pues el lado negativo. Veamos ahora el lado positivo que Jesús declara.

Leamos los versículos 27 hasta el 30 de este capítulo 10 de Juan. Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Sus ovejas oyen su voz, le siguen. Es decir, que la marca de pertenencia en las ovejas es la obediencia. ¿Quiere usted saber si una persona es salva o no, amiga oyente? Entonces, fíjese cómo es su relación con Cristo y si le está obedeciendo. Recuerde usted que el sacerdote en el Antiguo Testamento

Tenía que tener puesta la sangre sobre el lóbulo de su oreja derecha. Cuando era consagrado, la sangre era puesta sobre el lóvulo de la oreja derecha. El Espíritu de Dios tenía que abrir su oído, porque como dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 9, "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre son las que Dios ha preparado para los que le aman. Dios tiene que revelárnoslas por su espíritu. Nosotros también tenemos que tener puesta la sangre sobre el lóbulo de la oreja derecha. En Proverbios 20:12 leemos, "El oído que oye y el ojo que ve. Ambas cosas igualmente ha hecho Jehová."

El Señor dice aquí en el versículo 27, "Yo las conozco y me alegro de que alguien me conozca. A veces, amigo oyente, me entienden mal y tengo que explicarme, pero nunca me es necesario explicarme con Jesús porque él siempre me comprende, me conoce." Luego dice, "Y me siguen. Creemos en la seguridad eterna del creyente y en la inseguridad de los que profesan ser creyentes, pero que no lo son. Y me siguen, dice el Señor. Y así de simple es. Si el pastor llamara por la mañana y comenzara a caminar por la colina hacia arriba, y si de unas 500 ovejas en el redil salieran y le siguieran, tendríamos que llegar a la conclusión de que esas 100 ovejas eran sus ovejas. Y también llegaríamos a la conclusión de que las otras 400 no eran sus ovejas.

El Señor dice luego, "Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás." Amigo oyente, cuando él les da vida eterna, eso quiere decir que no la pueden ganar ni pueden trabajar para obtenerla. Es gratuita, es vida eterna, es para siempre. No podrían ser sus ovejas si la vida no durara para siempre. Las ovejas pueden hallarse en peligro, pero el pastor proveerá. Pueden estar esparcidas, pero él las juntará de nuevo. Nunca perecerán. Ahora, ¿pueden descarriarse? Sí, pueden descarriarse, pero perecerán. No. Las ovejas pueden meterse en el chiquero, pero nunca ha habido oveja que se quede en el chiquero. Las ovejas y los cerdos no viven juntos, amigo oyente. La oveja siempre es oveja. Nadie la arrebatará de la mano del Salvador. Ningún enemigo, ningún hombre, ningún ser creado puede arrebatarlas de su mano. Y esto, amigo oyente, es maravilloso. Cierta vez alguien argumentaba que uno mismo puede saltar y salir de su mano porque somos libres agentes morales. Pero escuche usted el pasaje realmente dice, "Ningún ser creado las arrebatará de mi mano." Él es el pastor. Él es Dios. Si usted cree que puede saltar para salirse, el Padre cierra las manos y usted no puede salir. Hermano que me escucha, Dios le tiene a usted en su mano y no puede salir de ella. Ambas manos son las manos de la deidad. Ningún ser creado puede arrebatar las ovejas de su mano.

Hace muchos años, un ranchero en el estado de Texas, en Estados Unidos, contaba acerca de sus ovejas y decía que tenía 2,000 ovejas y que era necesario que alguien las vigilara todo el tiempo. Si dos ovejitas pasaban al otro lado de una colina y se alejaban del rebaño, se perdían, porque no pueden encontrar su camino de regreso al rebaño por sí mismas. La única manera en que pueden estar seguras es que el pastor esté allí con ellas. Si un lobo se acercaba para comerse una de ellas, uno creería que la oveja sería lo suficientemente inteligente como para decirse, "Bueno, se comió a mi hermanito, pues lo mejor es que vuelva para juntarme con el resto del rebaño." Pero ella no sabe a dónde ir. Todo lo que hace es balar y balar y dar vueltas y por fin sirve de postre al lobo. Una oveja de por sí es torpe, no tiene ninguna manera de defenderse, no puede huir del peligro. Si una oveja está segura, no es porque es viva ni inteligente, sino porque tiene un buen pastor. Amigo oyente, permítanos decirle que Jesús nos da vida eterna y nunca pereceremos. Alguien podrá acusarnos de jactancia, pero no, amigo oyente, no nos estamos jactando. Estamos jactándonos de nuestro pastor. Tenemos un pastor maravilloso. Él no perderá ninguna de sus ovejas. Si comienza con 100, no terminará con 99. Si una se pierde, irá a buscarla. Ninguna perecerá.

Luego dice que él y el Padre son uno. Y aquí alega ser Dios otra vez. Leamos los versículos siguientes, versículos 31 al 33 de este capítulo 10 de Juan. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió, "Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre. ¿Por cuál de ellas me apedreáis?" Respondieron los judíos diciendo, "Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios." Hay una cosa que es segura. En aquel entonces, aquellos que le oyeron comprendieron muy bien que se hizo igual a Dios. Tenía sus credenciales. No había ninguna manera para negar los milagros. Sanó a miles de enfermos y no se podía negar la evidencia. Ahora le acusan de blasfemia, le acusan de llamarse Dios. Y y sabe usted, amigo oyente, que eso es exactamente lo que hacía.

Continuemos ahora con los versículos 34 al 38. Jesús les respondió, "No está escrito en vuestra ley. Yo dije, dioses sois. Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios y la escritura no puede ser quebrantada. Al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís, tú blasfemas, porque dije, hijo de Dios soy. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Más si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre." La acusación que ellos lanzaron era que él, siendo un hombre se hacía Dios. Jesús entonces les cita el salmo 82, versículo 6, donde dice, "Yo dije, vosotros sois dioses y todos vosotros hijos del Altísimo." Los hombres son llamados para ser los hijos de Dios, pero Jesús es único en que él es el hombre al que el Padre santificó, ha sido consagrado. Es diferente de cualquier otro en el mundo, porque fue enviado al mundo con una misión. Él está en el Padre y el Padre está en él.

Leamos ahora los versículos 39 al 42 de este capítulo 10 de Juan. Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se quedó allí. Y muchos venían a él y decían, "Juan, a la verdad ninguna señal hizo, pero todo lo que Juan dijo de este era verdad, y muchos creyeron en él allí." Juan el Bautista no hizo milagros. Dio un verdadero testimonio del Mesías. Jesús es el Mesías, el Cristo. Él es el que había de venir. ¿Qué pensáis del Cristo? Esta es la manera de comprobar la posición suya. Uno no puede estar en lo correcto en cuanto a lo demás, a menos que primero esté en lo correcto en su manera de pensar acerca de Jesús. ¿Qué pensáis del Cristo? Si usted, oyente amigo, es su oveja, entonces oirá su voz. Pero si no es su oveja, no le oirá, sino que la voz de Jesús será ahogada en la confusión de voces que le hablan a usted. A sus ovejas les es posible oír al Hijo de Dios.

Y bien, así concluimos nuestro estudio del capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Y llegamos ahora al capítulo 11. En este capítulo, Jesús resucita a Lázaro de los muertos en Betania. Quisiéramos pausar aquí por un momento para considerar el propósito del evangelio según San Juan. En los primeros 10 capítulos, Cristo se ha estado revelando a un círculo que cada vez es mayor. Comenzó allá en las bodas de Canaá, donde se congregaron algunos convidados y sus discípulos. Y al describir el resultado de ese primer milagro de Jesús, las escrituras dicen que sus discípulos creyeron en él. Al final, en la fiesta de los tabernáculos y en la fiesta de dedicación, la nación entera estaba delante de él. Allí Jesús se presentó a la nación, pero fue rechazado por todos. Rechazaron sus obras allá en el capítulo 5 de este evangelio, versículo 16. Rechazaron sus palabras en el capítulo 8, versículos 58 y 59. Y vimos aquí en el capítulo 10 que acabamos de estudiar en los versículos 30 y 31 que rechazaron su persona.

Este capítulo es como una especie de intermedio en el relato que hace el evangelista. El ministerio público de Jesucristo ha llegado a su conclusión y ahora Jesús se retira a un ministerio particular. Concentra ahora sus esfuerzos en alcanzar a individuos y ya no se extiende la nación. Los eventos aquí tienen lugar en la fiesta de dedicación y la Pascua durante algún tiempo, entre los meses de diciembre y abril. Para nosotros el estudio del Evangelio de Juan es como subir a un monte y cada capítulo nos eleva un poquito más que el anterior. Recuerde usted que Juan nos ha dicho el motivo por el cual escribió este evangelio allá en el capítulo 20, versículos 30 y 31. Él dice, "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro, pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre."

Los judíos rehusaron creer que Jesús fuese el hijo de Dios. Y Jesús entonces les pidió que creyeran las obras que hacía para que así se dieran cuenta. Por tanto, nosotros hacemos la pregunta suprema. ¿Tiene Cristo el poder para levantar a los muertos? La pregunta de mayor importancia en cualquier religión es en cuanto a la muerte. Hay preguntas que tienen que ver con esta vida, pero el gran misterio es la muerte. La vida también es un gran misterio, pero la vida quedaría prácticamente sin sentido si no hubiese una resurrección de los muertos. La pregunta entonces que hay que hacerle a cualquier religión es si tiene poder sobre la muerte. Muchos tratan de descartar lo milagroso de las Escrituras, incluyendo la resurrección corporal. Son como el hombre que come pescado, pero rehusando creer que el pescado tenga huesos. Ahora bien, puede ignorar los huesos, pero se hallará en apuros y hasta puede ahogarse debido a estos huesos. Pues hacemos lo mismo si tratamos de descartar los milagros de la Biblia. Allí están.

Hay personas que dicen que quieren una religión que esté involucrada con lo presente y no una que esté preocupada solo en lo futuro. Creen que la esperanza de la resurrección es solamente para el más allá, pero no, amigo oyente, es para ahora mismo. Es una esperanza práctica y no teórica. Cristo nos ofrece muchos beneficios ahora mismo, pero el más grande de todos los beneficios es la vida eterna. Es, pues, muy práctico hacer la pregunta, ¿Resucitarán los muertos? La vida aquí es tan corta, cualquiera que haya perdido un ser amado sabe que la esperanza de la resurrección es algo muy práctico. Amigo oyente, si usted no tiene esta esperanza al pararse al lado de la tumba, es seguro que estará abrumado por la melancolía y la tristeza.

Nos hemos dado cuenta que las sectas falsas y las religiones del día hacen toda clase de alardes, reclamos y pretensiones en cuanto a lo que ofrecen a sus adeptos, pero no hay ninguna de ellas que se ocupe en levantar a los muertos. Hay algunas sectas que han alegado que les es posible levantar a los muertos, pero nunca están dispuestos a exhibir el cuerpo, el corpus de Li sanó a los enfermos, era el cuerpo que quedaba sanado. Cuando Jesús levantó a los muertos, fue el cuerpo el que fue levantado. Muchas religiones prometen mucho para el presente, pero nada para el futuro. Es como el darle un sonajero a un bebé para que juegue con él en esta vida. O es como el llevar a alguien en avión con un piloto novato que sabe cómo despegar y volar, pero que todavía no ha aprendido lo más difícil, cómo aterrizar. Amigo oyente, la gran esperanza de la fe cristiana es la resurrección de los muertos.

Los evangelios nos cuentan de tres incidentes en los cuales Jesús resucitó a los muertos. Primero tenemos el caso de la niña de 12 años que acababa de morir. Este relato lo podemos encontrar en el Evangelio según San Mateo, capítulo 9, versículos 18 al 26. En Marcos capítulo 5, versos 22 al 43 y en el Evangelio de Lucas capítulo 8 versículos 41 al 56. Tenemos luego el caso del joven camino al sepulcro que se relata en Lucas capítulo 7 versículos 11 al 15. Y entonces en tercer lugar encontramos el caso de Lázaro, un hombre ya mayor, quien había estado muerto por 4 días y había sido sepultado. Y este lo encontramos aquí en el capítulo 11 de Juan, versículos 1 al 46. Notará usted que no hay ninguna separación, ninguna brecha entre generaciones. De toda edad, todos son levantados de la muerte por el poder de Jesucristo. Además, la Biblia declara que los apóstoles, Pablo y Pedro levantaron a muchos muertos y decimos un aleluya a eso.

Permítanos ser más específicos aquí y declarar que mientras es verdad que estos fueron levantados de los muertos, esta no es la resurrección en el más amplio sentido de la palabra. Lo que ocurrió entonces fue más bien una restauración a la vida, pero la resurrección misma es un evento venidero que aún no se ha cumplido. El apóstol Pablo confirma esto en su primera carta a los Corintios, capítulo 15, versículos 42 al 44, donde leemos, "Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria. Se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Estos fueron levantados de los muertos, pero a ninguno de ellos se les dio un cuerpo glorificado. Todos tuvieron que enfrentar una vez más la muerte. Cristo es las primicias, es decir, el primero de aquellos que duermen. La resurrección de él es la única verdadera resurrección. Una vez más, el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 23, nos dice, "Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en su venida."

Nuestro Señor utilizó una variedad de métodos para hacer sus milagros de sanidad, pero su método de levantar a los muertos siempre fue el mismo, hablarles. Les llamó y les habló como si le oyeran. Ahora, ¿sabe usted por qué hizo eso? Porque le oían, amigo oyente, creemos que cuando él vuelva con la voz de mando, con la voz de arcángel y trompeta de Dios, todos oiremos nuestros nombres, porque nos llamará de los muertos. No nos queda ya mucho tiempo en este programa, pero comencemos leyendo los primeros dos versículos de este capítulo. 11. Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con sus cabellos. Es la aldea de María. Esto fue escrito alrededor del año 90 después de Cristo. Y en aquel entonces sabían acerca de María, la que había ungido los pies de Jesús con nardo puro. La fragancia de aquel perfume todavía allena el mundo. Jesús dijo que lo que ella hizo sería recordado donde quiera que fuera predicado el evangelio. Opinamos que hay muchos humildes que están quebrando sus vasos de alabastro, de perfume de nardo puro y que tendrán más reconocimiento allá en el cielo que las cosas que reciben tanta publicidad acá en la tierra. Dios, amigo oyente, mira las cosas desde un punto de vista diferente al nuestro y él es el que ha de juzgar todas las cosas.

Estos versículos, pues, establecen que estamos en la casa de Marta. Antes nuestro Señor Jesucristo ya había visitado allí. Quizás usted recuerda que en una de estas visitas Marta se había afanado y se había turbado con muchas cosas para tratar de servir al Señor. Y Jesús le había dicho que el sentarse a sus pies para aprender de él era mucho mejor que el afanarse y turbarse con el servicio. Podríamos decir que esta era la aldea de María, pero que la casa era de Marta. Hay diferentes dones. Algunas mujeres tienen un maravilloso don en cuanto al hogar y hay quienes hablan hoy en día en cuanto a la liberación de las mujeres. Francamente, no conocemos a nadie que sea el mayor cacique en la casa que la esposa o la madre. Fíjese usted, le saca a usted de la cocina, no le permite abrir la nevera, le manda a quitarse de la silla cuando quiere pasar con el aspirador, mantiene el mando sobre la cocina y el hogar. Este es el llamamiento de muchas mujeres cristianas. Hay muchas otras también que tienen como su don un ministerio fuera del hogar. Enseñan las clases bíblicas, las clases para niños y trabajan en la iglesia. Pero recuerde, amigo oyente que la mujer que sirve en su hogar está sirviendo al Señor y que la mujer que sirve fuera del hogar también sirve al mismo Señor. Y bueno, vamos a detenernos aquí porque se nos acabó el tiempo.