📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Evangelio Domingo 27 de Abril 2025 - Juan 20,19 - 31 - padre Carlos Rosell - Divina Misericordia

Todo es gracia de Dios , humildad y Misericordia 22:01

Transcription

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo, "Paz a vosotros." Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado, y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió, "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo, "Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

Tomás, uno de los 12, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían, "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó, "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."

A los 8 días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo, "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás, "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás, "Señor mío y Dios mío." Jesús le dijo, "Porque me has visto, has creído. Dichosos los que crean sin haber visto."

Muchos otros signos que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Siéntense un momentito, queridos hermanos. Algunas hermanas aquí presentes son profesoras. Y no sé si les pasa lo que me pase a mí, que también soy profesor, cuando llega la época de exámenes, ¿qué es lo que piden los alumnos? Misericordia. Dicen, "Padre, acuérdese de Éxodo 34:6. Dios es lento a la ira y rico en misericordia." Todos queremos misericordia. Hoy es el domingo de la Divina Misericordia y el evangelio trae seis gestos misericordiosos de Jesús que quisiera brevemente con ustedes meditar. ¿Cuántos gestos? Seis.

El primer gesto misericordioso es que Jesús resucitado se aparece en medio de sus apóstoles. ¿Cómo se aparece Jesús resucitado? En medio de sus apóstoles. Es decir, Jesús se aparece como cercano. Nadie está tan cerca de nosotros como Jesús. Él está siempre a nuestro lado, en medio de nosotros. Y con Jesús siempre puedo conversar, siempre puedo dialogar. Jesús, el Señor de la Divina Misericordia, nunca se va de nuestro lado y aunque hayamos cometido el peor pecado, él está ahí en medio de nosotros. San Agustín lo va a decir de una manera muy bonita: "Nadie está tan lejos de Dios como el pecador, pero nadie está tan cerca del pecador como Dios." Ese Dios que se hace hombre por nosotros y se llama Jesucristo, el Señor de la divina misericordia.

El segundo gesto misericordioso viene a ser que Jesús, que se aparece en medio de los apóstoles, lo primero que les dice es la paz con ustedes. Yo les recomiendo que lean el diario de Santa Faustina. En el número 300 del diario de Santa Faustina, Jesús le dice a Santa Faustina y nos dice a nosotros, "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a mi misericordia." Jesús trae la paz, pero hay que recibir a Jesús en nuestra vida. Y hay que acoger la misericordia que brota del corazón de Jesús. ¿Quieres que haya paz en tu matrimonio? Que en tu matrimonio lo primero sea Jesús. ¿Quieres que haya paz en tu familia? Que lo primero en tu familia sea Jesús. Solamente habrá paz en nuestro corazón, en nuestra casa, en nuestra familia, si colocamos a Jesús en el primer lugar. Jesús, el Señor de la Divina Misericordia, es el único que trae paz.

Tercer gesto misericordioso. Jesús se aparece en medio de los apóstoles, les da la paz y luego, ¿qué les muestra a los apóstoles? Sus manos y sus pies. ¿Por qué? Porque Jesús está señalando el valor de la cruz. Las huellas de la cruz se han quedado en la humanidad santísima, en la humanidad gloriosa de Cristo resucitado. La cruz nos enseña hasta dónde llega el amor de Dios, el amor misericordioso de Dios. La cruz, hermanos, no pasa de moda. Si queremos participar de la gloria de la resurrección, antes hay que pasar por la cruz. Y además Jesús nos muestra sus manos y sus pies donde están las huellas de los clavos para decirnos, "Entrégame tus cruces, porque si tú no me entregas tus cruces, ¿quién aguanta?" Jesús, el Señor de la Divina Misericordia, quiere que le entreguemos nuestras cruces, nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestras frustraciones, nuestras miserias. Hermanos, hay que poner nuestras cruces en la cruz redentora de Cristo y el Señor de la Divina Misericordia nos ayudará a caminar con paz, a no ir agobiados por la vida, porque él es quien ha llevado la cruz con mayúsculas.

Siguiente gesto misericordioso. ¿En qué número estamos? Vamos con el cuarto gesto misericordioso. Jesús envía a sus apóstoles, les dice, "Como el Padre me ha enviado, así yo los envío." Jesús tiene misericordia de nosotros y cuenta con nosotros. El Señor nos ha enviado para comunicar la buena noticia. Cada uno de nosotros tiene una misión: llevar el amor misericordioso de Dios a los lugares donde nos encontramos, comenzando por nuestra casa. Hoy en la primera lectura aparecen los apóstoles llevando el amor misericordioso de Dios. Y fíjense qué bonito, los apóstoles ya están evangelizando. ¿Y qué hacía la gente cuando pasaba Pedro? Lo hemos escuchado en la primera lectura. ¿Qué hacía la gente? Sacaba sus enfermos. ¿Para qué? Para que tomaran sol. Porque querían que la sombra de Pedro les cubriese. Pero no era Pedro el que sanaba. ¿Quién es el que sana? Jesús. Lo que pasa es que Pedro ya acogió a Cristo en su vida. Pedro tiene en su corazón a Cristo, el Señor de la divina misericordia, y por eso pasa haciendo el bien. Si tú acoges en tu vida a Cristo, vas a pasar haciendo el bien, mucho bien. El Señor nos ha enviado a todos nosotros para difundir su amor misericordioso, que es lo que cambia el mundo. San Juan Pablo II instituyó la fiesta de la Divina Misericordia y dijo que el límite al mal es la divina misericordia. La misericordia de Dios es más que todos los pecados de la humanidad, pero hay que acoger esa misericordia en nuestra vida.

Siguiente gesto. ¿En qué número estamos? ¿Qué número? Quinto. Quinto gesto misericordioso. Jesús, ¿qué hace? Sopla, da el Espíritu Santo a los apóstoles para que perdone los pecados. Jesús resucitado sopla y dice, "Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados les quedan perdonados. A quienes se los retengan, les quedan retenidos." Jesús, podemos decir, está instituyendo el sacramento de la confesión. La confesión es el sacramento de la misericordia. El Papa Francisco, que en paz descanse, nos decía de una manera muy bonita, "El confesionario no es un lugar de torturas. El confesionario es el ámbito donde experimentamos la infinita misericordia de Dios." Queridos hermanos, valoremos el sacramento de la confesión. Sabemos que si hemos cometido pecados graves, que se llaman también mortales, hay que confesarse porque tenemos que recibir la Eucaristía en gracia, no en pecado mortal. Y si no hay pecados mortales, no es necesario que te confieses todos los días. Pero sí la iglesia nos recomienda la confesión frecuente. La confesión es el sacramento de la divina misericordia.

Y termino con el último gesto, el más conmovedor. En la primera aparición, ¿quién faltaba? Tomás. Y cuando sus compañeros le dicen, "El Señor se nos ha parecido." Él no creyó. Es el apóstol incrédulo. Tengo que ver para creer. Pero Jesús se vuelve a aparecer y ese es el sexto gesto misericordioso. Jesús sana la incredulidad de Tomás. Fíjense cómo es de misericordioso Jesús, que lo primero que hace es llamar a Tomás. "Tomás, ven, mira mis manos, mira mis pies, trae tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente." Y en ese momento Jesús sanó la incredulidad de Tomás. Y Tomás va a decir, "La jaculatoria más bonita que hay en toda la Biblia: Señor mío y Dios mío." Tomás fue sanado por la divina misericordia.

Queridos hermanos, pensemos en qué aspectos de nuestra vida necesitamos ser sanados por la infinita misericordia de Dios. Cada uno de nosotros que detecte qué es lo que en mi vida necesita ser sanado por Jesús. Quizás te falta confiar más en el Señor, quizás te falta entregarte más al Señor, quizás te falta perdonar a esa persona que no has perdonado. Quizás te falta ser una persona más solidaria. Quizás te falta cortar con ocasiones de pecado porque constantemente caes en lo mismo. Que cada uno vea en qué necesita ser sanado, que abra su corazón a la divina misericordia y que reciba la sanación. Pidámosle hoy a la Virgen María, nuestra madre, madre de misericordia, que nos ayude a tomar conciencia que todos los días Jesús tiene gestos misericordiosos con nosotros y que viva el Señor de la Divina Misericordia.

[Aplausos]

Danos la paz. Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. El cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna. Amén. La sangre de Cristo me guarde para la vida eterna. Amén.

"Trae tu mano y métela en el agujero de los clavos y no seas incrédulo, sino creyente." Aleluya.

Vamos a dar la comunión. Recordemos que para recibir la Eucaristía debemos estar en gracia de Dios, no tener conciencia de pecados graves, saber a quién se va a recibir en la Eucaristía, hasta el mismo Jesús nuestro Señor, y haber guardado el ayuno eucarístico, no haber comido ni bebido nada una hora antes de la comunión, salvo agua o medicinas. Quienes están debidamente preparados hacen dos filas por el medio, también por los costados. Los demás hermanos se sientan, rezan en silencio, acompañan con el canto.

Queridos hermanos, hoy es el domingo de la Divina Misericordia. Jesús le prometió a Santa Faustina que hoy iba a derramar abundantes gracias del cielo. Acojamos esas gracias. El evangelio trae seis gestos misericordiosos de Jesús. En primer lugar, Jesús se aparece en medio de los apóstoles. Él está acá, en medio de nosotros. No hay nadie que esté más cerca de nosotros como Jesús. Eso que se te mete en la cabeza: a tu lado está Jesucristo y aunque hayas cometido el peor pecado, él está ahí con los brazos abiertos.

Segundo gesto misericordioso: Jesús da la paz. Dice el número 300 del diario: "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la divina misericordia." Queremos paz, acojamos a Cristo en nuestra vida.

Tercer gesto misericordioso: Jesús muestra las manos y los pies para decirnos que la cruz no ha pasado de moda. Todos tenemos cruces. Pongamos esas cruces en la cruz de Cristo, la única cruz que salva.

Cuarto gesto misericordioso: Jesús envía a sus apóstoles. Nos envía. "Como el Padre me ha enviado, así yo los envío." Y como Pedro, que aparece en la primera lectura, hay que pasar haciendo el bien, comunicando el amor misericordioso de Dios. Mucha gente no se ha enterado que Cristo está vivo. Para que se enteren, estás tú y estoy yo.

Siguiente gesto misericordioso: Jesús sopla y da el Espíritu Santo a los apóstoles. ¿Para qué? Para que perdonen los pecados. La confesión la han inventado los curas. ¿Quién ha instituido la confesión? Jesús. Valoremos el sacramento de la confesión. Ese sacramento de la misericordia, donde se achicharan nuestros pecados, donde Jesús misericordioso no se cansa de perdonar. Como decía el Papa Francisco, que en paz descanse: "Dios no se cansa de perdonar." ¿Quieres comprobarlo? Acércate a la confesión.

Y el último gesto misericordioso: ¿Quién la estaba pasando mal? ¿Quién estaba triste porque no creía que Cristo había resucitado? ¿Y qué hace Jesús? ¿Lo deja ahí o lo sana? Jesús sanó la incredulidad de Tomás. Todos necesitamos sanación. Descubre en tu vida lo que necesitas ser sanado por Jesús y entrégaselo a Jesús.

Santa Faustina, en el número 40 del diario, dice: "María me ha enseñado a amar a Dios. María me ha enseñado a hacer la voluntad de Dios." Que la Virgen nos ayude a todos a descubrir los gestos misericordiosos de Jesús en nuestras vidas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.

Uno.

Vamos a dar ahora la bendición. El Señor esté con ustedes. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén. Con la alegría de saber que la misericordia que brota del corazón de Jesús es infinita. Pueden ir en paz. Gracias a Dios. Que tengan un bonito domingo, buen almuerzo en familia, una bonita semana y que viva el Señor de la Divina Misericordia.

[Aplausos]