Transcription
Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.
Gloria a ti, Señor.
Un sábado enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía 18 años estaba enferma por causa de un espíritu y estaba encorbada sin poderse enderezar de ningún modo. Al verla, Jesús la llamó y le dijo, "Mujer, quedas libre de tu enfermedad." Le impuso las manos y enseguida se puso derecha y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente, "Hay seis días para trabajar. Venid, pues a que os curen en esos días y no en sábado." Pero el Señor le respondió y dijo, "Hipócritas, cualquiera de vosotros no desata en sábado su buey o su burro del pesebre y los lleva a a brevar, y a esta que es hija de Abraham y que Satanás ha tenido atada 18 años, no era necesario soltarla de tal ligadura en día del sábado." Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Primero, una enseñanza del Señor sobre la primacía del amor, la primacía de la caridad. Tenemos que cumplir las leyes. Que el Señor no fue un anarquista eh ni del culto ni de la moral. Tenemos que cumplir las leyes, todas las leyes, las civiles, por lo menos las que sean justas, y también todas las leyes morales. Por ejemplo, hay que ir a misa el domingo y se comete un pecado mortal cuando no se va a misa el domingo. Esas leyes no son cargas que nos amargan la vida.
Pensemos, por ejemplo, las señales de tráfico. ¿Qué ocurriría si no existieran? Si no hubieran semáforos que indican quién tiene que pasar y quién tiene que esperar, cuándo pueden pasar los peatones, cuando los automóviles o las señales de stop que te indican que tienes que hacer una parada, aunque no sea más que un momento, para asegurarte de que no viene nadie. Las leyes morales no son castigos, no son cosas puestas para amargarnos la vida. Hay que quitar de nuestra mente esa mentalidad, esa idea tan difundida de hoy de que el hombre es libre cuando hace lo que le piden sus instintos. Porque eso es la ley de la selva, es decir, la ley del más fuerte.
Las leyes morales nos ayudan en la vida. Sin embargo, hay una ley sobre todas las leyes, que es la ley del amor, la ley de la caridad, que se puede malinterpretar, ya lo advierte San Pablo y lo advierte la tradición. Incluso algunos grandes, como San Agustín cuando dice, "Ama y haz lo que quieras", no están diciendo que ese amor sea el amor de los instintos, el amor del sexo, el amor del egoísmo. Pero cuando te encuentras en una situación límite, la ley de la caridad tiene que primar sobre todas las demás cosas.
Es un ejemplo sencillo, fácil de entender. Vas a misa porque es tu deber y porque es tu derecho. Vas a misa. En el camino, te encuentras con un accidente de tráfico. Si te paras a ayudar, pierdes la misa. Si no te paras a ayudar, esa persona quizá pueda morir. ¿Qué tienes que hacer? Hay una ley ir a misa, pero hay una ley por encima de esa, la caridad. La caridad es el sumo bien. La caridad es la máxima ley. Y eso es lo que está diciéndonos Jesús, diciéndoles a ellos, a estos judíos, con la curación de esta mujer encorbada.
Pero hay otra cosa más. El Señor siempre une estos milagros a la necesidad de la conversión, a la expulsión del demonio. ¿De qué sirve un milagro que te cura el cuerpo o te soluciona un problema si no se produce el milagro más profundo que es el de la conversión, el de la curación de tu alma? Esta mujer no solamente fue curada, sino que fue liberada del demonio. Y nosotros si no aprovechamos los dones que recibimos para dar gracias a Dios, para estar en ese camino de conversión que es permanente, que no es de un día, de un momento, sino que tiene que durar toda la vida. Si no nos alimentamos para esa conversión con las gracias y los dones recibidos, entonces aunque estemos bien físicamente, seguimos encorbados espiritualmente.
Por eso dice el Señor a esta hija de Abraham, que Satanás ha tenido 18 años atada, no es necesario soltarla de tal ligadura. En aquel caso, aunque sea sábado, el Señor quiere soltarnos de las ligaduras, de las ataduras, de las cadenas que nos pone el demonio y que nos dejamos poner, que no es que el demonio hace algo en contra de nuestra voluntad, el demonio es tentador, pero es tentador. El demonio no hace algo si no colaboramos con el demonio y es de esas ataduras que nos esclavizan, de las cuales el Señor quiere librarnos.
Pidámosle al Señor, por lo tanto, en sábado, en domingo, a cualquier día y a cualquier hora que nos libere de las ataduras del pecado, creo que todos somos conscientes de que los vicios son esclavitud y de que la gracia de Dios es liberación. Pidamos también al Señor que nos cure de las enfermedades, pero sobre todo que nos ayude a liberarnos de las cosas que están envenenando nuestra alma, quitándonos la paz e impidiéndonos estar con él en la tierra y el día cuando llegue la hora de la muerte con él en el cielo.
Que así sea.