Transcription
El cine es el arte de la mentira, pero nuestra misión es que sean mentiras verdaderas. Hay muchos caminos para llegar a la verdad. Y a mí me gusta la realidad. Fíjate, en árabe es muy interesante, la palabra "verdad" y "realidad" es la misma, *haq*, *haqiqa*, la realidad. Es muy interesante. Además, fíjate en el sonido de la palabra *haq*. Es decir, es como el sonido del corte de una espada. Es como *haq*. Es decir, que la verdad, o la realidad, no es una cosa intelectual, sino que es una cosa que sientes. Y como espectadores, tenemos un anhelo de verdad/realidad. Tenemos un anhelo de eso. Yo creo que nos gusta eso, nos reconforta. Y estamos cansados de la mentira, del cine, de la máscara, del maquillaje, del ruido.
Soy de los que creen que el ser humano está compuesto de esencia, a lo que muchos le llaman alma, y personalidad. Fíjate, la palabra "personalidad" viene del latín "personare", "por hacer sonar", era el nombre de la máscara. "Máscara" también es una palabra griega que quiere decir "personalidad". Era la máscara que se utilizaba en el teatro romano, también en el etrusco, en el griego, y me imagino que en muchos más... Era la máscara que permitía que el sonido del actor en el teatro llegara hasta el final de la grada. Es decir, era una especie de amplificación del ser, de la máscara, es decir, de la ficción. Es una amplificación del ego, dicho de otra manera.
Y fíjate, vivimos una sociedad que venera la personalidad, ¿no? Se dice: "Ah, tiene mucha personalidad". O: "Este artista tiene universo, tiene imaginario". Pero creo que la personalidad que envuelve la esencia, esta personalidad, no permite que se vea la esencia, no permite que el ser humano contacte con la esencia porque esta personalidad está creada de miedos, muchas veces. Es el ego, digamos. Y esta membrana que envuelve la esencia es como que crece, crece, crece, crece, y cada vez es más difícil que el ser humano recuerde su esencia. Pero, afortunadamente, la vida, en sus mecanismos preciosos, duros, pero benéficos, a través de la crisis, hace que se penetre, que se salte esta membrana o que la atraviese, y que conecte con la esencia.
Fíjate, cuando muere alguien, estamos tristes, pero al mismo tiempo hablamos con la vida. Es decir, la vida te hace estas preguntas importantes. "¿Quién eres? ¿Estás verdaderamente en el camino en el que debes estar o no?" Y yo, como cineasta, debo observar, o intento entender, para quién estoy trabajando. ¿Estoy trabajando para mi esencia, para mi verdad, o estoy trabajando para mi personalidad, para mi ego? Y, al final, hay que asumir y hay que aceptar que trabajas para los dos. Es más una cuestión de proporción.
A mí, como cineasta, me gusta mucho la realidad, me gusta la gente, me gustan todas las texturas de lo real. Cuando filmo bomberos en *O que crema*, quiero que haya un rigor, es decir, en este intercambio, ser justos y honrar a esta gente que me da su intimidad. Con los ravers, igual. Y, al final, porque creo que también estoy filmando a iguales, me gusta la gente sencilla, me gusta la gente que muestra su fragilidad, su vulnerabilidad. Porque somos así, y nos reconocemos y nos gusta. Y para mí es importante que los camiones en *Sirat* tuvieran una verdad, que hablaran de ellos, el paisaje... En fin, yo, al final... Esto no es como muy ideológico. Soy un cineasta que se deja llevar por mi instinto y por mi gusto, por el sabor.
Hay veces que me viene una imagen o estoy en una localización... Yo localizo todas mis películas, me encanta ir a los sitios. De repente este sitio me evoca imágenes, me pide volver para ser filmado. Un rostro, una persona, una fragilidad... No sé, unas líneas blancas de una carretera, como en *Sirat*... Una mujer que mira un pequeño televisor y ve gente circundando la cava... Cuando estas imágenes me acompañan, entran en mí, o imágenes que sueño, hay un gran sabor por filmarlas, como un deseo de filmarlas. Y esto creo que es honesto.