📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Mitos sobre el desarrollo motor de los niños. Laura Estremera, maestra, psicóloga y psicomotricista

AprendemosJuntos7:09

Transcription

Tú dices que hay que tener en cuenta, evidentemente, el desarrollo de los niños, pero no solo de lo que es cognitivo, es decir, de lo que van pensando, de lo que se va desarrollando en el cerebro, sino también desde lo que es motor. ¿Cuáles son los principales mitos en cuanto a este desarrollo motor de los niños? Pues mira, uno de los mitos que se me viene así a la cabeza, el primero es el de: "Hay que ayudarle, hay que enseñarle a caminar. Es que si no le enseñas nunca aprenderá". Otro que se me viene es el de: "Hay que sentarle para que vaya aprendiendo a sentarse, para que coja fuerza, para que así irá cogiendo fuerza en la espalda y podrá estar más erguido". Otro mito que se me viene es cuando hay un bebé que lo han colocado en un carrito, en una hamaca, en algo que esté sentado y entonces hace como una mención de tirarse hacia adelante. "Lo que quieres ver". Quizás este niño nos está indicando que quiere estar en otra posición, pero no nos lo puede indicar de otra manera porque está sujeto. Entonces, enseguida empezamos a verticalizarlo y a sentarlo. Otro mito que se me viene a la cabeza es este de "es que se aburre" y como se aburre porque no está haciendo nada, pues entonces le tengo que comprar algo para que se divierta y le he comprado unas carracas, un andador, algo que lo que hace es poner al niño en unas condiciones a nivel de movimiento que él, por sí mismo, no podría alcanzar. Y así, como último mito es el de "es que no gateará, porque en mi familia no se gateó o mi otro hijo no gateó y entonces yo, por lo que veo ya, este pasará directamente a caminar".

¿Por qué hablo de todos estos mitos? Porque hay una base, porque hay personas que se dedican a estudiar todos estos temas y, si tenemos que utilizar a alguien como referente, pues hablaré de Emmi Pikler. Emmi Pikler era una pediatra húngara que en los años 30, en Hungría, pasaba consultas de pediatría, pero tenía una mirada hacia la infancia diferente. No estaba tan centrada en la enfermedad, como en qué es lo que un niño o niña puede hacer por sí mismo. Confiaba en estas capacidades que tienen los bebés de poder ir consiguiendo cosas por sus propios medios y, más tarde, en su carrera profesional, empezó a ser directora de un orfanato. En aquella época, en los orfanatos había tasas de mortalidad altísimas. Los niños, aunque estaban médicamente cuidados, aunque había unas condiciones de higiene óptimas, pues los niños no se desarrollaban bien y había, de hecho, dificultades a nivel emocional y estas dificultades a nivel emocional después se trasladaban al resto de ámbitos.

Pikler lo que ideó es un sistema en el orfanato que ella dirigía para que los niños pudieran desarrollarse bien en todos los aspectos, para no solo reducir estas tasas de mortalidad, sino que pudieran sobrevivir todos los niños, pero sobre todo tuvieran un desarrollo adecuado en todos los aspectos. Una cosa que hizo es, entre muchas otras, una investigación sobre movimiento, sobre el movimiento libre, para poder demostrar que los bebés están preparados genéticamente para adquirir por sí mismos, sin que nadie les enseñe, las diferentes posturas, apoyos y formas de desplazamiento. Esto fue un antes y un después, porque algo que se podía intuir, se podía llevar a la práctica, queda demostrado que los bebés están preparados para hacerlo.

¿Qué es lo que también se descubre? Si nosotros intentamos enseñar a los bebés que adquieran determinado movimiento, que se coloquen en determinada postura, seré más explícita, por ejemplo, tengo un bebé que está boca arriba y lo que quiero es enseñarle a sentarse, entonces le siento yo, lo que generaremos es crispaciones, tensiones, es decir, que el movimiento no viene porque yo como adulto te enseñe a colocarte una postura o yo te coloque un aparato que me venden en una tienda para que te coloque en esa postura, sino porque el bebé por sí mismo va probando su cuerpo, hay también un desarrollo a nivel del sistema nervioso central y todo ello va permitiendo que el bebé vaya adquiriendo estas posturas, apoyos y desplazamientos. Y, aún más, cuando nosotros como adultos intervenimos, con la mejor de las intenciones, queriendo enseñarles, queriendo que así lo consiga hacer, muchas veces lo que conseguimos es lo contrario, que se salten etapas. Exacto.

Aunque puede ser que aquí venga la duda de: "Bueno, pero es que todos caminan". Claro, porque, como especie, todos los seres humanos, sin una dificultad, caminaremos. Pero este recorrido, esta secuencia, esto que va pasando hasta que consiguen caminar, sí que, en función de cómo intervengamos, si respetamos el proceso o si no lo hacemos, no haya este camino de la misma manera si se respetan o no, y esto también nos puede generar la duda de decir: "Bueno, y entonces nosotros, como adultos, ¿qué hacemos? ¿Significa que entonces yo me desentiendo, lo dejo aquí?". Ni mucho menos. Implica sobre todo un cambio de mirada. Implica ver a los niños y a las niñas desde el inicio como competentes, como que pueden conseguir muchísimas cosas, en lugar de verlos como con todo aquello que les falta, todo lo que aún no hacen, ver lo que sí que son capaces de hacer y tener esta confianza en que aquello pasará, para no apresurarnos, para no ponernos nerviosos, porque todo tendrá tiempo.

Aparte, vivimos en una sociedad con esta idea de que cuanto antes mejor. Parece que si lo consigue antes será más listo. Pues no. Cada niño tendrá un ritmo diferente. ¿Qué hacemos también? Acompañar todo este proceso. Y esto no es una cosa pasiva que dejo a mi bebé, sino que preparo el espacio, preparo las condiciones, preparo los materiales para que puedas desarrollarte por ti mismo. Y además estoy aquí, estoy cerca, estoy a tu lado para que tengas esta confianza suficiente, esta seguridad de que me tienes cerca, para que puedas centrarte de nuevo en lo que tú puedes hacer.