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[Música] [Aplausos]
Esto que tengo aquí es una de las cosas que más valoramos todos: el tiempo. Nadie lo quiere perder. Todos queremos sacarle el máximo provecho a nuestro tiempo y esto nos lleva a tener vidas vertiginosas, más intensas de las que probablemente nos gustaría tener. Y es que hoy en día, no hacer nada es un lujo que nos cuesta permitirnos.
Es normal. La sociedad y la cultura nos empujan a esto. ¿Cuántas veces hemos escuchado la frase "el tiempo es dinero", "el tiempo es oro", "no pierdas el tiempo"? Cogemos nuestras agendas y parecen Tetris. Priorizamos por horas: ¿dónde estaremos? ¿Cómo podemos completar el máximo de cosas posibles en un día? Por supuesto, en esa agenda no hay un tiempo para parar. Por supuesto que no.
Si tenéis niños o niñas, os pasará igual. Tenemos tendencia a ponerles muchas actividades extraescolares, no sea caso que el chaval se quede en casa sin hacer nada. No tenemos bestsellers de productividad de todos los colores: "El club de las 5 de la madrugada", "El club de las 6 de la madrugada", "El club de las 7 de la madrugada". Y, por supuesto, el gran pecado: procrastinar. Aquí no se procrastina de ninguna manera.
Y esta realidad tiene unas consecuencias. Gente que por exceso de trabajo, por estrés, por no saber parar, acaba literalmente enferma y el cuerpo le hace parar, quiera o no. Muchas personas que tienen problemas para dormir y dormir bien y tienen que utilizar psicofármacos. Si no, les cuesta mucho. Conflictos que por no haber contado hasta tres hemos generado o hemos entrado. De hecho, personas muy relevantes. Os pondré un ejemplo, pero hay muchos ejemplos. Bill Gates es uno de ellos. Paran literalmente su vida. En el caso de Bill Gates, dos semanas para, según dice él, no hacer nada. Irse, sobre todo, aunque no siempre, allí, pero muchas veces a la isla, a las Islas Palau. Le encanta todo esto.
¿Qué para muchos es inevitable? ¿Qué consecuencias tiene en nuestras relaciones sociales, tanto a nivel personal como profesional? Mirad, muchos de vosotros, igual me conocéis. Yo he presentado otros TED Talks. Soy maestro de ceremonias, soy coach de oratoria, he trabajado media vida en la radio y en la televisión. Lo mío son las palabras, las palabras y las palabras. Pero hoy, precisamente, os vengo a hablar de todo lo contrario. Os vengo a hablar de una habilidad que, si sois capaces de utilizar, porque la tenéis y todos utilizáis con consciencia, os ayudará a transformar vuestra comunicación y, gracias a eso, tener relaciones sociales con vuestro entorno brutales como nunca las habéis tenido.
Y esta habilidad que todos y todas tenéis es la capacidad de estar callados, de hacer pausas, de poner silencios en vuestras interacciones comunicativas. Venid conmigo. Pensad, ¿no os ha pasado alguna vez que vosotros quedáis con alguien porque necesitáis vaciar, solo hablar y que os escuchen? No necesitáis ninguna opinión ni ninguna explicación por la otra parte, solo ser escuchados como personas. Y la otra persona, con la mejor de las intenciones, ¿qué hace? Muchas veces sostiene el silencio hasta donde puede, pero tiene tendencia a interrumpir para sumar. Pero, ¿sabes qué pasa? Que que os interrumpan es más bien desagradable. La sensación que tienes cuando alguien te interrumpe es que lo que va a decir es más importante de lo que tú estás diciendo y, probablemente, que no te está escuchando al 100% porque también está pensando en qué te va a decir. De hecho, en eso las mujeres, porque hay estudios sobre eso sobre la interrupción a las mujeres, podríais hacer muchos TED Talks sobre esto.
Segunda situación. Yo le llamo "bodas, bautizos y comuniones". Es un clásico. Pensad una boda, por ejemplo. Mesa redonda, mantel blanco, todo bien puesto. Nos sentamos en la mesa. En general, puedes conocer más o menos a las personas, pero no tienes mucha intimidad en general con estas personas. Y, por lo tanto, suele haber algún perfil ahí en esa mesa que, como se siente incómodo con los silencios, ¿qué hace? Pues saca un tema. Esa persona lo estira como un chicle que no tiene tanto jugo, pero ahí está, dándole vueltas para que no haya una pausa. Cuando llegan los platos y la gente ya desesperada porque solemos tener hambre, sole tardar. Esto se pone la cuchara en la boca y esa persona, como hoy en silencio, dice algo así como: "Había hambre, ¿eh?". O "Ay, ha pasado un ángel". No sea caso que el silencio le incomode demasiado. Es la típica persona que, en general, siempre tiene una experiencia para compartir, o le ha pasado a él, o le ha pasado a un amigo, o lo ha leído en algún lugar. Es esa persona que tiende a decir tonterías para poder reír, aunque sea un poco forzado, y así poder ocupar ese espacio que le corresponde al silencio. Es esa persona que, queriendo o no queriendo, en general acaba metiendo la pata.
¿Qué bien se está en silencio con alguien, verdad? Una tercera situación que, si alguien la ha vivido, seguro que la va a recordar. ¿Habéis negociado alguna vez con alguien que sabe sostener el silencio? Cuando tú estás en negociaciones con alguien que sabe estar callado, eso genera mucha incomodidad y hace que la persona que le cuesta más estar en silencio acabe contando más cosas de las que de las que querría. Y que esa persona que está negociando acabe decantando decisiones más a su favor. Si es inteligente, le da una gran ventaja competitiva.
Así que, si somos conscientes todos de hasta qué punto el silencio nos ayuda en nuestras interacciones comunicativas, en negociaciones, en presentaciones como estas, en charlas normales y corrientes con cualquier persona y en cualquier ámbito, ¿por qué nos cuesta tanto sostener las pausas, estar callados? La explicación la encontramos en nuestro cerebro. Nuestra parte irracional, el cerebro instintivo, cuando se siente incómodo, amenazado, ansioso por una situación, tiene tres reacciones posibles para sobrevivir, porque su objetivo principal es que tú sobrevivas. Esa es su función principal como cerebro instintivo. Y estas reacciones son: lucha. Podemos confrontarnos con esa situación de amenaza. Podemos huir. O podemos quedarnos congelados, intentar desaparecer para que no nos vea ni la situación de amenaza o de incomodidad.
Lo detectar muy fácil en una situación comunicativa cuando, por ejemplo, estáis teniendo un intercambio de opiniones cuando la otra persona es poco constructiva, intenta tener la razón, intenta imponer sus argumentos por encima de los tuyos. Suele ser una persona que está de esa manera en un modo de combate. También lo podéis ver cuando alguien le hacéis una pregunta y esa persona se lo toma como un desafío a su conocimiento, como eh una afrenta personal. Esa es la gente que cuando está incómoda está en un modo de lucha y es una reacción del cerebro instintivo para sobrevivir.
La segunda es la gente que tiende a desaparecer. Es la gente que la veréis en un grupo de amigos o bueno, cualquier situación social, y es esa persona que habla poco, que hace pocas preguntas, que si le hacen alguna pregunta contesta de un modo muy breve y que tiende a intentar no estar en el centro de la atención. O en una presentación es la persona que tiene el PowerPoint y lo que hace es irse separando del centro, hablar más poco a poco y intentar quedarse congelada, desaparecer del escenario, bajando el volumen, etcétera. Esa es una reacción que es la reacción de desaparecer.
Y finalmente, la reacción probablemente más habitual cuando comunicamos y en interacciones sociales, que se desencadena en nuestro cerebro instintivo, el de huir, volar, acabar lo antes posible con esa situación para salir del escenario. Es cuando nos aceleramos al hablar, cuando nos cuesta poner pausas, cuando en general no somos muy claros y empezamos a mezclar ideas. Queremos acabar lo antes posible. Yo no sé cuántos de aquí habéis tenido por primera vez una cita con alguien que habéis conocido especialmente en aplicaciones a nivel online, no, que quedas y esa persona realmente no la conoces. A ver, cuántos habéis tenido alguna cita online utilizando aplicaciones aquí. Levanta la mano. Vale, creo que es una cosa que nos ha pasado bastante.
Bien, en mi caso, yo cuando tengo una primera cita, me gusta llegar antes, porque así veo a la persona cómo llega, cómo anda, si mira el móvil o no, si las fotos se corresponden con la persona o no. Yo soy de este tipo. Y es verdad que cuando tienes a la persona cara a cara, el silencio incomoda mucho. Las personas que realmente les cuesta mucho sostener el silencio, ¿qué hacen? Pocas preguntas y empiezan a hablar, hablar, hablar, hablar, que al final no sabes si ha quedado contigo o ha quedado esa persona consigo misma. No está claro, pero ahí está. Y es la persona que luego llegará a casa y pensará: "La cita, la cita ha ido estupenda. Oye, ¿sabes? O sea, fluido, no ha habido silencios, la cosa funcionaba". Por cierto, eso también les pasa mucho a los vendedores, pero dejaremos ese tema al lado.
¿Qué podemos hacer entonces? Ahora que sabemos que lo que se nos desencadena ese instinto de supervivencia, ¿qué podemos hacer para ser capaces de calmarnos, de poner pausa y de poder gobernar mejor estas situaciones? Os voy a explicar, desde mi experiencia, cinco consejos que han funcionado de maravilla en aquellas personas a las que he ayudado a mejorar sus relaciones sociales y a comunicarse de un modo más eficaz.
El primer consejo. ¿Cuánto habéis tardado en tener una primera impresión sobre mí? La ciencia dice que segundos, incluso algunos dicen que menos de un segundo. Pero sea como sea, muy poquito. Y es normal. Todos tenemos una primera impresión y sacamos una pequeña conclusión que le podríamos llamar prejuicio. Y eso es inevitable. De hecho, todos somos maduros para entender que nos podemos equivocar. Pero, ¿qué es lo que pasa? Que nosotros aplicamos la presunción de inocencia en esas situaciones. O sea, yo presumo que que soy inocente en ese juicio, que lo he juzgado correctamente, que, por ejemplo, esa persona me ha parecido estúpida y es efectivamente estúpida hasta que me demuestre lo contrario. Así que, en cualquier situación de interacción comunicativa, causar una buena impresión te allana mucho el terreno. Y para conseguirlo, lo único que tienes que tener es consciencia para poner pausas al empezar esa interacción comunicativa, porque alguien que es capaz de hablar poco a poco, de ponerle pausas, transmite qué: credibilidad, seguridad, autoridad, dominio del escenario. Y eso nos da muchísimas ventajas en cualquier interacción social.
Segundo consejo. ¿Qué suele pasar cuando estamos nerviosos o nerviosas? Cuando nos cuesta gestionar ese silencio, nos cuesta ser claros, tendemos a mezclar ideas, a desviarnos, a sobreexplicarnos. Así que otra práctica muy buena para aprender a estar callados y gestionar las pausas y el silencio es poner una pausa un poco larga después de acabar cada uno de los argumentos que queremos comunicar con la gente. Si le ponemos una pausa después de cada uno de estos argumentos, la persona entenderá que hemos acabado un argumento y que empieza el siguiente. Y eso, especialmente en comunicaciones que no son presenciales, desde mensajes que puedas mandar por WhatsApp, videollamadas de WhatsApp, videoconferencias, en un terreno, si queréis más profesional, es clave, porque la gente cuando no estamos delante no suele escuchar en diagonal y tiene más tendencia a perderse. Así que es un excelente lugar para practicar el uso del silencio.
¿Sabéis? Y ese es el tercer consejo. ¿Sabéis cuál es el elemento más cotizado en nuestro mundo, en cualquier país, en cualquier sociedad? Lo que el precio, el kilo, tiene más valor. Cuesta más la atención. El precio que de atención está por las nubes. Solo tenéis que mirar las aplicaciones del teléfono móvil, los mensajes que os llegan, las notificaciones, los inputs de luz, los sonidos. Todo el mundo quiere captar nuestra atención. Así que, cuando estamos teniendo una interacción comunicativa con nuestro entorno, es uno de los objetivos principales. Y para conseguirlo, la pausa es clave. Pensad, pensad en alguna conversación que habéis tenido con alguna persona, en general mayor, suele pasar mucho más, no, un abuelo, una abuela, no sé, alguien que sea mayor que vosotros. Y nada, pues empieza diciendo cosas así como: "Mira, niño, yo, yo cuando era joven, subía a esta montaña y arriba había un árbol que hacía unos frutos rojos preciosos y me sentaba ahí cada día a contemplarlo". No ha dicho nada interesante, pero esas pausas te hacen tener la sensación de que algo interesante va a venir. Así que, por favor, cuando queráis captar la atención, mantener el interés e incluso despertar el deseo de la gente que os está escuchando, jugad con las pausas. Y es un excelente lugar para poder practicarlas.
Cuarto consejo. Cuando nos explicamos, nos interesa mucho que la gente pueda entender qué es para nosotros lo más importante. Y para que lo hagan, tenemos tendencia nosotros a ponerle adjetivos a eso, a decir: "Mira, esto que te voy a decir es superimportante, esto es clave, es que sin eso nos morimos, esto es lo más importante de todo". No hace falta que lo hagáis así. La mejor manera de subrayar las cosas, de destacar lo que es importante de lo que no lo es, es haciendo una pausa, diciendo aquello que queréis decir y hacer luego una pausa para que la gente que os escucha dijera lo que le acabáis de decir. Así subrayamos las cosas para que nuestra comunicación y nuestro entorno nos entienda bien.
Quinto consejo. Hay una cosa que es muy molesta cuando tienes interacciones comunicativas con la gente que ensucia esa comunicación y eso son las muletillas. ¿Qué son las muletillas? Eh, bueno, yo quería deciros, bueno, entonces, ¿se entiende? ¿Se entiende todo este ruido comunicativo que acabo de hacer? Hay muchas, eh, que lo que hace es intentar evitar el silencio. Si somos conscientes de pausar nuestra comunicación, limpiaremos con mucha facilidad todas esas muletillas que generan disrupción en nuestras interacciones sociales.
Si sois capaces de gestionar las pausas y el silencio, controlaréis la interacción comunicativa al 100%. Haréis que la persona que tenéis delante se sienta escuchada. Podréis escuchar, pensar, reflexionar y, si es necesario, dar las explicaciones mejores, más afiladas para la persona que os está que tenéis delante. Si sois capaces de controlar esas pausas, tomaréis mejores decisiones. La pausa lo gobierna todo. Y si no, pensad, es una cuestión de anatomía pura y dura. Tenemos dos orejas y una boca para escuchar el doble y hablar la mitad. Si somos capaces de estar callados, controlaremos qué decimos, cómo lo decimos y con qué objetivo lo decimos. Si somos capaces de decidir cuándo hablamos o cuándo callamos, mejoraremos de un modo brutal nuestra manera de comunicar y, con ello, la calidad de nuestras relaciones sociales.
Aprender a gestionar las pausas es una habilidad esencial para aquellas conversaciones que requieren de empatía, comprensión, escucha activa, gestión de conflictos. Aprender a gestionar las pausas es una habilidad esencial para todos aquellos que os queráis comunicar con claridad, seguridad y eficacia. El tiempo pasa inexorablemente. Todos sabemos que no lo podemos parar, pero sí podemos pararnos nosotros para que el tiempo que estemos encima de la tierra relacionándonos con otra gente nos ayude a tener una mejor comunicación, construir relaciones más sólidas y, sobre todo, que ese tiempo rodeado de los nuestros sea un tiempo de calidad.
[Música] B