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El Espíritu Santo y Nuestra Santificación - Juan Manuel Vaz

Sana Doctrina Sana Vida / JMV1:00:34

Transcription

Vamos a ir entonces a la palabra y vamos a dar paso a este segundo mensaje que que el cierre del primero apuntaba un poco a lo que vamos a ver ahora. Y en este segundo mensaje vamos a tratar el tema de el Espíritu Santo y la santificación del creyente. Y vamos a partir de una lectura que hemos hecho congregacionalmente, pero solo una parte de ella. Romanos capítulo 8 y los versículos 9 al 14. Romanos capítulo 8 y los versículos 9 al 14 dice así.

Sin embargo, vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu. Si en verdad el espíritu de Dios habita en vosotros, pero si alguno no tiene el espíritu de Cristo, el tal no es de él. Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia. Pero si el espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su espíritu que habita en vosotros. Así que, hermanos, no somos deudores, no a la carne para vivir conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir. Pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.

Vamos a orar. Señor, prepara nuestros corazones para recibir la buena semilla de tu palabra. A lo largo del paso de las horas, el cansancio puede llegar a nuestros cuerpos y eso puede llevarnos a distraernos, puede llevarnos a perder el foco y la atención. Por eso pedimos de tu ayuda, porque hemos separado estos días porque tenemos hambre de tu palabra. Hemos venido aquí no para hacer turismo, sino principalmente para navegar en las páginas de tu palabra. Por eso, Señor, ayúdanos con nuestro cansancio, danos fuerzas, danos atención, mantén nuestros oídos y todo nuestro ser atento a tu palabra, porque todos los que estamos aquí venimos con un deseo, Señor, y es que nos hables, que hables a nuestras vidas, pues tenemos necesidad, pues sabemos que no solo de pan vive el hombre, más sí de toda palabra que sale de tu boca. Así que háblanos hoy, Señor, y que podamos despedir esta primeras este primer día de conferencia, Señor, con la bendición de haber sido edificados nuevamente con tu palabra. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

Y amén. Antes de diseminar un poco y analizar más a fondo este pasaje en el que nos vamos a centrar para hablar de la santificación y la obra del Espíritu Santo en ella, me gustaría iniciar con algunas cosas para dar entrada luego a esa a esa exposición directamente este pasaje. Y lo primero es que me gustaría citar a Martin Lloyd Jones con una frase que dice así: "La santidad no es algo que estamos llamados a hacer para poder llegar a ser algo. Es algo que debemos hacer por lo que ya somos." Es decir, cuando nosotros hablamos de santidad, hay pasajes que pueden prestarse a confusión. La Biblia es clara cuando dice, "Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor."

Estaba hablando en una ocasión con un hermano y le hice una pregunta así. Le dije, "Si alguien viene y te dice, eh, hermano, para ser salvo, ¿qué debo hacer? Eh, ¿cómo me puedo salvar?" Y tú, ¿qué le dirías? y me dice, "Bueno, que la salvación es una obra de gracia, es algo que el Señor concede, es algo que el Señor obra." Como hemos visto, el nuevo nacimiento es una obra de Dios y ya está. Le diría solo eso. Me dice, "Bueno, eso y que debe vivir, claro, en santidad." Digo, "Pero eso no es para ser salvo." Y me Entonces ese hermano me dijo, "Entonces pastor, si me preguntan, ¿puedo no vivir en santidad y ser salvo?" Le digo, "No, entonces tengo que decirle que deben vivir en santidad para ser salvos." Digo, "No. A ver, no tiene sentido. Usted me está diciendo que no puedo vivir una vida de pecado y sin santidad y ser salvo, pero no le voy a decir que debe vivir en santidad para ser salvo." Exacto, exacto. Así es. No tiene sentido. Digo, sí, todo sentido, porque una cosa es el medio para ser salvo y otra cosa es el fruto de ser salvo.

Pablo a los efesios deja una cosa muy clara. Somos salvos por gracia y no por obras, para que nadie se glorie de ellas. Y luego dice que es por medio de la fe en el Señor Jesucristo solamente. Pero es que Pablo no termina ahí. Por eso los discursos a medias son tan peligrosos. Por eso las palabras, las explicaciones que hacemos cuando solo escuchamos una parte corremos peligro. La salvación es por gracia. Amén. Por medio de la fe. Amén. Pero Pablo no termina ahí. Pablo cuando llega al versículo 10, si no me equivoco, de Efesios 2, es cuando remata diciendo, "Para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." Entonces, sí. Por gracia, la fuente, por medio la fe, propósito, consecuencia, resultado de la salvación, buenas obras.

Cuando yo miro a alguien que dice ser creyente y no vive en santidad, yo no le digo que va a perder su salvación. Yo le digo que no es salvo. Yo le digo que su vida refleja lo que hay en su corazón. Es por el fruto que se conoce el árbol. Por eso la santidad no es el camino para llegar a ser cristiano. La santidad no es el camino para llegar a ser salvo. La santidad no es el camino para llegar a la gloria. La santidad es el resultado de que ya soy salvo, el resultado de que ya he nacido de nuevo, el resultado de una obra genuina de Dios por su espíritu en mi corazón.

Cuando nosotros leíamos Ezequiel en el primer mensaje, Dios dice que iba a quitar de nosotros lo primero que iba a quitar, ¿qué es? Un corazón de piedra e iba a poner un corazón de carne. Hermanos, cuando nosotros vemos esa escena, déjenme recordarles una cosa que ya saben. ¿Cuál es el mayor de todos los mandamientos? Amarás al Señor tu Dios con toda tu mente, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu alma. Y el segundo, semejante a ese, amarás a tu prójimo como a ti mismo. La esencia de nuestra vida cristiana se basa en el amor. Jesús podía haber dicho muchas otras cosas, pero lo redujo todo al amor. Al amor. ¿Y de dónde sale nuestro amor? ¿De dónde salen nuestros afectos? De nuestro corazón. Por eso la obra de Dios está ahí. Es sacar el viejo y colocar uno nuevo. ¿Cómo puede ser que una persona diga que tiene ahora una nueva naturaleza en Cristo, pero sigue amando las mismas cosas de antes? Sigue amando el mundo.

Por eso el apóstol Juan dice, "No améis el mundo." No dice, "No pequéis." ¿Te has dado cuenta? Juan en esa frase no dice, "No pequéis". Dice, "No améis el mundo ni las cosas que están en el mundo. Porque si alguno ama el mundo, el amor de Dios no está en él." El apóstol Juan no está hablando de de no hagáis esto, no os emborrachéis, no vayáis a a tales ideas, ideologías, no practiquéis ese, no, no. Él dice, "No améis, no améis, porque la vida se trata de amores." La vida se trata de amores.

Una vez un pastor amigo nos dio una charla a los varones de nuestra iglesia y estaba hablando de la batalla contra la inmoralidad y él la enfocaba en que era una batalla basada en el amor y él es un hombre muy sabio. Y había un joven que decía, "Yo no consigo, no consigo dejarlo. Acabo cayendo otra vez y quiero que me digas algo para conseguir dejar eso." Y él dijo, "Ama a Dios más que eso." No, pero yo amo a Dios más que eso. No, esto se trata de amores. Nosotros muchas veces en la iglesia reducimos todo a hacer cosas, hacer cosas, hacer cosas, hacer tareas. Tienes que hacer esto, esto, esto, esto y dejarás esto. Tienes que hacer esto, esto, esto y dejarás esto. Ese hombre apuntaba al corazón y decía, "Se trata de amor."

Te voy a dar un ejemplo. Imagínate que estás solo en tu habitación. Abres tu laptop, tu ordenador, tu portátil y vas a poner ww y la página esa. Okay. Y piensa que en ese momento que lo vas a ver, aparece alguien detrás de ti, te pone una pistola en la cabeza y te dice, "Si entras, disparo." Tú verás ese vídeo ese día. Y él, "No, no, no." Okay. Ahora, ¿qué pasa si mañana vuelve a pasar y aparece otra vez el hombre en la pistola? ¿Lo verás? No, no. Digo, "¿Y qué pasa si ese hombre aparece 365 días? No vas a ver durante un año ni un vídeo." Dice, "¿Verdad?" Y dice, "¿Sabes por qué? Porque amas más tu vida que ese vídeo. Dice, "Todo se trata de amar a Dios más que ese vídeo. Todo se trata de amar a Dios más que tu deleite. Cuando tú caes en algo que Dios prohíbe, es una es una rebelión de amor." Es decirle, "Me amo a mí más. Amo más mi deleite. Amo más lo que a mí me apetece que lo que tú quieres." Eso es lo que le gritamos a Dios cuando pecamos. Es decir, yo sé que tu palabra dice que lo odias, pero yo lo amo más que a ti. Yo amo más mi satisfacción que a ti. Cuando pecamos es un acto de desamor, es un acto de amarnos nosotros nuevamente más que al Señor.

Todo al final pasa por el filtro del amor. ¿Cómo no tomaré el nombre de Dios en vano? Amándolo. ¿Cómo? ¿Cómo santificaré al Señor amándolo? ¿Cómo honraré a mi esposa amándola? ¿Cómo honraré a mis padres amándol? Cuando un hijo deshonra a sus padres, no le falta más obediencia, le falta más amor a sus padres. Le falta amarlos más. Amarlos más. Porque hay hijos que no aman y en presencia de los padres los respetan, pero por detrás los deshonran. Pero el hijo que ama honra adelante y honra detrás, porque el amor a sus padres lo mantiene honrándolos.

Cuando hablas mal de un hermano a sus espaldas, ¿qué te falta? Amor por el hermano. Es amor. Pero nosotros como estamos cayendo en lo de hacer y no hacer, vamos a orar. Señor, guarda mis labios, quita todo chisme de mi boca, no me dejes hablar mal de nadie. Y no apuntamos en la dirección correcta, porque al final la boca habla de lo que el corazón está lleno. Y puede ser que a ti te amorden aquí, pero desde dentro vas a hablar. Nosotros debemos apuntar dentro, "Señor, hazme amar al hermano porque no hablo mal de quién amo. No critico a quién amo, no me no miento a quién amo, no traiciono a quien amo."

El amor es la base de todo. Los afectos es la base de todo. Y por eso lo primero que va a hacer Dios es quitar tus viejos afectos, tu corazón de antes de piedra que amaba el mundo y las cosas de este mundo, y te va a dar un nuevo corazón para que lo ame a él. y las cosas que Dios ama. Ahí empieza todo en un cambio de nuestra naturaleza. De ahí que el apóstol Pablo diga, "Aquel que está en Cristo, nueva criatura es." ¿Por qué? Porque el corazón es nuevo. ¿Cómo voy a ser nuevo, Señor? ¿Me llamo igual? Mido lo mismo, tengo la misma cara, el mismo cuerpo. No, eres otro. Porque he cambiado tu naturaleza, he cambiado tu corazón y eso va a transformar todo de ti, desde tu manera de mirar, a tu manera de escuchar, a tu manera de hablar, a tus gustos, porque todo pasa por los afectos.

El camino a la santidad es el camino al amor a Dios sobre todas las cosas. Santificarnos es crecer en amor, es enfrentar cada una de nuestras luchas y tentaciones, mirarlo a la cara y decir, "Voy a amar más a Dios." Eso es santidad. Santidad es obedecer al mandato de amar a Dios más que a nosotros, más que al mundo y más que a los pecados. Y la santidad es algo que marca al pueblo de Dios. No se habla ya mucho de santidad y es algo que la Biblia desde el Antiguo Testamento al Nuevo Testamento está impregnado de esa palabra. En Levítico capítulo 19 versículo 2, dice, "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y dile, seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo." Hebreos 12:14. Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Primera de Tesalonicenses 4:3. Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación.

Recuerdo que entre desde que entré al ministerio vi mucha gente, yo no sé si tendré cara de aquí en que lee el futuro o algo, pero viene mucha gente a preguntarme, pastor, ¿cómo sé lo que Dios quiere de mí? Me viene mucho, sobre todo jóvenes, y al final lo que me están diciendo es, ¿qué quiere Dios que estudie? Digo, yo, yo qué sé. Me sí, pastor, porque estoy entre estoy entre arquitectura y derecho y y no sé qué quiere Dios. Digo, ni idea. Y pastor, estoy pensando en vivir aquí o en vivir allá o mudarme y trasladarme. ¿Qué quiere Dios? Digo, no lo sé. Y con quién me canso, pastor, no lo sé. ¿Qué quiere Dios de mí, pastor? Digo, no lo sé. Yo hasta ahora voy descubriendo lo que quiere de mí y todavía no lo tengo del todo claro. Entonces digo, "Pero sí sé algo." Y siempre les leo este pasaje. Digo, "Dios quiere tu santificación." ¿Y qué significa eso? Significa que ya seas arquitecto o abogado o médico, santo. Que ya sea en Chile, en Perú o en Colombia, santo. Que ya sea casado o soltero con María o con Juana, santo. Amén. Lo otro ya Dios lo dispondrá, pero santo. Y esa es la realidad de la que debemos partir. Estamos más interesados en saber que Dios me dio un manual de qué decisiones tomo, qué toca ahora toca elegir derecho y luego, ah, es esa mujer, es casarme con Juana y luego no va así. Sé santo. Sé santo. Esa es la voluntad de Dios para nuestra vida, ser santos.

Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, el llamado a la santidad está claro en las Escrituras y la base de todo es porque Dios es santo. Hermanos, el problema de no hablar de la santidad de Dios es que el pueblo no refleja esa santidad de Dios. Cuando tú estudias sobre falsos dioses, verás que sus sus sacerdotes, sus seguidores los representaban. Por ejemplo, cuando pensamos en un dios falso llamado vaco, de ahí la palabra bacanal, verás que toda la gente que se juntaba alrededor de él era bebida, era embriaguez, era inmoralidad. Cuando tú piensas en Diana, Afrodita, sus sacerdotisas, era todo inmoralidad. Pero cuando piensas en Dios, el único Dios verdadero, piensas en Dios y su santidad. Y eso es lo que Dios ha exigido siempre a su pueblo. Vais a ser diferentes. Tanto es así que cuando miras el Antiguo Pacto y las leyes que Dios les concede, vais a comer diferente, vais a respetar un día diferente, vais a hacer cosas diferentes, vais a caminar diferente, todo distinto para que sepan que vosotros sois un pueblo santo, que pertenecéis a un Dios santo.

Hemos enfatizado tanto al Dios de amor que da la sensación de que hoy tenemos la idea de un señor con barba blanca, un señor muy mayor, como un abuelo dulce que pasa todo por alto, que siempre que mira un pecado cometido, mira como con pena y ternura. Pobrecito, no quería hacerlo, pero lo No, no, no. Pero cuando miramos la escritura, habla de un Dios que es fuego consumidor. Habla de un Dios justo, habla de un Dios que condena. Habla de un Dios que se tragó a un pueblo en el desierto. Habla de un Dios que consumió Sodoma y Gomorra con fuego y azufre. Habla de un Dios que mandó un diluvio universal. Habla de un Dios que fulminó a un matrimonio por mentir y dárselas de piadosos. habla de un Dios que incluso disciplinó en la iglesia el tomar la cena del Señor indignamente con débiles, enfermos y hasta gente muerta. Habla de un Dios que ha mandado lepras. Habla de un Dios que ha condenado reyes, ha estremecido naciones con ángeles, ha exterminado pueblos, ha vencido ejércitos. Ese es nuestro Dios. Amén. Y no ha cambiado, no ha conocido a Jesús y se ha convertido. Ese es nuestro Dios, el mismo ayer, hoy y siempre, inmutable. Y la misma santidad que él ha exigido de su pueblo en el Antiguo Pacto es la misma santidad que exige de su pueblo en el nuevo pacto y a quien salva lo santifica.

Por eso la santidad es el reflejo de nuestra salvación. Por eso es nuestra conducta y vida lo que nos lleva a cuestionar si realmente somos salvos. Porque una cosa va vinculada a la otra. La salvación va unida a la santificación. Y yo sé que la Biblia muestra ejemplos claros de gente que fue salva y no tuvo tiempo de santificarse como el malhechor de la cruz. Eso es un ejemplo de gracia. Un hombre que profesó fe en Cristo, arrepentimiento, reconoció que él merecía estar ahí, que Jesús no. reconoció el señorío de Cristo cuando le dijo, "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." Pero sin embargo, sin embargo, estoy convencido de que a pesar de que Jesús le dijo, "Hoy estarás conmigo en el paraíso." Y a pesar de que ese hombre no se bautizó, no congregó, no se santificó, estoy seguro que si ese hombre hubiese bajado de la cruz, se habría santificado, se habría bautizado, habría crecido en piedad. Sí, la cruz nos mostró con ese malhechor que la salvación es puramente por gracia, pero la vida de Pablo nos muestra que con la gracia viene santidad. Y otros ejemplos así vemos en la escritura.

En Efesios capítulo 1 y el versículo 4, el apóstol Pablo dice, "Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo." Y aquí seguramente muchos creemos firmemente en la doctrina de la elección. nos gusta esta palabra, la creemos, decimos, "Amén, sí, escogidos desde antes de la fundación del mundo, pero no acaba ahí el versículo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él." No podemos sacar solo doctrinas basadas en la mitad de un versículo y olvidar la otra parte. Aquellos que son escogidos por Dios son santificados por Dios. No hay elección sin santificación, porque fuimos escogidos y salvados con el propósito de ser hechos conforme a la imagen de su hijo Jesús. Esa es la realidad.

Entonces, si nosotros entendemos este llamado, lo que nosotros debemos preguntarnos ahora es qué papel juega el Espíritu Santo y si nosotros jugamos también un papel en ese proceso. Porque en el primer mensaje hemos visto que la obra de salvación, la regeneración, el nuevo nacimiento, ahí tú y yo no jugamos ningún papel. La salvación es del Señor. Pero la pregunta que nos hacemos ahora es si en la obra de santificación también es exclusiva de Dios o ahí nosotros tenemos responsabilidad. Vamos entonces a analizar nuestro texto de Romanos 8 y vamos a leer poco a poco las palabras del apóstol Pablo y ver algunas cosas importantes.

Empezamos con Romanos 8 y el versículo 9. Y al principio de ese versículo dice así: "Sin embargo, vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si en verdad el espíritu de Dios habita en vosotros." Y a mí me gustan esos. Sí, sí me gusta esas esa palabra me gusta. Igual que soy yo. Yo hay dos cosas que me gustan mucho la escritura del pero Dios. Cuando leo Efesios y llego a un pero Dios que es rico en misericordia, pero también me gusta el sí porque nos mantiene alerta, es decir, sí, de verdad sois de Dios. Sí, de verdad habéis conocido al Señor. Sí, de verdad el espíritu está en vosotros. Es que Pablo sabe que hay un montón de personas en las congregaciones que no son creyentes. Hoy hay gente aquí que puede creer que está yendo a la gloria y no va para allá. Hay evidencias bíblicas de eso. Nosotros sabemos las últimas palabras de Jesús en el sermón del monte, el otro día la recordábamos. Señor, Señor, en tu nombre eché fuera demonios, en tu nombre milagros, en tu nombre profeticé. Esa persona al decir Señor, Señor, está diciendo que reconoce que Jesús es el Señor. Esa persona está diciendo que cree que tiene una relación con Jesús hasta el punto de llamarle Señor, Señor. Esa persona está diciendo que ha participado de actividades religiosas, que ha estado en el contexto de la iglesia y el Señor Jesús le dice, "Yo no te conocí nunca." muy fuerte, porque esa persona estaba convencida de tener una relación con Jesús. Esa persona le iba diciendo a la gente, Jesús es mi fiel amigo y yo sirvo en el culto, yo sirvo en la iglesia. Y Jesús le dijo, "No te conocí jamás." No es que te perdiste, es jamás te conocí. ¿Y cómo termina la frase de Jesús? Vosotros, ¿qué practicáis la iniquidad? No había santidad. No había santidad. Esa era la evidencia. No es que la santidad lo iba a salvar, no es que la santidad lo iba a llevar a conocer a Jesús, pero la santidad era el resultado de si verdaderamente había conocido a Cristo.

Pablo en este primer versículo que hemos leído, lo dice, "Sin embargo, vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si en verdad el espíritu de Dios habita en vosotros." Así que la primera marca que Pablo está mostrando aquí de un verdadero creyente regenerado por el Espíritu Santo es que ya no está en la carne, hermano. No es concebible y que nadie te engañe y menos tu conciencia que pueda estar cauterizada el vivir una vida en la carne y creer ser salvo. El apóstol Juan es tajante. El que practica el pecado es del Aunque vaya al culto es del Aunque cante alabanzas es del Aunque conozca doctrina bíblica es del Aunque predique es del Spurs John dijo en una ocasión en un libro que si lo pueden leer alguna vez discursos a mis estudiantes, léanlo. Él decía que lo más triste es que hay gente que pasará del púlpito al infierno, no solo de la iglesia, del púlpito. Que los púlpitos de Inglaterra estaban llenos de hombres no regenerados. por Dios. Hablaban con elocuencia, tenían talento, tenían oratoria, llenaban auditorios, pero no mostraban en su vida la piedad de un hijo de Dios. Qué temor da esas palabras de Jesús, ¿eh? Qué temor llegar a Jesús un día cara a cara, llamarle, "Señor amado, por fin contigo." Dice, "Tú no, tú no." Pero yo, tú no, no te conocí. Tú sabes cómo eras en casa. Tú sabes en el trabajo de lo que hablabas con los compañeros, tú sabes lo que mirabas en internet, tú sabes. Nadie más. El pastor no lo sabía, la iglesia no lo sabía, pero tú lo sabes. Tú te engañaste a ti mismo. Como dice la escritura, el que el que es solamente oidor y no hacedor de la palabra, ¿a quién engaña, dice la escritura? Así mismo es alguien que va al culto y cada vez se sigue engañando. Soy creyente, solo que estoy débil. Soy creyente solo que todavía no estoy bien. Llevas 20 años así y te sigues engañando, llamando debilidad a la realidad de que no has nacido de nuevo. Pero te engañas. Sigues aquí. Te engañas tú a nadie más. A nadie más. Eres tú el que se engaña y no hay peor mentira que la que se creyó uno mismo. Porque esos se engañaron llegando al cielo convencidos, convencidos de que iban a entrar a la gloria y se encontraron cara a cara con Jesús. Y Jesús dijo, "Yo no te conozco. Mío no eres."

La primera realidad es que si alguien es de Cristo, está en el espíritu. Estar en el espíritu no es levitar. Estar en el espíritu no es rodar. Estar en el espíritu no es gritar descontroladamente. Estar en el espíritu es una vida sometida, rendida y guiada por el Espíritu Santo. No hay mayor evidencia, como un buen carismático dijo una vez, de que alguien tiene al Espíritu Santo, no en que habla en lengua, sino en controlar la lengua que tiene. Bien lo dijo. Bien lo dijo. Él decía, "Yo no creo en esas hermanitas que hablan lenguas raras en el culto y luego hablan mal de las otras hermanas fuera del culto." Dice, "Eso no viene de Dios." Él era carismático, pero tenía unas convicciones muy claras. La evidencia del Espíritu Santo es el fruto. El fruto. Ah, pastor, yo soy una persona llena del Espíritu. A ver, tu amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, mansedumbre. Y hablamos de que estás lleno del Espíritu Santo. Una persona llena del Espíritu Santo se parece más a Jesús. Se parece más a Jesús. Es la la evidencia más clara es esa. Cuanto más llena está una persona del Espíritu Santo, más se parece a nuestro Señor Jesucristo. Porque la obra que el Espíritu va a hacer en nosotros es una que nos parezcamos más al Señor Jesús. Porque el Espíritu Santo nunca quiso ser protagonista. Quiso hacer a Cristo el protagonista. Si vas a una congregación donde el Espíritu Santo es el centro, eso no es lo que la Biblia enseña, porque lo que el Espíritu Santo desea es hacer a Jesús el centro. El Espíritu Santo exalta a Cristo. El Espíritu Santo da testimonio de Cristo. El Espíritu Santo convence a la gente de su pecado para que vaya a Cristo. El Espíritu Santo transforma a la gente para que se parezca a Cristo. Porque el mayor deseo del Padre es que el Hijo sea exaltado y el Consolador viene para ayudar y colaborar. en la exaltación del Hijo, porque toda la historia se trata de que uno sobre todos sea el nombre que va a ser exaltado y es el nombre de Jesús. El fin del Padre, el fin del Espíritu Santo es que el Hijo de Dios sea exaltado. Y sí, Dios quiere que te parezcas a Jesús, pero Dios no le gusta eh como eres. Dios te ama tal y como eres. No, no, no. A Dios no le gusta como eres. Dios le gusta como es Jesús. Al Padre le gusta como es el Hijo. Él es mi hijo amado en quien tengo complacencia. Y por eso, en cuanto tú llegas, como no le gusta como eres, pero le encanta como es su hijo amado, te va a cambiar para que te parezcas más a su hijo amado. Y eso es lo que va a hacer el espíritu en nosotros.

Todo aquel que está en Cristo ahora no está en la carne, está en el espíritu. Y sigue diciendo Pablo en Romanos 8, el versículo 9, dice, "Pero si alguno no tiene el espíritu de Cristo, el tal de él." Otra verdad importante en esta en esta primera línea es que todos los creyentes tienen al Espíritu Santo. Pablo hace una afirmación. Si alguno no tiene el espíritu de Cristo, el tal no es de Cristo. Es decir, Pablo afirma, "No se puede ser de Cristo, no se puede ser cristiano y no tener al Espíritu Santo." Si vas a una iglesia donde te enseñan que puedes ser creyente y faltarte al Espíritu Santo, no es de Dios. No es de Dios. El apóstol Pablo dice a los efesios que fuimos sellados con el Espíritu Santo en el momento que creímos el mensaje de nuestra salvación, el evangelio. Ahí fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Nosotros sabemos por testimonio de las Escrituras que todo cristiano es templo del Espíritu Santo. Lo que algunos quizá confunden es estar es estar en el Espíritu, es ser templo del Espíritu Santo y llenarse del Espíritu Santo. Todos los creyentes tienen al Espíritu Santo, pero no todos se llenan a diario del Espíritu Santo. Y eso es otra realidad de la que podemos hablar, de cómo algunos someten más o menos su vida al control y la rinden al Espíritu de Dios. Pero todo cristiano tiene al Espíritu Santo. Por eso Pablo dice, "Pero si alguno no tiene al Espíritu de Cristo, el tal no es de él."

Y es entonces ahora que ya no somos pecadores normales, hemos sido pecadores redimidos, hemos sido pecadores regenerados, ahora estamos en Cristo y estando en Cristo estamos en el espíritu. Ahora, nuestra lucha con el pecado toma otro color totalmente diferente. Por eso, en el versículo 10 de Romanos 8, Pablo dice, "Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia." Y es ahí donde Pablo va a empezar a usar con un lenguaje un tanto peculiar eh eh la ilustración de cómo el Espíritu va a darnos vida. Vida. Pablo no está hablando aquí de estar muertos en delitos y pecados y ahora estar vivos en Cristo. Ahora Pablo está hablando de la vida cristiana y Pablo está usando muerte y vida para o para hablar y explicar lo que el espíritu va a hacer en nosotros. Y Pablo lo que va a estar enseñando es que ahora nosotros tenemos un cuerpo todavía que y cuando él dice que está muerto por el pecado, Pablo está hablando de ese resquicio que todavía nosotros cargamos, esa lucha con ese viejo hombre, esa lucha que cargamos en nuestra carne con este hombre pecaminoso que todavía cargamos. Y Pablo lo explica así, aunque nuestro cuerpo esté muerto, pero lo dice en el sentido de que todavía cargamos ese viejo hombre de antes, todavía cargamos áreas de nuestra vida que son un recordatorio de ese viejo hombre muerto, pero ahora con el espíritu estamos vivos para la justicia. Antes éramos muertos derrotados, éramos muertos en bancarrota, éramos muertos con manos atadas, sin poder solucionar ningún problema, sin poder vencer ninguna tentación, sin poder luchar contra el pecado. Éramos reos, éramos esclavos. Pero ahora, aunque algunas áreas de nuestra vida todavía tienen esa batalla en la carne, ahora en el espíritu estamos vivos.

Y Pablo va a apuntar cómo vamos a vencer. Pablo va a apuntar a cómo vamos a vencer esas batallas. Y es ahora que sigue hablando del espíritu. En el versículo 11 dice, "Pero si el espíritu de Cristo, el espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su espíritu que habita en vosotros." Mira qué interesante. ¿Por qué sé que no está hablando de la salvación? Porque Pablo dice que el espíritu ya habita en vosotros. Y Pablo dice que ese espíritu va a dar vida a vuestros cuerpos mortales. Es decir, Pablo dice que ese espíritu ya habita en vosotros y va a dar vida a vuestros cuerpos mortales. Entonces, no podemos pensar que habla de la salvación porque alguien no salvo no tendría el espíritu en él. Entonces, está hablando de un salvo, alguien que tiene al espíritu en él y en esa lucha con los resquicios de pecado, como algunos teólogos lo han llamado, el pecado remanente, esa batalla que todavía tenemos en la carne es el espíritu el que dará vida. Es el espíritu el que nos llevará a la victoria. Es el espíritu el que nos llevará a ganar batallas. Es el espíritu el que nos llegará, nos llevará a vencer en nuestra lucha contra el pecado.

Cuando Pablo va a mencionar en otra ocasión que vamos a ser llevados de gloria en gloria, ¿a qué se refiere? No se refiere de coche en coche, de casa en casa, de empresa en empresa, de millón en millón. Habla de victoria en victoria. Pero eso no habla de negocios como algunos lo usan en la iglesia. Eso no habla del examen de conducir, del examen de acceso a la universidad. Eso habla de el mayor examen que tenemos a diario, el examen contra el pecado y la victoria que por el espíritu tendremos. Oh, hermano, qué triste cuando un pecador, qué triste cuando un creyente redimido intenta vencer al pecado con sus fuerzas. ya está perdido. No podemos vencer un problema del corazón con estas débiles manos de carne. El pecado reina donde falta oración. El pecado reina donde falta ayuno. El pecado reina donde falta palabra. El pecado reina donde falta consagración. El pecado reina donde Dios está cada vez más desplazado y mi vida cada vez más amoldada a este mundo. El pecado reina donde un corazón no está rendido al espíritu. Porque la victoria sobre el pecado es una victoria que únicamente se puede tener por el espíritu, el espíritu da vida.

Y es donde Pablo lo deja claro en el versículo 12 y 13. Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne para vivir conforme a la carne. Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir. Pero si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Solo hay dos maneras de vivir. En la carne y la muerte nos espera o en el espíritu y mataremos la carne. Y ahí Pablo nos ha dado la receta. Si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, ¿cómo se vence la inmoralidad? Por el espíritu. ¿Cómo se vence el orgullo? Por el espíritu. Son obras de la carne, enemistad, disensiones, rivalidades, sectarismos, idolatrías, inmoralidades. Son obras de la carne que todavía asoman la cabeza en nosotros, que nos recuerdan a diario que caminamos a la gloria, pero no hemos llegado, que nos recuerdan que esto, esto que estamos transitando es un peregrinaje temporal y que nos espera una gloria eternal que todavía no vivimos, pero en el camino somos llamados como extranjeros y peregrinos abstenernos de las pasiones de la carne que combaten contra el alma, porque esa es la lucha que hay en ti. ¿O tú crees que tu mayor enemigo se llama Satanás? No, amado hermano, tú quieres ver a tu peor rival, levántate por la mañana, vete al espejo. No es tu mujer, no son tus hijos, no es tu jefe, no es el político que esté ahora gobernando en Chile, no es la economía ni los banqueros, no es tu infancia ni tus padres, tu peor adversario te lo encuentras cada mañana frente al espejo. Es ahí donde está la guerra, es ahí donde está la lucha. Satanás no va a romper nunca mi matrimonio. Yo sí. Eso es una realidad. Mi matrimonio no lo puede romper el Yo sí. Yo puedo romper mi matrimonio. Satanás no puede romper ninguna amistad que tenga con ningún hermano. Yo sí. O el hermano en su defecto. Satanás no puede arruinar la economía de mi casa, pero si yo soy mal administrador, sí. Si yo doy lugar a mi carne, a tomar malas decisiones, a darme una compra compulsiva, a los vicios, yo puedo arruinar mi casa, yo puedo arruinar mi matrimonio, yo puedo arruinar a un hermano, yo puedo arruinar a mi iglesia. Yo no he visto iglesias dividirse por Satanás. He visto iglesias dividirse por hombres, por hermanos sin piedad, por hermanos malvados, por hermanos orgullosos y soberbios. querer romper congregaciones a veces. Oh, Señor, el enemigo se levantó, estaba sentado. Sí, se levantó, empezó a hablar y yo no yo no descarto las asechanzas del maligno, pero no voy a quitar la responsabilidad. Él puede poner un pensamiento aquí, pero yo decido hablar. Yo decido dar rienda suelta, yo decido cultivar eso en mi corazón. Él tiene sus saetas, él tiene sus asechanzas, él tiene sus artimañas. Pero yo tomo la decisión de ceder a ellas. Yo no voy a culpar a la serpiente de lo del Edén. Yo voy a culpar a Adán y Eva. Él hizo su trabajo y Adán y Eva tendrían que haber hecho el suyo, no ceder. El ejemplo es Cristo. Satanás estaba ahí insistiendo, insistiendo, insistiendo y Jesús lo decía, "Escrito está, escrito está, escrito está." Satanás insistió en José a través de la mujer de Potifar en Egipto. Acuéstate conmigo. José solo dijo, "¿Cómo podría hacer algo así? Pecar contra mi Dios. Ojalá hubiera estado José en el Edén en vez de Eva. Pero bueno, pasó lo que pasó. Por eso ahora los partos son tan dolorosos. Acuérdense y a la hora de gritar a dar a luz, digan, "Eva, ¿por qué? Pero la realidad es que nosotros cargamos un adversario en nuestro propio corazón. Un adversario que no se puede vencer con terapia, un adversario que no se puede vencer con fuerzas humanas. Un adversario que no se puede vencer con nuestras manos, un adversario que solo se puede vencer por el espíritu.

Solo podemos hacer morir las obras de la carne por el espíritu. El apóstol Pablo a los Gálatas también dice una cosa interesante. Dice que la carne y y el espíritu combaten entre sí y dice, "De manera que no podéis hacer lo que queréis." Es es un combate constante, es una guerra constante, es y y todo pasa en un instante. Imagínate tener un momento tenso en el trabajo, un momento tenso en casa y en ese instante en que tu carne quiere contestar, alzar la voz, protestar, decir algo feo a tu esposo, a tu esposa, a tus hijos, es un instante el combate. Y es ahí donde tu espíritu debe brotar, donde tu lucha espiritual debe brotar para frenar ese impulso de tu carne y vencer. Pero la mayoría de veces no lo hacemos. La mayoría de veces damos rienda suelta a los impulsos, rienda suelta al corazón, rienda suelta y volvemos a pedir perdón. Y volvemos a pedir perdón y decimos otra vez, "No lo haré más. No hablaré más así. No diré nada más de un hermano. No volveré a ver ese vídeo." Y volvemos a intentarlo como portándonos bien. Lo voy a intentar, me voy a controlar. Voy a hacer eso nunca más. Voy a intentar no ver eso nunca más voy a intentar. No se puede con la carne y buenas intenciones vencer lo que la Biblia dice que solo puedo mortificar por medio del Espíritu Santo.

Hermano amado, Dios quiere que seas santo y por eso el Espíritu Santo habita en ti. Porque si Dios solo te hubiera dado un manual de instrucciones para la santidad, no podías. Pero él dijo, "Yo quitaré el corazón de pientra, yo pondré un corazón de carne y yo les daré mi espíritu." ¿Para qué? Para que sean santos. Pero ahí lo dice de otra manera. Para que anden en mis caminos, para que guarden mis ordenanzas, para que guarden mis estatutos. Porque si no tienen al Espíritu Santo, no podrán, porque esa lucha es una lucha espiritual. A mí me resulta complicado ver a creyentes pidiendo a mundanos que vivan como creyentes. No pueden vencer esa batalla. No puedes enseñar a un mundano a vivir como un cristiano. Es una batalla perdida. lo va a intentar, quizás va a intentar portarse bien, pero va a caer nuevamente. Él es un esclavo. Lo que yo no entiendo es que alguien diga ser creyente y me diga, "Pero sigo atado a esta práctica." Digo, "No, o tú mientes o Jesús miente." Y creo que Jesús no miente. Y Jesús dice, "Si el Hijo os libertare, verdaderamente seréis libres." No me vengas con el mensaje de soy cristiano, pero tengo una atadura a la inmoralidad. No, en Cristo hay libertad. Donde está el Espíritu de Dios, ahí hay libertad. Y no era para danzar, como decía la canción, era para vencer el pecado, era para resistir las tentaciones, para huir de ellas, para no caer en los impulsos de la carne, sometiendo nuestra vida cada día más al dominio y guía del Espíritu Santo que nos ha sido concedido para que en este proceso de santificación nosotros participemos también. Él va a obrar, pero nosotros somos responsables. Mira cómo lo dice Pablo. Déjame leerte dos pasajes rápidamente. Primera de Corintios, capítulo 9, versículo 26 y 27. Pablo dice, "Por tanto, yo de esta

Manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo." Y yo no sé si aquí tienen de esto. En España se estila mucho en el sur, en Andalucía, la Semana Santa y salen algunos hombres así como pa digo, "¿Qué pena hace de no haber entendido bien a Pablo?" Porque lo sacan de aquí y van así como Pablo dijo, "Yo golpeo mi cuerpo." Digo, "Pobrecitos, pobrecitos." Y salen de darse los latigazos a traicionar a la mujer. Pobrecitos. No entendieron nada. No entendieron nada.

Pablo no se está dando golpes, literalmente, ni se está flagelando, ni se está poniendo cosas como un símbolo de penitencia. Cuando Pablo dice, "Sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo." No sea que, y esto me asusta mucho, no sea que habiendo predicado yo a otros, yo mismo sea descalificado. Y ahí me acuerdo del púlpito. Uno puede perderse tranquilamente. Pero mira lo que dice: "Golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo." Porque ahora Pablo ha entendido: antes yo era esclavo del pecado, pero ahora yo en Cristo y por el espíritu puedo hacer mi cuerpo esclavo mío. Antes yo le tenía que decir a la gente, "Lo siento, no puedo cambiar eso. Soy así, es mi carácter." Pero ahora por el espíritu puedo someter mi cuerpo al Señor. Puedo someter mi cuerpo a la voluntad de Dios. ¿Cómo? Golpeando mi cuerpo. ¿Cómo? Rindiendo mi cuerpo en esclavitud a mí. Ahora ya no me domina. Ahora yo puedo someter mi cuerpo a mi voluntad en Cristo.

Y es ahí donde entra una palabra que se ha perdido en esta generación. En Primera de Timoteo, capítulo 4 y el versículo 7, Pablo le dice a Timoteo: "Más bien, disciplínate a ti mismo para la piedad." Pablo dice: "Disciplínate para la piedad." Y cuando Pablo habla de golpear su cuerpo y hacerlo su esclavo, eso es disciplina. Y hermano amado, yo no sé cómo está Chile, pero en España la palabra disciplina no existe ya. Si un niño se hace la cama, ya eso es como un milagro. La gente es desordenada, vive de una manera y a la que uno es ordenado. Es muy sistemático. Ahora todo el mundo es sistemático, no es muy cuad. No me gusta que las cosas hagan con orden. Es que tiene porque vivimos ya dados al caos porque es lo que esta generación quiere. Quiere desorden, quiere que va, ¿qué te apetece hacer hoy? Hoy no quiero ir al trabajo, no vayas. Hoy no quiero ir a la escuela, no vayas. Hoy no me apetece orar, no vayas.

Yo cuando veo un hermano que le digo, "Hermano, ¿qué pasó el domingo? No lo vi, pastor." "No estaba bien." Y yo tampoco. Pero, ¿qué pasó? "No, que no estaba bien." Ya. Y yo tampoco. Pero, ¿por qué no fuiste al culto? "Pues por eso." Digo, "¿Cómo?" "Por eso te atropelló un camión." No, no. "Estaba triste y no me apetecía." Ahora ese hermano un mes después te llama: "Pastor, ¿puede venir a casa que estoy mal? A ver si puedo orar por mí." Claro, hermano, voy. ¿Qué día? "Próximo lunes, pastor." Vale, ahí llega el lunes, te llama a las 10 de la noche. "Pastor, no vino." "Es que no estaba bien." ¿Cómo? "No, es que no estaba bien. Me puse triste por el camino." Dije, "No, voy." Ah, pero pastor, habíamos hecho un compromiso. ¿Y tú con el Señor? ¿Por qué yo tengo tanta exigencia? Es como cuando un hermano me dice: "El pastor, imagínate que el pastor viene un domingo, sí, al día siguiente llega al culto, llegan, no aparece y el pastor, no sé si el pastor tomara esa actitud. ¿Por qué los miembros pueden tomarse esa licencia y el pastor tiene la obligación de estar siempre? ¿Acaso es su muchacha, su empleada, su tiene que estar al servicio ustedes? Es un creyente más yendo a adorar al Señor solo con una participación diferente en el culto, que es predicar la palabra. Pero ustedes tienen la misma responsabilidad de adorar a Dios que él ese día. ¿Por qué al pastor se le dice, "Tú no puedes faltar? ¿Cómo que el pastor no viene esta semana este?" Y ustedes faltan cuando quieren porque no han entendido que ustedes no vienen a consumir, vienen a adorar. Y es una responsabilidad, pero la palabra responsabilidad cae pesada.

No, no. ¿Para qué te casas? Para ser feliz. Va a durar muy poco ese matrimonio. ¿Cómo que va a durar muy poco? Es la cuna de la felicidad. Yo estoy amargado, soltero. Pues vas a amargarte casado. Es que no va así. Oh, pastor, creo que nos falta algo en. ¿Cómo que os falta algo? Sí, en nuestro matrimonio falta algo. Estamos tristes, quizás pensamos en tener un hijo para tener alegría. No, hombre, cómprate un perro. No, porque al menos cuando te cansas lo dejas fuera con un comedero y agua. Pero ya es que esa es la vida que se ha vuelto. Mira, un hijo es un regalo de Dios, pero muy cargado de responsabilidades. Una iglesia es un regalo de Dios cargada de responsabilidades. Un matrimonio es un regalo de Dios lleno de trabajo. Hermano amado, te casas para servir, vas a la iglesia para servir, tienes hijos para servir. Tu vida es ser siervo. Y un siervo no puede estar contando cada semana que hoy está triste, hoy abatido, hoy nervioso, hoy atribulado. Se pone a trabajar y punto. Eso se llama madurar, se llama dejar de ser niños, se llama ir al supermercado y cuando el niño dice, "Papá, quiero un helado." "Hijo, vamos a comer ahora." Esos son responsabilidades. Los niños son: "Ahora quiero helado, ahora no quiero helado. Vamos a comer, no me apetece. Cómete eso, no lo quiero." Eso son niños. Y no puede ser que con 40 años, 30 años vivamos nuestra fe como niños en base a cómo me siento. ¿Ost? No me apeteció. ¿Leíste la Biblia? Estoy desanimado. Hermano, no es así la vida. Así sigues año tras año cayendo en los mismos pecados. No cambia tu carácter. El orgullo sigue fuerte, el chisme presente. ¿Por qué? Porque en lugar de disciplinarnos para la piedad, esperamos así que Dios un día haga la obra, porque Dios me cambiará. Porque él prometió que el que empezó la buena obra la perfeccionará. Llevas 20 años así, ¿no será que no empezó? ¿No será que igual esa obra no ha empezado y ya toca darse cuenta que hay que nacer de nuevo? Porque el que salva pone en ti el deseo de luchar contra eso y te ha dado armas.

Hay un libro muy bonito para mí, muy práctico, que todo creyente que quiera entender más sobre esto le recomiendo. Se titula "Disciplinas espirituales para la vida cristiana". El autor es Donald Whney. Yo les recomiendo de verdad la lectura de ese libro. Hermanos amados, el Espíritu Santo va a obrar una obra de santificación en nosotros, porque Dios salva y santifica y da a su espíritu para eso, pero al mismo tiempo nos exige responsabilidad en el camino. ¿Cuánto estás orando cada día? Nos encanta leer a Expursion, nos encanta leer a Jonathan Edwards, nos encanta leer a los puritanos, pero cuando ellos hablan de sus oraciones no bajaban de 2 horas, de 3 horas. Nosotros a los 15 minutos ya miramos el reloj como me quedé sin palabras, no sé qué hacer. Bostezo, se me hace largo. Nos queremos los sermones de 40 minutos que me viene gente técnica y me dice, "No, porque los médicos dicen que a partir del minuto 35 la gente ya no retiene nada." Digo, pues diré lo más importante, los primeros 35 minutos y los otros pues relleno, pero yo no voy a bajar la. Yo 35 minutos es la introducción. Yo yo y qué más, si mañana los médicos me dicen que solo retienen 20, lo bajamos a 20. Pero la película que ves en Netflix dura 2 horas y ves cuatro seguidas y no parpadeas y ni vas al baño y aquí has ido cuatro veces a por agua, tres al servicio, ¿eh? O sea, no se trata de otra cosa que lo que te dije al principio. Se trata de amores y no amas tanto a Dios. Quizá hay que volver a ese primer amor.

Me hace gracia que cuando uno dice que madura en la fe, empieza a decir: "Pastor, ¿y se puede esta música y se puede hacer esto y se puede usar esta ropa y se puede beber aquello?" Y yo digo, "Qué casualidad, cuando conociste al Señor querías tirar todo por la ventana, solo querías escuchar alabanzas, ni te preocupabas de si esa música se podía o no, porque querías Cristo todo el día. Biblia, te leíste la Biblia en en dos semanas enteras. Te veías siete prédicas al día, alabanzas 24 horas, solo hablabas de Jesús y ahora quieres ver hasta dónde puedes seguir llegando de lo de antes. Vuelve a ese primer amor. Vuelve a ese primer amor." Yo a veces siento, y no sé si esto sea cierto, una santa envidia de los que se acaban de convertir en nuestra congregación, porque digo, "Oh, Señor, yo estuve así." No sabe teología, no sabe de las doctrinas de la gracia. Le dices, "Oye, ¿tú arminiano o calvinista?" Me dice, "¿Quién es esa gente?" Pero llegas y te dice: "Hermano, oremos, hermano, ¿viste? Me leí todo este capítulo, todo este libro de la Biblia ayer en 10 minutos. Fuerte lo que dice el Señor." Ya, pero eres dispensacionalista o a milenial. ¿Cómo ese es eso está? No he leído es en qué versículo estaba eso. Y y nosotros nos hemos perdido en otras cosas, nos hemos vuelto ganadores de debates teológicos, grandes peleadores de la ortodoxia y la buena doctrina, mientras tenemos a cuatro personas que lo único que saben es que antes estaba ciego y ahora veo, pero aman a Dios con locura y dices tú, yo no sé si voy a empezar a orar más y leer menos, porque yo casi que empiezo a querer volver a estar así. Yo estoy a favor de la buena doctrina, pero sin perder aquello, porque si no la vida cristiana se empieza a volver un tanto insípida, empieza a volverse ese ingusto. Y antes era un deleite. Había culto, voy, vigilia, voy, hay que fregar, yo frego, hay que Y ahora ya veré si me apetece. Eso sí, me leo a los puritanos. Una cosa sin la otra, no. Funciona.

Wayne Gruden dijo en una ocasión: "El papel que desempeñamos en la santificación es a la vez pasivo, en el que dependemos de Dios para que nos santifique y activo en el que nos esforzamos para obedecer a Dios y tomar medidas que aumentarán nuestra santificación." Hermano amado, eres llamado a ser responsable de tu santidad y esa responsabilidad va a reflejar si realmente amas a Dios sobre todas las cosas. Porque cuando ames a Dios sobre todas las cosas, vas a desear agradar a Dios en todas las cosas y lo que Dios más aborrece se llama pecado. Entonces, empezará una lucha feroz en tu vida para no pecar contra Dios. Y la evidencia será que tu vida ahora será guiada por el espíritu. Porque así acababa nuestro pasaje en el versículo 14: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios." Pero, hermano amado, si hoy de alguna manera el Señor en ti despierta ese deseo de quiero volver a eso, quiero porque es algo que yo no puedo hacer. Soy como aquel profeta que leímos. Yo solo puedo hablar y esperar que el espíritu traiga convencimiento de que a lo mejor has venido aquí no aprender teología dos días, sino a volver a despertar tu fe y llevarla al primer amor y decirte simplemente algo tan básico como: "¿Hace cuánto no oras más de una hora? ¿Hace cuánto no vives sumergido en Jesús entre alabanzas y palabra?" A lo mejor era ese propósito por el cual Dios te trajo a este lugar, recordar cosas fundamentales de la palabra, pero no quiero que salgas por esa puerta diciendo, "Yo lo voy a hacer. Yo voy a hacerlo con mis fuerzas. Yo ahora voy a cambiar. Yo ahora voy a orar. Yo ahora yo, yo no, no." Recuerda que Jesús dijo en Juan 15: "Yo soy la vid. Vosotros, los pámpanos, alejados de mí, nada podéis hacer." Corre a Cristo. Al mismo que corriste para ser salvo, corre para ser santo, porque solo en él hay salvación y solo en él hay fruto. Solo en él, por el espíritu haremos morir las obras de la carne. Pero eso está claro. Si estás en él, eres libre y puedes vencer las obras de la carne. Sé responsable, sé disciplinado. Abrázate a la vid que es Cristo y da fruto para la gloria de Dios.

Oremos. Señor, te damos gracias por tu palabra que un día más nos desafía, que un día más nos recuerda la importancia de volver, de volver a esas sendas antiguas, de volver a ese fundamento que un día dejamos atrás, esa vida sencilla donde solamente queríamos leer Biblia y orar y cantar y congregar. Ahora hemos madurado, hemos aprendido mucha teología y está bien, Señor, tenemos que escudriñar y tenemos que estudiar y tenemos que que aprender más de tu palabra, pero sin perder nuestro amor, nuestra oración, nuestra comunión, nuestra relación. Señor, haznos amarra, escudriñar tu palabra, crecer en conocimiento, pero también, como dice la escritura, en gracia a la imagen de Cristo. Haznos apasionados por tu palabra y apasionados por tu presencia, apasionados por ti y no buscar simplemente libros saber de ti, sino también andar contigo, caminar contigo y cada día rendirnos más al espíritu para que seamos guiados por el espíritu de Dios. Ayúdanos porque somos débiles. Y a veces tu palabra llega a nuestros corazones y día como hoy nos despierta y dice, "Levántate otra vez." Pero Señor, no tenemos fuerzas, pero tú sí. Y en ti, por tu espíritu buscamos el socorro para vivir esa vida que te dé la gloria. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.